Universidad por doquier
En España, hay un porcentaje de licenciados muy superior a la media de la OCDE y una notable carencia de profesionales cualificados en cursos de formación profesional. Para entendernos, nadie encuentra un fontanero pero hay un abogado en cada portal
Alrededor de 2013, la zona de colegios mayores de la Ciudad Universitaria de Madrid estaba de capa caída, y el silencio de sus noches contrastaba sobremanera con la marcha que la caracterizaba durante los años 80 y 90. Ahora, por el contrario, en la zona, a todas horas, se puede observar a multitud de jóvenes de media España que caminan entre las obligaciones académicas y el ocio deportivo y/o nocturno.
Hace unos días en estas mismas páginas se publicó la noticia «Denuncian que miles de jóvenes brillantes se han quedado sin plaza en la carrera que querían estudiar», en la que se contaba que la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas había advertido de este fenómeno que, de muchas maneras, se relaciona con el renacer de muchas zonas universitarias de toda España.
Efectivamente, cada vez más estudiantes se quedan sin entrar en las plazas más demandadas en las universidades públicas. Así, no consiguen sacar la nota de corte para estudiar Medicina, Ingenierías o Matemáticas+Física (1). Y se ven obligados a cambiar de campo o buscar plaza en alguna universidad privada.
El fenómeno se explica por la inflación desmedida de las notas de acceso a la universidad. Sobre un máximo de 14, ahora son muchísimas las carreras que exigen sacar más de un 13. Primero, porque por una amplia variedad de razones -menor exigencia, presión social, generalizada subida de notas en los colegios, etc.- los chavales cada vez obtienen calificaciones más altas en sus propios colegios. Y segundo, porque en España existen 17 selectividades diferentes, de tal manera que en algunas comunidades autónomas se sacan más sobresalientes porque sus exámenes son muchísimo más sencillos.
Este fenómeno, empero, tiene un efecto positivo, pues provoca una mayor movilidad estudiantil entre provincias y, como se ha dicho, la consiguiente recuperación de numerosas zonas universitarias de distintos rincones de España, residencias y colegios mayores incluidos.
Sin embargo, en torno al fenómeno surgen dos problemas. Primero, la causa: llegan estudiantes de otras comunidades autónomas gracias a haber realizado un examen muchísimo más fácil; después, su consecuencia: muchos estudiantes brillantes se quedan sin poder estudiar en una universidad pública.
Y así no resulta extraño que por doquier surjan más y más universidades privadas que ofrecen las carreras más demandadas. Si hace algunos años se podía estudiar Medicina en unas pocas universidades consolidadas y fiables, ahora menudean los centros que a veces recuerdan al Nick Riviera de los Simpsons. Y todos contentos porque, después de todo, así se consigue cubrir la creciente necesidad de especialistas médicos.
Si bien que resurjan las zonas universitarias es algo bueno, pues se genera negocio y se da mayor dinamismo a cualquier ciudad, es escandaloso que se consiga a partir de la competencia desleal de algunas Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU).
Aparte, por definición, la universidad es un concepto elitista que debe reunir a los mejores alumnos y profesores. Con tanto centro universitario surge la duda de si hay docentes para todos ellos, y si todos los estudiantes poseen la aptitud necesaria para sacarse el título. Solo hay que revisar la proliferación de nuevas instituciones en los últimos años para darse cuenta de lo que digo.
Por fin, como demuestran las estadísticas, en España hay un porcentaje de licenciados universitarios muy superior a la media de la OCDE y una notable carencia de profesionales cualificados en cursos de formación profesional. Para entendernos, nadie encuentra un fontanero pero hay un abogado en cada portal.
En cualquier caso, este fenómeno parece generar poca alarma social, pues andamos enfangados en otros problemas mucho menos importantes y, por tanto, de menos urgente solución.
(1) El truco para estudiar Matemáticas y Física en la Complutense, si no se saca nota a la primera, es matricularse en una sola de las dos carreras… y esperar. A este doble grado, con una de las notas más altas de acceso de toda España, llegan muchos estudiantes de comunidades autónomas con selectividad sencillísima.
Tanto Física como Matemáticas continúan, por fortuna, siendo muy exigentes. Entonces, un gran porcentaje de los nuevos alumnos carecen de la aptitud necesaria y en primero se produce una escabechina… y al final de curso bastantes abandonan.
Es el momento del aspirante vocacional, y que estaba a la espera, de pedir el traslado a este doble grado tan demandado. Conozco el caso de un chaval que acaba de graduarse de los dos, y en el Trabajo de Fin de Grado de Física ha sacado un 9,8 y un 10 en el de Matemáticas. Pero no sacó la nota para estudiar esta carrera, porque hizo la PAU en Madrid.