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La marcha en diferido de Yolanda Díaz agita el Gobierno: ¿Y si Sumar abandona el barco?

En teoría, la permanencia de su socia garantiza a Sánchez la estabilidad en el Ejecutivo. Pero lo previsible es que en Sumar aumenten los partidarios de salirse en el medio plazo como revulsivo electoral

Pedro Sánchez y Yolanda Díaz, en una sesión de control al Gobierno en el CongresoEuropa Press

El 16 de febrero, Yolanda Díaz participó en la firma del acuerdo de subida del SMI con los sindicatos, en presencia de Pedro Sánchez. Allí aprovechó para mostrar públicamente su admiración al presidente: «Con acuerdos y desacuerdos, siempre has estado en el lado correcto de la historia». La Yolanda Díaz de aquel día se parecía poco a la que, dos meses antes, había exigido a su socio en La Sexta que hiciese una «remodelación profunda» de su Gobierno: «Así no podemos aguantar», afirmó entonces, tras la entrada en prisión de José Luis Ábalos y de Koldo García.

Un día después de aquel acto con los responsables de UGT y Comisiones Obreras, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo compareció en la Moncloa en la habitual rueda de prensa de los martes. Dada su sorpresiva declaración de amor a Sánchez, El Debate le preguntó si ya no pensaba que era perentorio un cambio en profundidad en el Consejo de Ministros. Díaz no contestó. Solo reiteró que el presidente del Gobierno siempre se había posicionado «en el lado de la defensa de los trabajadores y trabajadoras» y que era «una evidencia y una obviedad» reconocérselo.

A su vicepresidente Pablo Iglesias, Sánchez le puso un puente de plata cuando en 2021 decidió abandonar el Gobierno para presentarse a las elecciones madrileñas contra Isabel Díaz Ayuso (quedó en una humillante quinta posición, 10 puntos por detrás de Mónica García, que encabezó la candidatura de Más Madrid). A su vicepresidenta Yolanda Díaz, el presidente no tendrá ni siquiera que ponerle el puente, porque no le va a estorbar.

Los efectos colaterales

La renuncia inducida de Díaz a encabezar nuevamente la candidatura de como quiera que se llame Sumar en las próximas elecciones generales no solo tiene efectos en una extrema izquierda que está tratando de recomponerse a marchas forzadas. También los tiene en el seno del Gobierno. En un margen de cuatro meses, entre diciembre y abril, el Ejecutivo perderá a su portavoz y a dos de sus tres vicepresidentas: Pilar Alegría, María Jesús Montero, que abandonará el Consejo de Ministros tras la Semana Santa para volcarse en su candidatura en Andalucía, y Yolanda Díaz. Aunque esta última pretende seguir de cuerpo presente hasta el último día de la legislatura, sentada a la izquierda del presidente.

Yolanda Díaz, esta semana en un acto del Ministerio de TrabajoEFE

Esto tiene una ventaja para el presidente y para el ala socialista del Gobierno. Si hasta ahora el PSOE ha ganado todos los tira y afloja internos en el Consejo de Ministros, con más razón a partir de este momento, con una vicepresidenta segunda y socia minoritaria en el tiempo de descuento y débil. La única vez en que Sumar tensó la cuerda más de lo previsto, si acaso, fue por el embargo de la compraventa de armas a Israel. Y no fue Díaz quien se plantó en jarras, sino Izquierda Unida, cuya cuota en el Ejecutivo es la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego.

Al final, como siempre, Sánchez sacó los cubiletes e ideó un embargo que llevaba trampa; porque en el mismo real decreto ley que lo desarrollaba incluyó la posibilidad de que el Gobierno se saltara esa prohibición en cualquier momento «por afectación a intereses nacionales». Por debajo de Díaz, el ministro de Sumar con más galones es el de Cultura, Ernest Urtasun, quien acostumbra a encabezar a la delegación magenta en las reuniones con su socio de Gobierno. Pero Urtasun no es Díaz.

En teoría, la permanencia de Yolanda Díaz en el Gobierno garantiza a Sánchez la estabilidad interna, pero no es así

Supuestamente, la permanencia de Díaz en el Ejecutivo garantiza a Sánchez la estabilidad interna, al tiempo que permite a ese espacio recomponerse para las elecciones generales. Supuestamente, todo son ventajas para los socialistas. Pero no, eso es solo sobre el papel. No es oro todo lo que reluce. El movimiento de la ministra de Trabajo ha puesto a los socialistas en alerta. Lo previsible es que, a partir de ahora, en Sumar aumenten los partidarios de abandonar el Gobierno en el medio plazo, antes de que el barco se vaya definitivamente a pique (en cuestión de un mes, el Congreso ha tumbado tres decretos leyes del Ejecutivo). A Sumar le serviría para marcar territorio ante el PSOE y también ante Podemos. Y como revulsivo electoral, al fin y al cabo.

Porque es de prever que Podemos suba en las encuestas durante los próximos meses, beneficiándose de la sede vacante en Sumar, que no elegirá candidato en un día ni en dos, obviamente. Ya lo escribió el ex secretario de Organización de los morados Pablo Echenique el miércoles en X, junto a una fotografía de Irene Montero: «Ahora mismo, solo existe una fuerza de izquierdas estatal que tenga candidata, militancia, un nombre claro, un discurso coherente, una hoja de servicios y un programa sólido y audaz». Los morados tienen claro que no van a dejarse absorber nuevamente, como en 2023. El que quiera unirse a ellos deberá ser con sus normas.

Hasta ahora, ante su extrema debilidad parlamentaria, Pedro Sánchez ha venido refugiándose en la solidez de coalición con Yolanda Díaz. Gracias a la docilidad de su socia, el presidente ha podido aprobar un plan de rearme de 10.471 millones de euros sin pasar por el Congreso; sobrevivir al ingreso en prisión de dos ex secretarios de Organización del PSOE, a las 46 muertes del descarrilamiento de Adamuz y a la renuncia del director adjunto operativo de la Policía Nacional sin asumir responsabilidades políticas; no presentar Presupuestos en lo que va de legislatura; y abusar del real decreto ley para mucho más que situaciones de «extraordinaria y urgente necesidad», a las que está acotado constitucionalmente.

Pero, en paralelo, es esa sumisión al presidente lo que muchos en Sumar consideran el gran error de Yolanda Díaz (sin contar los errores orgánicos); el motivo de que el espacio haya contado elecciones por derrotas desde que empezó la legislatura. En las gallegas, su tierra, los magenta se quedaron sin representación y apenas lograron 28.000 votos. En las europeas de junio de 2024 solo consiguieron tres escaños (empatados con Se acabó la fiesta), en lo que supuso el inicio de la larga marcha de Díaz: entonces anunció que renunciaba a todos los cargos orgánicos para centrarse en su trabajo en el Gobierno. Los caminos de la extrema izquierda son inescrutables. Sus razonamientos, también.