Sáncheztein y sus simios se premian por la catástrofe de Adamuz
Aquí no dimitirá ni El Tato al no deberse al ciudadano, sino al capricho del «Puto Amo»
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este domingo en un mitin en Huesca
Cuando hace días el cabo de la Guardia Civil Francisco Montes, uno de los primeros en llegar a la catástrofe ferroviaria de Adamuz, confesaba haber vivido lo nunca visto en esos 500 metros donde perecieron 45 viajeros, su observación retrotraía a la dantesca escena final de esa joya del cine de ciencia ficción que es «El Planeta de los Simios». Justo cuando el astronauta Taylor cabalga por una playa perseguido por unos monos inteligentes tras el forzoso aterrizaje de su nave en un paraje de pobladores humanos esclavizados por antropoides.
De pronto, en su fuga, una oscura mole le hace entrar en shock al entrever la Estatua de la Libertad derruida entre las rocas del mar. Cae en la cuenta de que aquel planeta de los simios es, en realidad, la Tierra barbarizada por los monos durante su prolongada expedición. Sobrecogido, vocea: «¡Maniáticos! ¡La habéis destruido! ¡Yo os maldigo a todos!». Con la mirada rota, el personaje de Charlton Heston se pregunta cómo sus estúpidos congéneres consintieron su autodestrucción arrollando su libertad y su progreso.
El mitin de Huesca
Al haber devenido España en un trasunto del «Planeta de los Simios» con Pedro Sánchez, cobra sentido que ayer domingo, mientras Adamuz celebraba misa en sufragio de los difuntos del percance, los simios socialistas asistentes al mitin de Huesca aplaudieran a rabiar al Gran Simio Sánchez cuando defendió al «Oscargután» Puente sin guardar un minuto de silencio por los muertos. «Desgraciadamente en la vida las tragedias suceden, pero no es igual cómo se responde. Y este Gobierno ha respondido», afirmó «Noverdad» Sánchez de campaña con Pilar Alegría. Tras revelarse las negligencias y mentiras del Gobierno, presumió incluso de que, «si la política fueran resultados», el PSOE «ganaría de largo» los comicios en una «Tangentespaña» en la que la degradación institucional y la gerencia criminosa de sus servicios públicos son caras de la misma moneda.
Cuando el ministro Puente apunta a un «defecto de fábrica» como quid de la rotura del carril y así descartar su dimisión, olvida de que ese es precisamente el pecado original de quienes, en coyunda con todos los enemigos de España, armaron su «moción de censura» para asaltar el Estado e instituir la corrupción como fórmula de medro personal y de perpetuación en el poder, amén de su onerosa tributación a sus cuates tribales. Como juzgó Kant, «jamás se hizo nada derecho con la madera torcida de la humanidad».
Es verdad que, en «El fuste torcido de la humanidad», Isaiah Berlin, el intelectual liberal más prominente del siglo XX, aun conforme con el aserto kantiano, animaba a ponerlo recto. Empero, a Sánchez nunca le movió la gobernación, sino vivaquear parapetado en el Estado como un muro. Baste rememorar sus criterios para designar a los ministros de dos de las desdichas de este ominoso septenio como el covid y la penalidad de Adamuz.
El perfecto incompetente
En su primer gobierno de 2018, Sánchez depositó la cartera de Sanidad en el filósofo Salvador Illa sin más bagaje que alcalde de un pequeño municipio barcelonés (La Roca del Vallés). «Con Cataluña -le trasladó- hay que mantener un hilo directo toda la legislatura, y tú has demostrado que eres capaz de alcanzar acuerdos con los independentistas. Hablando claro: quiero que dediques un par de días a la semana al Ministerio, y el resto juegues ese otro rol». Después de sustentarlo contra viento y marea con el peor balance continental de la epidemia, tras aplazar la declaración oficial por preservar los festejos feministas del 8-M, Sánchez salvaguardó a un perfecto incompetente hasta destaparlo como candidato a la Presidencia de la Generalitat que hoy oficia ejecutando el misal separatista con guantes blancos de sirviente.
Ítem más. Tras la investidura fallida de Feijóo en 2023, Sánchez premió con el Ministerio de Transportes a Puente, al que usó para darle la réplica al aspirante designado por el Rey en una mezcla de desprecio y soberbia que nadie empleó contra él en sus erradas proclamaciones de 2016 y 2019 ni luego tampoco. En un hecho inédito en democracia, Sánchez cedió la franela a un bronquista que parecía llegado de los bajos fondos con sus aires pendencieros, aunque bajara sonriente desde las últimas filas socialistas del hemiciclo. Fue la constatación de que Sánchez capitanea una banda en la que el capo puede dictar a un Óscar cualquiera que se arroje por un Puente a modo de prueba de sangre y, satisfecha la orden, recompensarle con un Ministerio. No para administrarlo, sino como altavoz desde el que ladrar a la Oposición. Para ese menester, mejor haberlo nombrado portavoz parlamentario. Lo hubieran agradecido los viajeros de los convoyes de la muerte.
Con esa prioridad, Puente apenas puede explicar cómo el Iryo accidentado empezó a salirse de la vía en un tramo sin renovar desde 1989, tras asegurar que Adif lo había renovado por completo al determinar la Comisión de Investigación que las muescas detectadas en las ruedas del tren Iryo «son compatibles con que el carril estuviese fracturado», con lo que cisura de la vía sería la causa y no el efecto. O cómo Adif no alertó del choque del Alvia hasta que lo comunicó la interventora malherida pese a los sistemas de detección que esgrimió.
Una penalidad anunciada
Cuando la incompetencia y el agiotaje se adueñan, la fatalidad se abre paso con letal naturalidad. Si Renfe y ADIF es abrevadero de militantes y hospedería de amantes de ministros, si sus consejos de administración se trufan de políticos como el portero de puticlub Koldo García, pero también de socios como Junts, si las adjudicaciones se hacen previo abono de coimas bien directas, bien incluyendo de matute en las UTES a firmas fantasmas receptoras de mordidas, si se favorecen a fábricas que tienen en nómina a la mujer de Koldo para que suministren un balasto no homologado, si las certificaciones no las visan funcionarios de carrera, sino quienes hacen la vista gorda en esa legión de trabajadores públicos que desbordan los 3,1 millones, ¿cómo va a extrañar que, según Eurostat, España sea desde 2022 el país de la UE con más siniestros ferroviarios? Por eso, la «causalidad», no la casualidad, hacen que el infortunio de Adamuz sea la crónica de una penalidad anunciada… estadísticamente.
Pero aquí no dimitirá ni El Tato al no deberse al ciudadano, sino al capricho del «Puto Amo». Si Illa fue promovido a presidente de la Generalitat tras su perdularia gestión con el covid y Ribera lo fue a la Comisión Europea tras desbordarse el barranco del Poyo competencia suya en la dana de Valencia, ¿por qué Puente no podría ser ascendido a eurocomisario de Transportes por el principio de «Peter» Sánchez? Con la corrupción habiendo deambulado de saquear al contribuyente a segar sus vidas, con un exministro de Transportes, José Luis Ábalos, en la cárcel, y a la expresidenta de Adif, Isabel Pardo de Vera, imputada, cómo no gritar: ¡Maniáticos, habéis destruido todo!
En esas circunstancias, como protesta la hermana de uno de los heridos en la UCI, «hay que rezar al de arriba, no a los de abajo». Pero ni siquiera eso respetan quienes urden este sábado en la tierra de la Virgen del Rocío, como falaz tributo de Estado a las víctimas, otra ceremonia criptomasónica como nueva religión del ateísmo sanchista. Oyendo ayer en Huesca como Sánchez se ponía la primera medalla al mérito tras la tragedia de Adamuz, lo de Huelva -con Felipe VI y Juanma Moreno como maceros- puede degenerar en un homenaje a los sepultureros. ¡Qué mejor corolario al esperpéntico apártate que voy yo de María Jesús Montero durante el recorrido de Sus Majestades por la zona cero de la tragedia!