24 de enero de 2022

Exclusiva

Moncloa reconoce 51 viajes privados de Sánchez en coche oficial y maquilla los del Falcon

El Debate accede a la ejecución de la sentencia ya firme de la Audiencia Nacional y a la sorprendente respuesta de la Secretaría General de la Presidencia
Pedro Sánchez se estrenó en la Presidencia, allá por el verano de 2018, con un polémico viaje en el Falcon oficial a Castellón con su mujer, Begoña Gómez, para acudir a un concierto de The Killers, la banda de rock americana que mejor tocó una versión del Romeo y Julieta de los Dire Straits.
Con esa excursión, en la que encajó una reunión institucional forzada para justificarla como luego ha hecho tantas veces, Sánchez abrió una polémica que le ha perseguido desde entonces y de la que él ha intentado huir utilizando todos los trucos a su alcance: la del uso abusivo de medios de transporte aéreos públicos para fines privados que siempre ha tratado de esconder. Hasta ahora.
Aquel Sánchez que posó en el Falcon con las gafas de sol puestas y a su vera el hoy ministro de Exteriores y entonces asesor, José Manuel Albares, en una estampa de la «factoría Redondo» que pretendía presentarle como al mítico Kennedy a bordo del Air Force One es hoy, formalmente, el primer presidente del Gobierno de la historia de España «condenado» por la Audiencia Nacional a dar cuentas de todos sus excesos con el célebre avión y con los menos conocidos helicópteros Puma.
Sánchez en el Falcon con el ahora ministro de Exteriores.

Sánchez en el Falcon, con el ahora ministro de ExterioresMoncloa

Y también, según la resolución de la propia Moncloa, obligada por la Audiencia Nacional, a la que ha accedido en exclusiva El Debate; el presidente del Gobierno renuncia así a recurrir el fallo judicial que le obliga a informar a la opinión pública de cómo, para qué y con quién ha viajado en costosos medios públicos para fines alejados de sus funciones como presidente.

Moncloa negó primero que hubiera nada de lo que informar. Ahora disfraza de viajes institucionales los vuelos personales de Sánchez en el Falcon

Para hacerlo aún más enrevesado, pero también más elocuente, la secuencia se termina con otro dato sorprendente: primero utilizó aviones para asuntos personales; después intentó esconderlo todo con silencio o incluso declarándolo «secreto de Estado»; más tarde fue reprendido legalmente tres veces por su opacidad y obligado a desvelar todos los detalles y a continuación renunció a defenderse.
Y por último, su propio Gabinete se ha movilizado para convertir estas «aventuras» privadas en ocupaciones del presidente, tal y como figura en un escrito en posesión de El Debate en el que reconocen hasta 51 desplazamientos privados de Sánchez en coche oficial pero «cero» en avión o helicóptero pese a haber constancia de una treintena en los que, lejos de acudir a los destinos como presidente, lo hizo para asuntos personales o internos del PSOE.

La historia completa

El reciente 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, el Boletín Oficial de las Cortes del Congreso publicó la respuesta de Moncloa al enésimo intento de saber cuántas veces y para qué ha utilizado Sánchez el Falcon durante 2020.
La explicación, a preguntas de la portavoz del PP en el Congreso, Cuca Gamarra, apareció en los medios de comunicación de toda España: no se daba cuenta de nada porque era materia de «especial sensibilidad», esto es, secreto de Estado, según una ley aprobada originalmente en 1968 por Franco que el presidente utiliza a menudo para, por ejemplo, esconder los detalles de la inclusión de su mujer, Begoña Gómez, en un viaje a Nueva York al principio de su primera legislatura.
Moncloa se vio obligada a responder a El Debate y, tras intentar declarar «secreto de Estado» los viajes de Sánchez, ahora cambia y convierte sus vuelos personales y de partido en tareas del presidente
Con mayor o menor indignación, todo el mundo se tuvo que conformar con esa esquiva respuesta del Gobierno que, en realidad, sí ha tenido que dar otra bien distinta a instancias de El Debate, del Consejo de Transparencia y de la Audiencia Nacional.
Y con ella, forzada por la ley, se desmonta el discurso de Sánchez de manera estrepitosa con una «confesión» que da un giro a los acontecimientos: el presidente del Gobierno ha renunciado a recurrir un fallo de la Audiencia Nacional que le «condena» a dar cuenta de sus viajes privados en Falcon pero, además, su propio equipo se ha lanzado en los últimos días a intentar maquillarlos convirtiéndolos en «oficiales».
Según el sorprendente escrito firmado recientemente por la Directora del Departamento de Coordinación Técnica y Jurídica de la Presidencia del Gobierno, Judit Alexandra González Pedraz, bajo el epígrafe «Asunto: Ejecución resolución CTBG N/REF: R/0520/2019; 100-002762» en propiedad exclusiva de El Debate, Pedro Sánchez utiliza recursos públicos para cualquier fin porque es presidente las 24 horas del día pero, a la vez, nadie los asume uno a uno, dando un listado de los mismos, pese a que se reconoce que la Secretaría General de Presidencia es la única con potestad legal para hacerlo y controlar el dispositivo de seguridad que lo acompaña.
Esa evidencia la recoge el artículo 4.1.a) del Real Decreto 634/2021, de 26 de julio, por el que se reestructura la Presidencia del Gobierno con la salida de Iván Redondo y el ascenso de Félix Bolaños, hasta entonces en esa función, a la categoría de ministro.
«La condición de presidente del Gobierno se ejerce de forma continua e íntegra durante todo el lapso de tiempo que discurre entre su nombramiento y cese, sin contemplar ningún período determinado o determinable, en el que el jefe del Ejecutivo no ostente esa condición», reza literalmente la respuesta de puño y letra del equipo de Sánchez para intentar justificar que el presidente utilice el Falcon o los Puma para un acto oficial o, por ejemplo, para acudir en helicóptero a la boda de su cuñado en La Rioja, allá por 2018, o a incontables actos del PSOE ajenos a su cargo público.
Lo curioso es que, antes de emitir esta resolución, Moncloa negó tener que aportar nada e incluso preparó un informe ad hoc desde la Abogacía del Estado para respaldar ese silencio, finalmente derribado por la Audiencia Nacional, que ha revelado otro «truco» de Sánchez: obligado por la ley, al equipo del presidente no le ha quedado más remedio que reconocer que sí tenía detalles de todo el asunto, algo que cinco minutos antes negaba poseer.
Según fuentes jurídicas consultadas por El Debate, este viraje puede revestir trascendencia penal, porque en uno u otro momento pudiera haber concurrido un ilícito de naturaleza penal al sostener dos versiones antagónicas de los mismos hechos.
La Secretaría General de Presidencia reconoce a El Debate 51 desplazamientos “privados” de Sánchez en coche oficial, pero niega el detalle de los “vuelos privados” y los convierte en oficiales

Documento en el que la Secretaría General de Presidencia reconoce a El Debate 51 desplazamientos «privados» de Sánchez en coche oficialEl Debate

La Secretaría General de Presidencia reconoce a El Debate 51 desplazamientos «privados» de Sánchez en coche oficial, pero niega el detalle de los «vuelos privados» y los convierte en oficiales.

Los viajes privados en coche

El equipo de Moncloa, acuciado por las resoluciones en su contra y tras intentar ocultar todos los detalles bajo la coraza del secreto de Estado; no tiene más remedio que reconocer a este periódico la existencia de 51 desplazamientos de Sánchez en coche oficial, sin aclarar para qué ni dónde exactamente.
Y ante otros semejantes pero en transporte aéreo, niega la existencia al transformarlos todos, aunque se dedicaran a asuntos ajenos a su condición de presidente, en desplazamientos oficiales.
Es la primera vez que Moncloa, callada durante tres años, se ve obligada a dar una cifra de las giras de Sánchez. Y lo hace de forma insólita: afirma por escrito, en documento oficial, que esas «excursiones» no existen, convirtiéndolas todas en tareas propias del presidente a pesar de estar alejadas de esa función y de que en toda Europa los cancilleres desechan el uso de recursos públicos para cuestiones personales o de sus partidos.
Esos viajes privados formarían parte de lo que, en Moncloa, se denomina «actividades no organizadas por la Secretaría General de Presidencia del Gobierno», que es la única con potestad para hacerlo, y la trampa utilizada consiste en elevarlos a categoría institucional tras llevar dos años negándose a informar de ellos o, peor aún, asegurando que los desconocen, lo que provocó un sonoro tirón de orejas de la Audiencia Nacional:
«Cuesta entender que Presidencia del Gobierno carezca de información sobre los desplazamientos privados del Presidente del Gobierno», reza el fallo judicial que hizo saltar el montaje de Sánchez y cambiarlo ahora sobre la marcha.
Pero eso es precisamente lo que hace Moncloa: primero apela al secreto de Estado para esconder la información del uso indiscriminado del Falcon y cuando El Debate obtiene el respaldo del Consejo de Transparencia y de la Audiencia Nacional y al equipo de Sánchez no le queda más remedio que dar explicaciones, los transforma en agenda oficial y se limita a reconocer un sinfín de expediciones privadas pero solo en coche.
Sobre esto, el documento de Moncloa que publica este periódico sí confirma ese medio centenar de viajes en coche oficial, sin aclarar para qué, y no niega el uso privado de ningún medio de transporte aéreo, pero los reviste de oficialidad vinculándolos al Departamento de Seguridad, dependiente de Francisco Martín, ahora bajo la tutela de Óscar López, y entonces de Félix Bolaños e Iván Redondo.

Sin agenda oficial de presidente

Los desplazamientos objeto de esta investigación de El Debate, apoyado en la firma ITCD, especializada en la materia, se remontan a todo el 2019, y abrieron un modus operandi que llega hasta la actualidad, con la polémica reciente del uso del Falcon para acudir a congresos del PSOE en distintas comunidades autónomas con la excusa de participar primero en actos institucionales.
«El automóvil fue el único medio de transporte oficial empleado para los desplazamientos a actividades no organizadas por la Secretaría General de la Presidencia del Gobierno durante el periodo comprendido entre el 1 de enero y el 20 de mayo de 2019, justificado por razones de seguridad», insiste en su respuesta el departamento de Sánchez, intentando convertir en oficiales todos los viajes en Falcon o Puma a los que, sin embargo, intenta proteger como «secreto de Estado» pese a que la Audiencia Nacional y el Consejo de Transparencia le han obligado a dar cuenta.
La Secretaría de Presidencia dice que los vuelos de Sánchez no organizados por su departamento fueron “cero” pese al alud de viajes que sí hizo el presidente y su equipo maquilla ahora como institucionales

Documento en el que la Secretaría de Presidencia dice que los vuelos no organizados por su departamento fueron «cero»El Debate

La Secretaría de Presidencia dice que los vuelos de Sánchez no organizados por su departamento fueron «cero» pese al alud de viajes que sí hizo el presidente y su equipo maquilla ahora como institucionales
Los «vuelos fantasma» de Sánchez siguen siendo un misterio. Nadie los asume salvo para presentarlos como institucionales, de los que tampoco da cuentas tan básicas como el origen, el destino y la razón que justifique el gasto público que comportan, inmenso.
El periodo de tiempo de 2019 es importante por otra razón: en ese lapso, según la investigación de El Debate, Sánchez hizo al menos 33 desplazamientos aéreos por toda España sin tener nada en la agenda pública de la Presidencia del Gobierno, y se le vio en todo caso en actos internos del PSOE alejados de sus funciones institucionales.
Desde entonces, Sánchez intenta cuadrar sus viajes privados o de partido con actos institucionales, probablemente para lograr la cobertura que en el inicio de su Presidencia no se puso. Pero en ese 2019 investigado por El Debate es donde queda en evidencia la trampa.
El 12 de enero de 2019, por ejemplo, acudió a Barcelona a presentar al candidato del PSC a la alcaldía, Jaume Collboni, y a cargar contra Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal como secretario general del PSOE:
«Hoy en España hay tres derechas con un objetivo: la involución. Son los voxsonaros de la política española y frente a ellos el Gobierno representa la tolerancia, el respeto, la igualdad y la convivencia».
Ese mismo día, la agenda de Moncloa no incluía ninguna actividad oficial de Sánchez, que comenzó una gira política por toda España a bordo de vehículos oficiales de los que ahora nadie se hace cargo, como presumió Miquel Iceta y corrobora el listado de desplazamientos elaborado por El Debate: gracias por «elegir Barcelona» para esta gira que te llevará por «tantos lugares de España», le dijo el entonces líder del PSC, adelantando una incesante cadena de vuelos que le llevó a Burgos, Canarias, Valencia, Aragón, el País Vasco y tantos otros destinos, quizá alguno de ellos también lúdico.
Ahora, mientras Sánchez se niega a dar información al Parlamento, en realidad sí contesta, obligado por el fallo firme de la Audiencia Nacional, a El Debate y además ha cambiado el formato de los viajes: el pasado 19 de diciembre se marchó a Cataluña al Congreso Extraordinario del PSC que elevó a Salvador Illa a la secretaría general.
Pero además compareció como presidente, teóricamente para anunciar algo importante sobre la «sexta ola» de coronavirus, aunque luego se limitó a anticipar la convocatoria de una nueva conferencia de presidentes para días después.
Le puso un cuidado, probablemente, que no tuvo en 2019. Y esa tal vez sea ahora su perdición tras haber intentado, desde entonces, maquillar y esconder un comportamiento evidenciado ya por pruebas documentales, resoluciones adversas y estratagemas de su propio equipo.
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