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25 de febrero de 2024

Un TFG para una carrera de Humanidades tiene un precio de 700 euros

Un TFG que no supera las 40 páginas para el Grado de Enfermería se ofrece a 440 eurosPaula Andrade

Reportaje

Así se forran las empresas que venden trabajos universitarios: 440 euros por un escaso TFG de solo 37 páginas

El esfuerzo y los aprobados se mercantilizan y ya es posible, desde su aparición, sacarse el título universitario a cambio de un (alto) precio económico

Septiembre. Mes en el que muchos universitarios acuden a la convocatoria extraordinaria para presentar (y defender) sus Trabajos de Fin de Grado con la intención de acabar la carrera.
Son momentos delicados por su importancia ya que no solo se juegan el futuro académico sino laboral y que marcarán su devenir. Acaecen, además, en un contexto volátil y acelerado, donde a la antigua picaresca le ha sucedido todo un negocio floreciente en el que hay detrás auténticas estructuras empresariales.
Al antiguo perfil de estudiante avispado –y aplicado– que en el boca a boca se ofrecía para hacer los últimos ejercicios a cambio de una remuneración a todo aquel que, agobiado por la falta de tiempo, se lo pidiera, le ha sustituido una práctica que vive un ‘boom’ con decenas de empresas que han olido el negocio y ofrecer dichos servicios, operando en internet dentro de un limbo legal.

Contra la cultura del esfuerzo

Los precios, eso sí, no son ninguna ganga. El ‘privilegio’ de poder presentar un TFG sin ningún esfuerzo no es gratis, así que en caso de aceptar, hay que rascarse el bolsillo.
Para demostrarlo, decido contactar con una de las muchas empresas que ofertan estos servicios en la web para que me pasen un presupuesto por un supuesto TFG para el grado de Enfermería que no excederá de las 40 páginas. La oferta, previa valoración de los condicionantes –extensión total, idioma, interlineado y márgenes, guía docente, porcentaje de plagio admitido, plazo máximo de entrega, tema, título y objetivo y enfoque…–,es finalmente de 440 euros por 37 hojas con bibliografía incluida y otros tres anexos.
El asesor con el que me comunico me informa que esta valoración (que en realidad es el coste del servicio) «está vinculada a la redactora que los compañeros del departamento de producción han seleccionado: una profesional especializada en la materia propuesta».
Por ello, me apremia a decidirme casi inmediatamente, aunque quiera valorar la oferta. «Sería bueno decidirse en las siguientes 24 horas porque si perdemos a la colaboradora designada, la valoración caducaría y habría que repetir el proceso. A diferente colaborador, diferentes condiciones», explica.
Esta asignación de una persona especializada que hará por mí dicho TFG excluye, al menos, la sospecha de que dicho trabajo sea realizado por IA o lo que es peor, con un simple copia y pega de contenido encontrado en internet.
«Ofrecemos por contrato confidencialidad, originalidad y la transmisión de los derechos de autor», dice mi asesor, «y garantía de satisfacción. Si no apruebas, rehacemos tu trabajo».
Preguntado por las garantías que me ofrecen como empresa, me anima a trabajar con ellos: «Superarás con éxito el trámite de entregar el TFG con un respaldo de una empresa seria y con años de experiencia. Si aceptas nuestra oferta, evitarás que te engañen. Fuera es una lotería y el azar difícilmente te va a garantizar calidad, seriedad y éxito».
Esta situación no es nueva para profesores, correctores y personal docente, advertidos del fraude que supone tanto la existencia de estas empresas como otro tipo de opciones como la inteligencia artificial para sortear la cultura del mérito y del esfuerzo.

«Nos toca evolucionar como docentes y adaptarnos. En vez de trabajos a desarrollar que implicaban un proceso de búsqueda de información, análisis y síntesis por parte del alumno, hemos vuelto a los test y exámenes con tiempo limitado», comentaba uno de ellos.

«Es una vergüenza que todo se pueda comprar, incluso los aprobados», añadía otro.

«Siempre ha existido el engaño, pero la tecnología actual lo eleva a otro nivel. Lo que parece claro es que no tiene mucho sentido seguir evaluando bajo el modelo vigente», sentenciaba otro profesional.
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