28 de noviembre de 2022

Juan Enrique Padín Costas, capitán del Villa de Pitanxo

Juan Enrique Padín Costas, capitán del Villa de Pitanxo, al que uno de los supervivientes acusa por negligencias.El Debate

Investigación judicial

Un superviviente del Villa de Pitanxo acusa al capitán de graves negligencias en el momento del naufragio

Hay una versión alternativa a la tragedia del Villa de Pitanxo que contradice la ofrecida por el capitán. Según ha podido conocer El Debate a través de un despacho de abogados, un superviviente del naufragio acusa en tribunales al capitán, Juan Enrique Padín Costas, de graves negligencias en el momento más crítico.
Según su versión, declarada el 25 de febrero, los marineros pidieron a gritos al patrón que arriase unos cables que podían haber estabilizado el pesquero y no lo hizo. También sostiene que Padín no dio la preceptiva señal de abandonar el buque, ni ordenó a su tripulación que se colocase los trajes de supervivencia. El buque, de bandera española, se hundió el pasado 15 de febrero en aguas internacionales muy próximas a Terranova (Canadá). Hubo tres supervivientes, entre ellos el capitán y sus sobrino, y 21 fallecidos (nueve de ellos rescatados sin vida y el resto desaparecidos). A través de la Guardia Civil de Pontevedra, el juzgado de Instrucción número 1 de la Audiencia Nacional investiga los hechos con objeto de aclararlos y establecer, si existe responsabilidad penal en los hechos.
Infografia Pitanxo

Infografia Pitanxo

naufragio 2

Vayamos primero con la versión hasta ahora conocida, que es la ofrecida por el capitán, Juan Enrique Padín Costas, uno de los tres tripulantes que logró salvar la vida. Sostiene que se encontraba en el puente de mando cuando se desencadena el suceso. Lo atribuye a que durante la virada (maniobra de recogida de las redes de pesca), el motor del buque se para por una causa desconocida. El agua empieza a entrar en el barco y éste se escora por babor. Lo hace de forma progresiva. Una vez que constata lo que está ocurriendo y que el hundimiento es inevitable, él mismo realiza, como es preceptivo, la señal de abandono del Villa de Pitanxo. Se viste el traje y el chaleco salvavidas, y seguidamente procede al arriado de la balsa en la que, en un escenario ideal, se tendrían que haber subido todos los trabajadores. Realmente, solo lo lograron nueve de los veinticuatro. A esta embarcación aúpan, tras ser rescatado del mar, a Eduardo Rial Padín, sobrino del capitán y otro de los supervivientes.
Samuel Kwesi Koufie, uno de los supervivientes del Villa de Pitanxo

Samuel Kwesi Koufie, uno de los supervivientes del Villa de Pitanxo

La tercera persona que se salvó, el ghanés Samuel Kwesi Koufie, ha ofrecido una versión diferente en el marco de la investigación, según ha sabido este diario a través de un despacho de abogados. El testimonio empieza igual, con un problema durante la virada, pero el desarrollo es muy distinto. Se interrumpe esta maniobra por un incidente, pero al poco se reanuda. Se produce entonces un mal funcionamiento de los motores de las maquinillas, que no son capaces de recoger los cables, y es por ello que el buque comienza a escorarse a babor, siempre según este testimonio. Debido a esa inclinación, el agua empieza a entrar en el Villa de Pitanxo. Es en ese momento cuando varios de los tripulantes –entre ellos Eduardo Rial– empiezan a pedir al capitán el arriado de los cables, es decir, que active el mecanismo de seguridad que permite soltar la red de manera inmediata. De este modo, confían en que el buque pueda recuperar la estabilidad. Empiezan a temer por su vida, y lo exigen a gritos, pero no se produce tal arriado. Esa orden no llega. Mientras, el barco se va escorando cada vez más debido a que el agua no para de entrar.

Uno de los marineros comprobó que el patrón era el único que vestía el traje de supervivencia

Las señales negativas se acumulan. Sale un extraño humo oscuro de la chimenea de popa. El motor emite fortísimos y extraños sonidos, y realiza varias sacudidas que bambolean al Villa de Pitanxo justo antes de que se pare definitivamente. Los tripulantes se plantean cortar los cables, pero ya es demasiado tarde. La parada del motor acentúa mucho más la escora del barco. Es en ese momento, cuando el capitán –que previamente, siempre de acuerdo a esta versión, no habría dado orden alguna ni habría solicitado que se vistiesen la ropa de supervivencia– exige a la tripulación que suba hasta el puente. Una vez que llega a este punto, este marinero comprueba por sorpresa que Juan Enrique Padín Costas, el patrón, es el único que viste el citado traje.
Logran abrir la balsa salvavidas y se montan en ella nueve hombres. El hundimiento del Villa de Pitanxo tira hacia abajo de la embarcación auxiliar y le produce un agujero por el que entrará agua. De los nueve, sobreviven tres, dos vestidos con traje de supervivencia (el capitán y su sobrino) y uno que logra vencer a la hipotermia sin dicha vestimenta, lo cual supone un auténtico milagro.

Presiones

El superviviente africano asegura haber sido presionado por la empresa armadora para que, de entrada, contase otra versión, como hizo en Canadá. Para que dijese que el capitán había dado las órdenes de abandono del buque y de colocación de los trajes. Para que obviase que las maquinillas se pararon antes que el motor principal. Y para que asegurase que en el Villa de Pitanxo se habían realizado simulacros contraincendios y de supervivencia durante la trágica marea.
Finalmente, ha declarado todo lo contrario, según la información a la que ha tenido acceso El Debate. O sea, que el capitán ni habría dado señal de abandono del buque ni habría ordenado a la tripulación que se colocase los trajes de supervivencia. En cuanto a los detalles técnicos, las maquinillas se habrían parado antes que el motor, y los marineros habrían pedido a gritos al capitán el arriado de cables con la esperanza de que el barco se estabilizase y evitar así que entrase más agua y, quizá, el naufragio. Por último, añadió que no se habría realizado práctica alguna de supervivencia o contraincendios a bordo del Villa de Pitanxo.
En definitiva, este testimonio viene a reescribir el trágico suceso del 15 de febrero. La investigación tendrá que dilucidar cuál de las dos versiones se ajusta a la realidad y determinar responsabilidades de una tragedia que ha vestido a España de luto.

Las claves que apuntarían al capitán

Según las citadas fuentes, el pasado 15 de febrero, a las 2.49, el buque realiza un brusco cambio de rumbo. Casi una hora después vuelve a cambiar el rumbo en medio de un gran oleaje y mar muy gruesa). La embarcación deja de emitir cualquier señal a las 04.23.

Siempre según las fuentes del despacho de abogados, uno de los supervivientes, Samuel Koufie, declara que recibió presiones del capitán del barco y el armador para ocultar la verdad sobre lo sucedido. Según su testimonio, le pidieron que dijera:
  • Que el capitán había dado la señal de abandono del buque.
  • Que el motor se había parado durante la maniobra de virada evitando decir que las maquinillas se habían parado antes que el motor principal de la embarcación.
  • Que habían realizado simulacros de contraincendios, supervivencia y abandono.
  • Que el capitán ordenó a los marineros subir con el traje de supervivencia, evitando decir que este nunca dio esa orden.
  • Por otra parte, el superviviente habría indicado que el capitán del barco fue instado por los marineros y por su propio sobrino a que «arriara los cables» (mecanismo de seguridad para soltar de manera inmediata la red). Una de las posibilidades es que de esta forma se hubiera podido evitar el naufragio que acabó con la vida de 21 personas (entre desaparecidos y fallecidos).​
  • Solo dos de los ocupantes de la balsa salvavidas tenían el traje de supervivencia: el capitán y su sobrino, siempre según el citado testimonio.
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