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Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, este miércoles en el CongresoEFE

La guerra en la coalición

Sánchez mantiene el pulso del SMI por necesidad: «Montero es una torre demasiado alta»

El PSOE sigue firme en su posición de que el SMI tribute en el IRPF por primera vez y Sumar confía en doblarle el brazo. No obstante, ambos socios coinciden en que no hay riesgo de ruptura

El PSOE no tuvo ayer un buen día, como tampoco lo fue el anterior. En el Congreso se debatía y votaba la convalidación del decreto ómnibus pactado entre el Gobierno y Junts, que días atrás los socialistas habían utilizado contra del PP por el cambio de opinión de los populares, de votar «no» en el primero a votar «sí» en el segundo. Sobre la tribuna, el ministro Félix Bolaños y el portavoz socialista en el Congreso, Patxi López, se regodearon en esa rectificación de Alberto Núñez Feijóo. Ambos predicaban en el desierto. Llegó la votación y el Ejecutivo la sacó adelante por un amplísimo margen de 315 votos a favor, 33 en contra (los de Vox) y una abstención (de UPN). Pero la noticia estaba en otra parte, para su desgracia.

El enfrentamiento dentro de la coalición gubernamental por la tributación del SMI en el IRPF arrasó todo a su paso. No se hablaba de otra cosa. Ni de la subida del salario mínimo en sí, ni de la revalorización de las pensiones, ni tampoco de la reforma de la Ley de Dependencia, aprobada el martes en el Consejo de Ministros. Todo con evidente incomodidad para los socialistas, por más que uno de los ministros del ala socialista lo rebajara a la categoría de «problemillas». Y diera por hecho que se solucionarán, con el simple argumento de que en anteriores ocasiones «siempre» ha sido así.

Desde el PSOE y desde Sumar coincidían en que no hay riesgo de ruptura de la coalición. Cuando a la líder de Podemos le hicieron esa misma pregunta en el patio del Congreso, Ione Belarra no pudo por menos que reírse, mostrando su sorpresa por la sola pregunta.

No obstante, las partes en conflicto confiaban en llegar lo antes posible a una solución que, al menos este miércoles, no llegó. De entrada, María Jesús Montero estuvo fuera de juego todo el día por enfermedad y Pedro Sánchez se dio a la fuga: el presidente del Gobierno hizo un breve acto de presencia en el Congreso a las nueve, para intervenir en la sesión de control y defender que su Ejecutivo ha subido el SMI el 61 % en siete años. Después se marchó y ya no volvió a la votación, pasadas las tres de la tarde. Ni siquiera había pedido el voto telemático. Simplemente no votó el decreto ómnibus ni el resto de las cuestiones.

Los ministros Félix Bolaños y Óscar PuenteEFE

Yolanda Díaz, por su parte, estuvo en la Cámara Baja a primera hora explicando su postura y sus razones a todos los periodistas que se encontraba a su paso. Después emprendió viaje a París, para mantener un encuentro con la comunidad española residente en Francia.

La bancada del PSOE es particular. También, poco disimulada. Y ayer todas las conversaciones giraban en torno a la vicepresidenta ausente, que además es ministra de Hacienda, vicesecretaria general del PSOE, líder del PSOE de Andalucía, futura candidata a la Junta y diputada. Precisamente por tantos galones como le cuelgan de la solapa, desautorizarla en favor de Díaz sería un problema aún mayor para Sánchez. Ello supondría dejar a Montero muy debilitada de cara a la negociación del techo de gasto y de los Presupuestos, el Everest que tiene por delante el Gobierno y que empezaba a subir después del acercamiento con Carles Puigdemont hace dos semanas. «Ella es una torre demasiado alta», resume un diputado socialista.

De ahí que, por ahora, el PSOE se mantenga firme en su posición: este año el Consejo de Ministros no aprobará un decreto que modifique el IRPF para subir el mínimo exento y acompasarlo al SMI, como hizo en ejercicios anteriores. No obstante, también aseguró Sánchez que no trocearía el decreto ómnibus y acabó partiéndolo en dos. Por eso el entorno de la ministra de Trabajo cree que aún puede ganar esta batalla, que sería la segunda en cuestión de días después de la de la reducción de la jornada laboral frente al ministro Carlos Cuerpo.

Aunque Montero tenga un poder casi omnímodo, su fama empieza a resentirse entre sus compañeros, puesto que lleva tres traspiés serios en lo que va de curso. El primero lo dio en septiembre, cuando tuvo que retirar la senda de estabilidad de la tramitación parlamentaria para evitar perder la votación por segunda vez en dos meses (todavía hoy el Consejo de Ministros sigue sin aprobar una nueva senda). El segundo fue, en diciembre, el famoso paquete fiscal, que hizo a Montero sudar sangre por pactar una cosa con sus socios de derechas y la contraria con los de izquierdas.

Y el tercero ha sido la caótica gestión del fin de la exención del SMI en el IRPF: Hacienda confirmó la noticia minutos antes de que empezara la famosa rueda de prensa del martes tras el Consejo de Ministros, sin haber puesto al corriente a su socia –o eso sigue asegurando ella– y sin tener preparado un argumentario sólido para un debate muy sensible en la izquierda. Como dijo la vicepresidenta segunda: «La justicia fiscal empieza por arriba, no por abajo».