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Donald Trump y Pedro Sánchez, el lunes saludándose en la cumbre de la paz de Egipto

Donald Trump y Pedro Sánchez, saludándose en la cumbre de la paz de EgiptoEFE

La errática política exterior de Sánchez abre una brecha sin precedentes con Estados Unidos e Israel

Trump aseguró que España ha sido «muy poco colaboradora» y afirmó que ha dado instrucciones para cortar las relaciones comerciales

Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, hace ya más de un año, han sido numerosas las ocasiones en las que el mandatario republicano ha crticado abiertamente al Gobierno español, la mayoría de ellas por las reticencias de Pedro Sánchez a aceptar destinar un 5 % del PIB al gasto en Defensa. Sin embargo, el desencuentro alcanzó su punto álgido este martes, cuando, en plena guerra de Estados Unidos con Irán, el republicano acusó a España de ser «un aliado terrible».

La acusación encuentra su raíz en la negativa española a autorizar el uso de las bases de Rota y Morón en la operación militar contra Irán, además de, como se apuntaba, el rechazo a aumentar el gasto en Defensa al 5 % del PIB, como exige Washington. Desde el Despacho Oval, Trump aseguró que España ha sido «muy poco colaboradora» y afirmó que ha dado instrucciones a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, para cortar las relaciones comerciales, llegando incluso a plantear la posibilidad de un embargo.

Las declaraciones se produjeron en presencia del canciller alemán, Friedrich Merz, que también señaló a España como el único país de la OTAN que se resiste a asumir los nuevos compromisos de gasto en defensa acordados por la Alianza. Trump insistió en que Madrid no solo se ha desmarcado del objetivo del 5 %, sino que ni siquiera alcanza de forma sostenida el 2 % comprometido anteriormente.

Por su parte, el Ejecutivo español ha defendido que cualquier actividad en las instalaciones de Rota y Morón debe ajustarse estrictamente al Convenio de Cooperación para la Defensa y contar con respaldo del derecho internacional y de la Carta de la ONU. La ministra de Defensa, Margarita Robles, y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, han subrayado que las bases no han sido utilizadas en operaciones ofensivas y que España no prestará apoyo a acciones que, a su juicio, carezcan de aval internacional. Esta interpretación ha obligado al Pentágono a reubicar aviones cisterna y activos logísticos hacia otras bases europeas, un movimiento que Washington ha descrito oficialmente como «reposicionamiento operativo», aunque coincide con el endurecimiento del discurso político contra Madrid.

Paralelamente a este desencuentro, las relaciones de España con Israel, el país que, junto a Estados Unidos, inició la guerra el pasado sábado al bombardear Irán, también se encuentran en un punto muy bajo. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa'ar, ha acusado en varias ocasiones al Ejecutivo español de situarse «en el lado equivocado de la historia» ,una crítica que repitió este martes con un mensaje en la red social X.

Desde Tel Aviv se interpreta que la postura española, basada en la apelación a la legalidad internacional y a la desescalada, supone un distanciamiento respecto a los aliados occidentales en un momento de máxima tensión regional. Estas críticas se han intensificado tras el reconocimiento público de Irán a la negativa española, como ya hizo Hamás en el pasado, un gesto que ha sido utilizado por responsables israelíes como argumento contra la política exterior de Moncloa.

Las relaciones entre Tel Aviv y Madrid se encuentran muy tocadas desde hace varios años, con el Gobierno de Sánchez siendo uno de los más activos a la hora de criticar la brutal ofensiva israelí en la franja de Gaza, que ha dejado decenas y decenas de miles de muertos. Con Israel y Estados Unidos en contra, y con una Unión Europea muy debilitada que teme llevarle la contraria a Donald Trump, Sánchez se va quedando solo en su posición.

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