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Pepe Álvarez, secretario general de UGT.

Pepe Álvarez, secretario general de UGT.David Conde / El Debate

Entrevista - Segunda parte

Pepe Álvarez, sobre su patrimonio: «Después de toda una vida trabajando, creo que me ha dado para tener un ático»

El secretario general de UGT resta importancia a las subvenciones que recibe el sindicato y aborda su futuro

El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, rechaza que el respaldo de su sindicato al Gobierno de Pedro Sánchez esté relacionado con el aumento de las subvenciones públicas. En esta segunda parte de su entrevista con El Debate, defiende la financiación de la organización, responde a las informaciones sobre su patrimonio inmobiliario y aborda los casos de corrupción que afectan al PSOE. También anticipa cuál será la posición de UGT ante un eventual Gobierno de PP y Vox y confirma que dejará la dirección del sindicato dentro de dos años.

–¿Se puede entender el apoyo de UGT al Gobierno de Pedro Sánchez por el aumento de las subvenciones recibidas desde que llegó a Moncloa?

–Las subvenciones que recibimos los sindicatos están en el BOE y son conocidas. Los ocho millones de euros que teníamos de subvención del Gobierno de Rajoy, que había bajado de dieciséis a ocho en relación con el de Zapatero, se repartían con todas las organizaciones sindicales. La subvención para las organizaciones sindicales es el chocolate del loro. Si no fuera así, seríamos la hostia, porque quiere decir que toda esta capacidad que tenemos de movilización, la UGT la saca de los 11 millones de euros que tiene actualmente de subvención.

Por favor, no hagamos el ridículo, y seamos serios. Sé que esto da para un titular, pero hablemos del tema de la financiación en otros términos. Agradezco la pregunta, porque me da una oportunidad inmensa de que la gente que cree que vivimos del erario público, tenga la absoluta seguridad de que las organizaciones sindicales viven de las cuotas de sus afiliados de una manera mayoritaria. Tenemos en torno a 115 millones de euros de ingresos de las cuotas de nuestros afiliados, los servicios jurídicos del sindicato son otra fuente de ingresos y las cuentas son casi tan transparentes como mi patrimonio.

–El Debate publicó su patrimonio: seis fincas en Asturias y un ático dúplex en Barcelona, con un sueldo de 2.600 euros al mes.

–Hay dos cosas que me han molestado: el titular, y que se especifique quién es la persona que comparte propiedad conmigo, que no tiene nada que ver con la vida sindical, que es mi hermana. Tengo medio ático que compré hace 36 años en Barcelona. Toda mi vida trabajando, 70 años, soltero, creo que me ha dado para tener un ático, que no sé qué valor tiene y me importa un bledo, porque llevo 36 años viviendo allí. Tengo media casa en Asturias también compartida con mi hermana, que viene de mi familia. Y las parcelas no llegan a una hectárea de terreno rústico, las compré en 2018 a un familiar y me costaron 18.000 euros. Ese es mi patrimonio. Creo que hay que respetar un poco estas cuestiones.

–¿Cree que publicar el patrimonio cómo ha ocurrido con la pareja de Montse Mínguez o con el exjefe de Gabinete de Sánchez, Iván Redondo, ha sido a raíz del señalamiento del Sindicato de Inquilinas a los que llaman rentistas por tener propiedades?

–En mi caso creo que no, porque hace mucho tiempo que ronda y tampoco le he dado más importancia, porque creo que afortunadamente tengo crédito suficiente en mi organización para que la gente sepa dónde estoy, qué hago y cómo vivo. En otros casos, supongo que sí, pero también me parece un poco injusto. Si los que tienen gran patrimonio es la derecha y es legal, no pasa nada. Si es alguien de la izquierda, parece que se cae el mundo. Creo que los dirigentes sindicales lo único que tenemos son nuestras manos y nuestra mente, y es un patrimonio que tenemos que defender con uñas y dientes.

España tenía que haber mirado a Ceuta el año pasado, el anterior y hace 20 años

–Después de la tragedia de Urda, se ha dejado de lado a Ceuta. Ni se ha reforzado la frontera, sólo hay dos funcionarios tramitando expedientes y han convertido a la ciudad autónoma española en un gran CETI. ¿Ha sido negligente el Gobierno en esta crisis de Seguridad Nacional?

–España tiene que mirar a Ceuta, tenía que haberla mirado el año pasado, el anterior y hace 20 años. Ceuta y Melilla son españolas y España tiene que invertir para que tenga actividad que permita generar empleo y recursos. Hay que hablar de frontera, que es muy compleja, y de las necesidades de personal, no solo policiales, sino administrativas, de gestión. Luego hay otra parte mucho más complicada. Si miras desde arriba ves que en realidad la prisión, los que están cercados, son la gente de Ceuta y Melilla. Es evidente que la avalancha ha generado situaciones complejas y difíciles que duran mucho tiempo.

–Se les dejó abandonados, durante veintiséis días no hubo ni mando único ni se tomó ningún tipo de medida después de la invasión.

–Estoy evitando entrar en el fondo porque tengo opiniones algunas coincidentes con una parte de mi sindicato en Ceuta, y otras no tanto. No estoy de acuerdo en que se haya abandonado a nadie veintiséis días. El mando único es un instrumento de coordinación de la gestión que se estaba realizando, y la presidencia de la ciudad tenía cosas que hacer que tampoco se hicieron. Desde mi punto de vista, se ha hecho en Ceuta lo peor que se puede hacer, seguramente una falta de previsión y una politización indecente, porque cuando hay un problema de esas características hay que arrimar el hombro

Pepe Álvarez, secretario general de UGT.

Pepe Álvarez, secretario general de UGT.David Conde / El Debate

–La gente de Ceuta está en la calle, manifestándose, diciendo que se siente abandonada.

–Esas necesidades en Ceuta no son de hace cuatro días, sino de todos los gobiernos de España que no han tenido en consideración que enclaves como Ceuta y Melilla necesitan una inversión permanente del Estado. No estoy de acuerdo de que lo situemos desde hace dos meses, porque ni lo hizo Felipe González, ni Aznar, ni Zapatero, ni Rajoy, ni Pedro Sánchez. No estamos para subirnos a una ola política, sino para defender a la gente.

–¿Qué van a hacer ante un posible gobierno del Partido Popular y Vox? ¿Buscar vías de entendimiento o «quemar las calles» desde el primer día?

–Nosotros no vamos a quemar nada. ¡Qué vamos a quemar nosotros! ¡Por favor! Esta pregunta igual mejor la contestaban ellos, porque no sé si nos van a dejar muchas alternativas. En todo caso, nosotros no ponemos ni quitamos gobiernos, lo hacen los ciudadanos, y el gobierno que salga lo vamos a respetar y vamos a negociar. Si no quiere, no, pero si quiere negociar, ¡faltaría más!

–Lleva diez años al frente de UGT, ¿hasta cuándo continuará su compromiso con el sindicato?

–Tengo fecha de caducidad por dos razones. La primera, la física, tengo 70 años. Estoy mucho más tiempo de secretario general del que debería. Pero también se acaba este mandato por prescripción estatutaria.

Cuando me vaya, estaré igualmente sujeto a la dirección del sindicato; si está en la fachosfera, pues estaré en la fachosfera

–A Cándido Méndez le incluyen ahora en la fachosfera, ¿cree que en unos años le podría pasar lo mismo?

–Mi modelo es Nicolás Redondo. Ha sido un líder extraordinario, maltratado en algunos momentos. No todo son rosas. Cuando llegué a la Secretaría General, Nicolás Redondo me envió un artículo de prensa con una nota: «¿Qué te parece?». Le llamé y le dije: «¿Por qué me preguntas? ¿Yo te voy a decir a ti lo que tienes que escribir?». Y me respondió: «Mira, Pepe, o me das tu opinión o no lo voy a publicar. Soy un militante del sindicato, y estoy sujeto a la dirección». Cuando me vaya dentro de dos años, estaré igualmente sujeto a la dirección del sindicato. Si está en la fachosfera, pues estaré en la fachosfera o me callaré si no lo comparto.

–Terminó como empezamos. En las redes se extienden las críticas a los sindicatos llamándoles «comegambas» o estómagos agradecidos por las subvenciones…

–En el fondo, lo que realmente están diciendo es que los trabajadores no podemos comer gambas. Es estúpido buscar ese alimento, porque las gambas están al alcance de una parte de la sociedad, pero tiene esa connotación clasista absolutamente indecente. Ese punto de intolerancia lo llevo muy bien, es más, a mí que me gustan las camisas llamativas, si alguien sabe que me envíe camisas con muchas gambas…

–No haga usted ese llamamiento que le van a llover camisetas.

–Venga, que me lleguen camisetas con gambas, que no pasa nada. Como sé que lo hacen con ánimo de ofensa de clase.

–Pero viene de un caso de corrupción por unas subvenciones de UGT Andalucía a las que cargaron una mariscada…

–Es un tema más complejo de lo que parece.

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