Tres mujeres llegadas en cayuco el año pasado al puerto de Arrecife, Lanzarote
I Curso de Jóvenes de NEOS y CEU-CEFAS
Cómo refutar a quien sostiene que la inmigración masiva es inevitable, según NEOS
El economista Jorge Soley desmonta lo que considera que son 10 mentiras sobre amenazas globales como el multiculturalismo y el globalismo
Que la inmigración masiva es inevitable y que, además, es necesaria para asegurar el sistema de pensiones, que no hay culturas mejores o peores y hay que abrazar el multiculturalismo, que no es grave la crisis demográfica a la que asiste España o que la Agenda 2030 debe aplicarse para salvar el planeta.
Son algunos enunciados que pueden oírse forma recurrente en el momento actual, «10 mentiras» que el economista Jorge Soley refuta con argumentos sólidos, que expuso en la segunda sesión del I Curso de Jóvenes que organizan NEOS y CEU-CEFAS. Bajo el título 'Amenazas Globales: Agenda 2030, inmigración, multiculturalismo, globalismo', en ella se abordaron «las principales dinámicas contraculturales que sufren las sociedades occidentales».
las 10 mentiras
- La inmigración masiva es inevitable, no se le pueden poner fronteras al mar en un escenario global.
- No existen culturas mejores ni peores, tenemos que abandonar el eurocentrismo y abrazar el multiculturalismo.
- La inmigración masiva es necesaria porque sin ella el sistema de pensiones no es viable.
- La crisis demográfica no es tan grave, especialmente en un mundo en el que gran parte del trabajo la harán los robots.
- Es necesario aplicar la Agenda 2030 para salvar el planeta.
- La Agenda 2030 son solamente orientaciones generales que se pueden aplicar o no.
- Los gobiernos deben controlar las redes sociales para impedir
la difusión de mensajes de odio y fake news. - Afrontar los complejos retos del siglo XXI requiere de una
apuesta por la gobernanza y los stakeholders. - No hay justicia ni inclusividad sin reconocimiento de las
mujeres trans. - Debemos redoblar nuestros esfuerzos para conseguir ser
climáticamente neutros en 2050.
En un contexto en el que está en el debate público la cuestión migratoria tras el anuncio del Gobierno de regularizar a más de medio millón de inmigrantes vía decreto, resulta pertinente preguntarse si es cierto que, como defienden desde algunos sectores, no puede evitarse que lleguen de forma masiva inmigrantes a un país.
Soley, señala que las fronteras son legítimas y de hecho necesarias, y deben gestionarse de acuerdo al bien común. Compete al gobernante la decisión de acoger o no, y está bien que lo haga «siempre que no lleve a erosionar el bien común». El analista remarca, por otro lado, que no es lo mismo refugiado, que es quien viene huyendo de una situación en su país y cuya vida está en riesgo, que inmigrante, que «tiene el derecho de solicitar la acogida pero también el deber de aceptar que puede ser acogido o no» en ese país; y en el caso de que se haga ilegalmente, recuerda que es un delito. Y por otro lado, apunta que hay muchos casos de naciones que sí están logrando que se respeten sus fronteras y sus leyes de extranjería, como puede ser Australia o Estados Unidos, donde se ha reducido significativamente la llegada masiva de personas.
Cuando se habla de inmigración, se oye con frecuencia la idea de que si no vienen inmigrantes, ¿quién pagará las pensiones? Soley indica, por un lado, que los inmigrantes no son personas sin familia, hacen por reagrupar a sus familias en el país al que llegan y cargan con su mantenimiento, y recalca que lo que cotizan los inmigrantes a la Seguridad Social y lo que aportan en el IRPF es «sustancialmente inferior» a los españoles, y además, un porcentaje importante de extranjeros están en desempleo. En torno a un 40 % de la población extranjera «es improductiva», apunta. Otro factor a tener en cuenta es el efecto que tiene el acceso masivo por parte de los inmigrantes a los servicios públicos de nuestro Estado de bienestar, hoy saturados.
Un extremo que se aborda tanto en los informes elaborados por NEOS, del que Soley es uno de los autores, como por CEU-CEFAS. Como también el debate sobre el multiculturalismo. Y es que otra idea que desmonta el ponente es la de que «no existen culturas mejores ni peores, tenemos que abrazar el multiculturalismo». Niega la mayor: «no todas las culturas son iguales», y subraya que hay unas que generan modelos sociales prósperos y otras, modelos «disfuncionales», que crean pobreza, teniendo en cuenta también que el modelo social engloba el sistema de gobierno, la confianza en la ley, o la solidez de las instituciones. Y ese modelo, en tanto que las personas son educadas en ese sistema, lo llevan interiorizado las personas que emigran a otro país, y por lo tanto influirá en el país receptor si llega de forma masiva.
En este punto, recalca que las naciones tienen derecho a preservar su cultura y exigir que sea respetada y que quien llegue se integre en ella. En caso contrario, llevaría a la degradación de un modelo social que sí ha funcionado. Aquí el experto señala dos elementos a tener en cuenta: la ratio de absorción -que si no se tienen los niveles adecuados favorece la creación de guetos, y ello puede llevar en un futuro a que estalle un conflicto civil- y la distancia cultural. Así, remarca que los estados tienen derecho a decidir «buscando priorizar aquellos flujos que provengan de lugares con una distancia cultural menor».
También alerta sobre la crisis demográfica: «Un país envejecido es un país donde cae el consumo y, en consecuencia, la recesión económica se vuelve endémica», y es también «un país sin creatividad y dinamismo, incapaz de crear prosperidad». Además, advierte sobre la epidemia de soledad que asola a la sociedad española.
La Agenda 2030, «sesgada y uniformadora»
Otra de las cuestiones que identifica como una amenaza global es la Agenda 2030, de la que en abstracto quizá todo el mundo ha oído hablar pero que pocos conocen en profundidad. Soley indica que recoge cosas que todo el mundo querría, como puede ser acabar con la pobreza, pero se mete en un entramado de cosas y se incluyen «cargas de profundidad que están mal».
Señala que esta agenda no habla de familias, la palabra «madre» solo aparece para hablar de la «madre Tierra», y dibuja un individuo «maleable, solitario». Según expone, es «sesgada, uniformadora y maltusiana», e ignora el modelo social y el sistema político, planteando soluciones «uniformes» para todo el mundo. En tanto que es agenda, importa lo que recoge y lo que deja fuera, y en este caso «prioriza determinadas cuestiones, silenciando las que realmente son determinantes para el futuro de la humanidad». Además, frente a quienes pueden defender que esta agenda solo da orientaciones, Soley recalca que «no es divisible» y «abarca también la gestión en detalle de sus políticas», además de que se apoya en una «vasta burocracia global».
¿Mensajes de odio?
Cuestión de actualidad es también la incipiente preocupación de algunos gobiernos por controlar la desinformación o las fake news y la difusión de los «mensajes de odio». Sin embargo, lo que se plantea aquí es en primer lugar quién plantea qué es mensaje de odio y quién lo define. Apunta asimismo que en algunos casos son los gobiernos y medios de comunicación quienes «tradicionalmente difunden más noticias falsas», y alerta de que algunos ejecutivos pretenden mantener el control de la información para «blindarse de la crítica».
Se rebate también la idea de que afrontar los retos del siglo XXI hace necesario que se apueste por «la gobernanza y los stakeholders». A este respecto, señala que «la gobernanza es el eufemismo para un nuevo despotismo ilustrado que desprecia y rechaza la participación de los ciudadanos en la vida política», y que esto consiste en suma en que las decisiones importantes las toman unas «élites» que ni han sido elegidas ni rinden cuentas. En cuanto al stakeholder, Soley lo describe como «el modo por el que las grandes fortunas imponen políticas por encima de la voluntad de los ciudadanos».
Otro tema que en los últimos años está en el debate público, que abrió en su día una profunda brecha en el feminismo y sobre lo que en algunos países ya se ha dado marcha atrás por sus consecuencias, es lo que tiene que ver con «el reconocimiento de las 'mujeres trans'» que reivindican algunos sectores. Soley señala que «no existen, son hombres biológicos sometidos en mayor o menor grado a tratamientos hormonales y quirúrgicos». El analista denuncia que es una «discriminación» contra las mujeres el hecho de que se permita que accedan a espacios femeninos, que además las pone en riesgo. Lo que existe es la disforia de género, un trastorno que antes era sumamente minoritario en España y ahora parece asistir a una «explosión» de casos.
Y finalmente, otra cuestión también de plena actualidad es la climática. Frente a quienes abogan por «redoblar esfuerzos para conseguir ser climáticamente neutros en 2050», lo que remarca es que no hay consenso científico sobre la magnitud del cambio climático ni sobre la influencia que tenga el hombre sobre él. «Hay dudas razonables sobre la capacidad de impacto real de las acciones humanas en el clima», señala, al tiempo que subraya que el impacto de las economías de Occidente «es mínimo en comparación con las economías asiáticas». Y describe el Pacto Verde Europeo como «el suicidio económico de Europa y nuestra sumisión a China».
Jorge Soley es economista y MBA por IESE, fundador de European Dignity Watch, patrono de la Fundación Pro-Vida de Cataluña, miembro de CEU-CEFAS y coordinador del grupo de trabajo de NEOS sobre Amenazas Globales.