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Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo, en un pleno del CongresoEduardo Parra / Europa Press

El clima electoral aviva el pulso entre Vox y PP: el rechazo a los presupuestos deja a las regiones en suspenso

La muestra del desencuentro entre ambas formaciones ha sido Extremadura. Está por ver qué ocurre en otras comunidades, aunque por ahora los barones del PP se inclinan por agotar la legislatura

La fecha en la que se celebrarán elecciones generales es hoy por hoy una incógnita. Pero el ciclo electoral ya se ha puesto en marcha: en diciembre los extremeños irán a las urnas, previsiblemente en marzo lo harán en Castilla y León, poco después en Andalucía, y está por ver qué ocurre en otras regiones, donde gobierna el PP en minoría. Mientras, crece la incertidumbre a nivel nacional, con los amagos de Carles Puigdemont de dejar de sostener a Pedro Sánchez -la militancia ha avalado la ruptura con los socialistas-, y con los casos de corrupción que rodean al PSOE avanzando en los tribunales.

En este escenario, el PP y Vox, que vienen cruzándose reproches desde hace tiempo, han subido los decibelios y el desencuentro parece total e irreconciliable. En las últimas semanas, los populares sostienen que el partido de Santiago Abascal quiere «destruir» a la formación de Alberto Núñez Feijóo, y le acusan de hacer «pinza» con los socialistas en ese empeño. Desde Génova insisten en ello, subrayando que su afán es echar a Pedro Sánchez y que, desde su punto de vista, «otros le ayudan» con determinadas acciones.

La vicesecretaria popular Alma Ezcurra señaló la semana pasada en su entrevista con El Debate: «Para Vox, su objetivo es el mismo que el de Pedro Sánchez: destruir a Alberto Núñez Feijóo», emplazando a aquel a dar explicaciones. En esa misma línea se expresó la portavoz parlamentaria del PP, Ester Muñoz, en el diario El Mundo: «El objetivo de Vox es intentar destruir al PP». Unas palabras a las que contestaban desde Bambú, instando a los populares a dejar los «victimismos» y negando la existencia de pinza con el PSOE. En ello también incidía José María Aznar, que afirmó hace unos días que Vox -al que se llegó a referir como «extrema derecha»- quiere «acabar» con el PP, que es, según el expresidente, «el único partido constitucional que queda».

Desde Vox vienen sosteniendo desde hace mucho tiempo que el PP y el PSOE son lo mismo, acusando a los populares de pactar las políticas con los socialistas en Bruselas y aplicarlas en España y en las autonomías cuando gobiernan. En los últimos tiempos han ido más allá al augurar un pacto entre ambos en los futuros comicios, tomando como ejemplo lo ocurrido con sus homólogos en países como Alemania.

Aunque a nivel nacional el choque ha sido constante en toda la legislatura, hasta hace algo más de un año mantenían acuerdos en seis regiones que, con sus más y sus menos, y en unos lugares con más facilidad que en otros, daban cierta estabilidad. Sin embargo, todos esos puentes saltaron por los aires con la salida de Vox de los gobiernos -la retirada del apoyo en el caso balear-. Una decisión que causó sorpresa y que se antojaba arriesgada, pero que finalmente supuso para el partido de Abascal un impulso en las encuestas. Ya en la oposición, ha mantenido la presión sobre los barones del PP. El curso pasado solo llegaron a acuerdos en tres regiones -Comunidad Valenciana, Baleares y Murcia- para aprobar presupuestos después de meses de tensas negociaciones; no así en Aragón, en Extremadura y en Castilla y León, donde se prorrogaron. Y hoy no hay visos de que pueda haber pactos fácilmente, más bien todo lo contrario.

Según argumenta Vox, defienden lo mismo en todas las regiones, pero es el PP el que, a su juicio, no es coherente y tiene una posición distinta en función del territorio. Abascal fue tajante esta semana al afirmar que no apoyarán investiduras ni presupuestos «sin que una parte de aquello» que consideran importante sea respetado. «No somos ni chantajistas ni regalamos los votos», señaló en Radio Libertad.

Todo ello se produce en un escenario en el que a nivel nacional las encuestas vienen reflejando un crecimiento significativo de Vox, especialmente desde antes del verano, y un estancamiento del PP. En ese crecimiento hay varios factores, entre ellos precisamente el trasvase de votos desde la formación de Feijóo. Y con la cuestión migratoria como uno de los temas clave en el debate -el PP ha endurecido su discurso y Vox acusa a los populares de copiar sus propuestas en esta materia-.

La muestra del desencuentro total entre ambas formaciones ha sido Extremadura, donde se materializaba esta semana el runrún de adelanto electoral ante la falta de apoyos para los presupuestos. María Guardiola criticó que no se puede gobernar sin ellos, y reprochó a la oposición «bloqueo e irresponsabilidad». La enmienda a la totalidad presentada por Vox -y el resto de grupos- fue entendida por la dirigente popular como una negativa al diálogo. Desde Vox niegan bloqueo, recordando que con sus votos hicieron presidenta a Guardiola, y creen que la tesis de la «pinza» con el PSOE no se sostiene, entre otras cosas, por la presión que ejercen a nivel judicial sobre el líder socialista extremeño en el marco del caso del hermano de Sánchez. En Bambú se muestran convencidos de que van a tener «mucha más fuerza».

La presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, y el portavoz de Vox en Extremadura, Ángel Pelayo GordilloEFE

Los barones del PP de otras regiones han querido desvincular lo que ha ocurrido en Extremadura con lo que va a ocurrir en sus territorios, abogando por agotar la legislatura. En Aragón, Vox manifestó que no se va a sentar a negociar los presupuestos, tras una polémica con un asesor parlamentario; y viene criticando que el Gobierno popular no les ha llamado en más de un año. El presidente, Jorge Azcón, les acusó esta semana de pretender «debilitar al PP» y de querer «bloquear» el cambio político en España y a los gobiernos, y les espetó en el Pleno: «Se están equivocando de una forma extraordinariamente grave».

En el caso de Murcia, la situación es algo distinta porque llegaron a un acuerdo de presupuestos en julio. El Gobierno regional asegura estar centrado en ejecutar estas cuentas del 2025, y ya ha apuntado que si no hay acuerdo con Vox, las prorrogarán este año. Sí, consideran que hay capacidad para agotar la legislatura. Fernando López Miras cree que hay una «pinza continua» entre Vox y el PSOE en la Asamblea. Vox mantiene la presión -este viernes rechazó el decreto de vivienda- y achaca al PP «miedo electoral», en palabras de José Ángel Antelo.

En Baleares también hubo acuerdo de presupuestos en 2025. El Gobierno de Marga Prohens ha asegurado estar abierto a negociar. Y desde Vox se han mostrado «preparados para todos los escenarios», para apoyar o rechazar el techo de gasto, para elecciones o para agotar la legislatura, según expresó Manuela Cañadas. El partido de Abascal lleva este martes al Pleno una iniciativa para modificar la ley de educación, y el PP ha avanzado que votará en contra de su admisión a trámite. No obstante, Vox lo ha desvinculado de las negociaciones para los presupuestos.

En cuanto a Castilla y León, dado que habrá elecciones en unos meses, Alfonso Fernández Mañueco ha trasladado que va a agotar la legislatura, con o sin presupuestos, señalando que harán «todos los esfuerzos» para que se aprueben. Desde Vox, el propio Abascal manifestó desde Segovia que unas cuentas que se presentan «sin hablar con la oposición están condenadas al fracaso». Y finalmente, en el caso de la Comunidad Valenciana, el curso pasado Vox dio su apoyo a las cuentas para la reconstrucción tras la tragedia de la dana. Está por ver qué ocurre ahora tras la dimisión de Carlos Mazón.