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Elena Valenciano y Soraya Rodríguez

Soraya Rodríguez y Elena ValencianoMiguel Pérez

Entrevista | Autoras de 'Después del minuto de silencio'

«El feminismo no es un capricho ideológico, sino una necesidad democrática»

  • Soraya Rodríguez: «Hay que mejorar las pulseras y abordar con seriedad que el sistema VioGén tiene fallos»

  • Elena Valenciano: «Cuando una mujer que está en un sistema de protección es asesinada, el mensaje que envía es letal»

Elena Valenciano y Soraya Rodríguez llegan a la redacción de El Debate con esa complicidad de años dando pasos con la misma hoja de ruta. Ambas forman parte de ese «viejo PSOE» de Alfredo Pérez Rubalcaba donde Rodríguez fue la primera mujer que ocupó el cargo de portavoz del grupo Socialista en el Congreso (2011), y Valenciano fue la primera vicesecretaria general, «la número dos», del Partido Socialista (2012), entre otros cargos. Su proyecto conjunto, Después del minuto de silencio (Esfera de los Libros), germinó el pasado otoño para nacer en la semana del 8-M con el objetivo de rearmar las políticas de igualdad para luchar contra la violencia de género. El compromiso feminista de estas dos mujeres que no se callan —Elena desde la presidencia de la Fundación Mujeres, Soraya desde sus inicios trabajando en su tierra en una casa de acogida—, da ahora voz a los familiares de las mujeres asesinadas, víctimas invisibles, silenciadas, que son las verdaderas protagonistas.

Antonia, que enterró a su madre cuando tenía trece años, y a su hija con cincuenta y tres, las dos asesinadas por sus parejas, ninguna en la estadística de víctimas porque en aquella España no existía la violencia machista; Jesús, que describe con detalle el calvario que sufrió su cuñada Lobna, quien se atrevió a denunciar y la única medida de protección fue una orden de alejamiento del monstruo que la mató a cuchilladas; la odisea de David para recuperar a su sobrina de las manos de su cuñado, que le pegó un tiro en la cabeza a su hermana Sonia cuando dormía tras una guardia nocturna en el hospital y todavía llamó al 112 simulando que fue un suicidio. Nunca imaginó que les podía pasar a ellos.

Blanca, una madre que no se cansa y no olvida a su Teresa, cuyo asesino traspasó la frontera para darle 102 puñaladas, la mayoría de ellas en el rostro, para «borrar su preciosa cara»; Joshua, convertido en el padre de su hermano, cuando la explosión provocada por su padre hizo que su madre volase por los aires; Carmen, abuela y ahora madre de los dos niños de su hija Leticia, que se fue «al cielo con solo una zapatilla», como contaba la pequeña que vio cómo su padre la estrangulaba después de pasar el día en Faunia. O el padre que se pregunta qué mierda de ley es la que no le priva de la patria potestad al asesino de su hija, en plena calle, cuando iba a recoger a su niña de tres años de la guardería. Estos «relatos ponen rostro, nombre e historia a cada víctima» en un acto de memoria y justicia.

Después del minuto de silencio cuenta las historias de las víctimas invisibles de violencia de género, ¿cómo surgió el proyecto?

–ELENA VALENCIANO: Fue una idea de Soraya. Las dos venimos de una larga trayectoria de compromiso contra la violencia de género y pensamos que la gente no conoce las historias. Conoce que se asesina a una mujer en un barrio tal día y el minuto de silencio, pero ¿qué pasa después con esa familia, con esos niños que se han quedado sin madre o esa madre que se ha quedado sin su hija? No solo en el plano afectivo, sino también en lo económico y como proyecto vital. ¿Cómo se reconstruyen esas relaciones después de un hecho tan sumamente brutal y anómalo como es que asesinen a una madre? Pensamos que puede ayudar a que la gente tome una conciencia mayor sobre lo que significa la violencia de género y más en un momento en el que escuchamos voces negacionistas.

–SORAYA RODRÍGUEZ: Este libro pretende ser también una aportación para colocar en la agenda del feminismo y de las políticas de igualdad la lucha contra la violencia de género contra las mujeres, que es sin ninguna duda un elemento prioritario y urgente. Estamos viendo cómo ha comenzado el año 2026 y el número de mujeres asesinadas y de menores víctimas de la violencia de género es una cifra insoportable.

–Mencionáis que el silencio llega hasta el límite de que no hay asociaciones de víctimas de mujeres asesinadas.

–SORAYA: El silencio ha sido siempre el mayor cómplice de la violencia que sufren las mujeres. A día de hoy todavía estamos viendo cómo se les recomienda: «Cállate y no denuncies. Si denuncias, sufrirás mucho». El silencio es esa mancha de aceite que se ha extendido por todos los resquicios de la sociedad. Recuerdo cuando era joven que había una concentración en la plaza por una mujer asesinada y éramos solo cuatro mujeres. Luego fuimos más. El silencio se ha roto poco a poco, pero el estigma que ese silencio ha generado sobre la víctima todavía existe. Y se rompe hablando. Su voz tiene que ser escuchada y ayudará a que la sociedad tenga mayor empatía y reconozca que la violencia de género la sufren directamente las mujeres, pero no es un problema de las mujeres, sino de la sociedad. Las víctimas detrás de la víctima son hombres y son mujeres. En nuestro libro está Joshua, el hijo; David, el hermano; o un padre que habló y fue también sanador para él.

Las expolíticas socialistas, en la redacción de El Debate

Las expolíticas socialistas, en la redacción de El DebateMiguel Pérez

–El libro recoge testimonios desgarradores, pero también las estadísticas son abrumadoras, os preguntáis: ¿Cómo se explica esta ceguera colectiva?

–ELENA: Hay una violencia estructural y silenciosa sobre muchas mujeres que no están en las estadísticas. No todas las mujeres denuncian. Muchas de las asesinadas no habían denunciado. Hay mujeres que denuncian y son asesinadas. Cuando una mujer que está en un sistema de protección es asesinada, el mensaje que envía es letal. El miedo, la culpa, la vergüenza son sentimientos muy poderosos. El machismo en nuestra sociedad está en el tuétano. Más allá de los acuerdos políticos que pueda haber, que últimamente hay muy pocos, necesitamos que la sociedad también forme parte de ese pacto para que las mujeres tengan menos miedo. Es muy importante que en el libro hablen padres, hijos, hermanos, cuñados, porque no queremos plantear esto como una guerra de sexos. Es un problema social gravísimo, que debería generar más empatía.

–Como Blanca, que no tuvo apoyo psicológico ni asistencia cuando su hija Teresa fue asesinada por un español en un país de la Unión Europea. Para ella, la Ley Integral de Violencia de Género no le había ayudado…

–SORAYA: El caso de Blanca lo conocí porque Teresa es una niña que fue al mismo colegio que mis hijos, al Liceo francés. Una cría maravillosa, enfermera, que se fue a hacer un máster. Es brutal que alguien coja un avión para ir a Bruselas para darle 102 puñaladas. A ella la mataron fuera de España, en la Unión Europea, y queríamos poner de manifiesto la falta de una política comunitaria que proteja a las víctimas. Según la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, 50 mujeres son asesinadas víctimas de la violencia de género cada semana en la Unión Europea. Sin embargo, con esas cifras no hemos sido capaces de reaccionar. Nos preocupamos por cómo debe ser el tapón de las botellas de agua y no hemos sido capaces hasta 2023 de poner en marcha una directiva. Ese desamparo también lo notan las familias. Todavía queda mucho camino por recorrer.

Hay una falta de confianza en las administraciones públicas

–Contáis el dolor resignado en el caso de Lobna frente a una «Administración lenta, ineficaz, muchas veces carente de la más mínima sensibilidad con las víctimas». ¿Puede ser uno de los motivos por el que tantas mujeres siguen calladas y apenas denuncian un 20 %?

–ELENA: Hay una falta de confianza en las administraciones públicas, porque si hubiera más confianza habría más denuncias, pero también hay otros factores. Hay muchas mujeres que tienen miedo de perder a sus hijos. Otras simplemente tienen miedo, y les impide dar cualquier paso. Salir de las cuatro paredes de tu casa a decir que la persona a la que amaste te está maltratando, no es nada fácil. Necesitas mucho apoyo social. Lobna estaba aislada y es un ejemplo clarísimo de cómo en el siglo XXI, en una Comunidad Autónoma como Madrid, en un municipio con muchos servicios, una mujer puede ser asesinada porque nadie hizo nada por ella.

–¿Habría que auditar las tripas del sistema?

–SORAYA: Sí. Analizamos más detenidamente VioGén (Sistema de Seguimiento Integral), que es el instrumento que ayuda a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para valorar el riesgo que corre una víctima. Según esa valoración del riesgo se le asigna una protección. Es un algoritmo, que no es inteligencia artificial, pero se le parece. Es un cuestionario binario donde solamente puedes contestar sí o no. A Lobna se le hizo ese cuestionario después de una agresión brutal, con miedo, y sin comprender bien las preguntas. Por eso, ese cuestionario nunca puede ser el único instrumento para valorar el riesgo.

Debería convocarse de forma inmediata reuniones conjuntas de trabajo entre el Ministerio de Igualdad y el Ministerio del Interior para abordar con la seriedad que merece la protección de la vida de una persona, porque el sistema falla. No nos podemos permitir como sociedad, que ese 20 % de mujeres que denuncian y entran en un sistema de protección puedan ser asesinadas. No significa que se ponga todo en cuestión, hemos avanzado con los sistemas de protección telemáticos, pero hay que mejorar las pulseras, y abordar con seriedad que el sistema tiene fallos.

–Pero ese debate no está a nivel público. No se habla de hacer una revisión al sistema de VioGén.

–ELENA: En las últimas semanas se ha hablado de pedir a los jueces órdenes de alejamiento más consistentes, pero mientras no se reforme VioGén es imposible, porque de VioGén sale la valoración y el juez opera sobre dicha valoración. Además, se incumple muchísimas veces las órdenes de alejamiento. A Lobna le mató su marido, aunque tenía un orden de alejamiento de 500 metros. Nunca nadie corrigió que ese hombre viviera enfrente de su casa. Tampoco hay efectivos suficientes para vigilar, entonces pequemos un poco de exagerar la distancia. Y, desde luego, introduzcamos en el sistema de valoración la presencia de especialistas, forenses, policías, psicólogos. Necesitas que haya un ser humano que evalúe que esa mujer está minimizando su peligro. Y es verdad que no está en el debate público.

–Se alertó de los fallos de las pulseras antimaltrato, que supuso «una potencial desprotección de las víctimas», que provocó «una gran cantidad de sobreseimientos provisionales o fallos absolutorios».

–ELENA: Cuando hay un fallo técnico de las pulseras en vez de analizar en su justa medida ese fallo, empezamos a meternos con el Ministerio de Igualdad. Estamos en un diálogo político imposible, absolutamente polarizado, y en vez de sentarse seriamente a analizar qué ha pasado con las pulseras y con VioGén, se tiran los casos a la cabeza unos partidos contra otros. Siempre hemos avanzado en violencia de género a través del diálogo y el consenso. Ni siquiera es un problema ideológico, es un incumplimiento del Estado que está siendo incapaz de proteger a sus ciudadanas y, por tanto, es un asunto que compete a todas las fuerzas políticas, pero la violencia de género también se está utilizando en la batalla política.

SORAYA: Reivindico siempre el consenso de los dos grandes partidos. El Pacto de Estado sobre la Violencia de Género ha sido posible por el acuerdo del Partido Popular y el Partido Socialista. La Ley Integral de Violencia de Género fue impulsada por el Gobierno de Zapatero y fue apoyada por el PP. La connivencia entre las mujeres del Partido Socialista y del Partido Popular ha sido muy importante para avanzar sobre cimientos sólidos que luego han permanecido, no solo en España, sino también en la Unión Europea. La igualdad no es un capricho ideológico, sino la base fundamental de un sistema democrático.

Elena Valenciano, en un momento de la entrevista

Elena Valenciano, en un momento de la entrevistaMiguel Pérez

–¿Hoy sería imposible cerrar el Pacto de Estado contra la Violencia de Género de aquella época entre el PP y el PSOE?

–SORAYA y ELENA: No, no.

–ELENA: En este tiempo no es posible ningún consenso. Ese consenso es el fruto de muchas conversaciones entre nosotras, de apoyarnos unas a otras, de pelearlo todas dentro de nuestros propios partidos. Esto no ha sido nada fácil. Ahora lo único que existe es tu trinchera y no hay manera de construir puentes.

–En el caso de Sonia, se inició la investigación con una premisa falsa de suicidio, cuando era un asesinato, y su familia denuncia el corporativismo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

–SORAYA: Su familia piensa que, si no hubiera sido un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la tesis del suicidio se hubiera mantenido unas horas, porque ella fue asesinada a sangre fría con un tiro en la sien mientras dormía. Se añadió dolor y sufrimiento cuando su nieta se quedó con su asesino. Por ello, cuestionamos que el asesino no perdiese la patria potestad de sus hijos e incluso en prisión se le podía dar un derecho de visita. Tenías que esperar que fuera condenado por una sentencia penal firme para que los familiares abrieran otro proceso civil para retirarle la patria potestad. Esto ha cambiado gracias a una sentencia del Supremo, pero es inimaginable que alguien capaz de asesinar a su mujer, pueda a partir de ese momento ser un buen padre.

–ELENA: Tampoco quiero que quede en el tintero que uno de los cuerpos que mejor lo hace para proteger a las mujeres son las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Son ellos realmente los que están cerca, los que se ocupan, los que dan la voz de alerta, muchas veces en condiciones muy precarias, teniendo que proteger a muchas mujeres en un territorio muy amplio. La Policía es la que está, la que sabe, y con muy pocos medios y recursos hacen un trabajo fantástico.

–Otro de los puntos que hacéis hincapié es en la desprotección absoluta que sienten los familiares de las víctimas. Es el caso de Joshua, que tras el asesinato de su madre fue atendido durante tres años por Pescanova y luego por el Fondo de Becas Soledad Cazorla, pero no por las administraciones.

–SORAYA: Joshua, el día que cumplió 18 años, le otorgó el juzgado la tutela de su hermano menor, después de que asesinaran a su madre. Cuando fue con su hermano pequeño a la Atención Primaria y a la Seguridad Social pidiendo ayuda, le dijeron que no tenían, y fue la propia empresa de su madre quién le pagó la asistencia psicológica privada y después la fundación. Ahora las comunidades autónomas tienen servicios psicológicos a disposición de las víctimas, pero tienen que estar especializados en violencia de género. No cualquiera puede dar esta atención. El primer psicólogo que atendió a Joshua le dijo que posiblemente el asesino de su madre lo hizo por amor, y eso es tremendo.

La polarización extrema que vive el país afecta a las políticas de igualdad

–¿Qué está fallando para que en el último Barómetro de Juventud y Género de 2025 nos revele que solo el 38,4 % de los jóvenes de 15 a 29 años se identifican como feministas?

–ELENA: Hay muchos factores. Si vas a las cifras desagregadas por sexos, te das cuenta de que la inmensa mayoría de las chicas, casi el 65 %, creen que el feminismo es necesario y útil y solo el 30 % de los chicos. Hay una brecha enorme entre la toma de conciencia de las chicas y de los chicos. Hay claramente un movimiento ideológico negacionista ubicado en la extrema derecha que no solo niega la violencia de género, sino también la necesidad de políticas de igualdad. También un problema muy serio de identidad de los chicos jóvenes, que escuchan que el modelo masculino tradicional no sirve, pero tampoco tienen un modelo alternativo, y en lugar de estar ellos por delante, tanto en el instituto como en la universidad, ellas son mejores que ellos en términos académicos, y hay un proceso de devaluación de lo que significa ser un hombre. Y probablemente incide este sectarismo y polarización donde hay discursos, en este caso de la extrema izquierda, que sataniza a los hombres en general. Eso hace muchísimo daño. Al igual que la división dentro del movimiento feminista. Estamos en un punto de inflexión en el sentido de ver qué pasa con esos jóvenes cuando tengan 30 años, cómo se van a relacionar con las chicas de su edad que están pensando en su libertad y autonomía. Tenemos un problema de índole sociológico muy importante.

–La Ley del «solo sí es sí», la división del feminismo por la identidad de género, la polarización, ¿ha contribuido que no se acuda al 8-M como a aquel histórico del 2018?

–SORAYA: La polarización extrema que vive el país afecta a las políticas de igualdad. El feminismo ha sido muy fuerte en nuestra sociedad cuando ha sido construido conjuntamente por encima incluso de ideologías. El feminismo no es un capricho ideológico, sino una necesidad democrática, que se utiliza por los extremos de la política como un arma arrojadiza, cuando desgraciadamente estamos viendo cómo las situaciones de acoso y agresiones contra las mujeres son transversales e invaden todos los campos políticos. La radicalización que vive el país está debilitando un feminismo construido sobre la base del acuerdo democrático de que la igualdad entre hombres y mujeres era un punto fundamental para la construcción de esta democracia.

Soraya Rodríguez, durante la entrevista

Soraya Rodríguez, durante la entrevistaMiguel Pérez

–ELENA: Hay que pensar que, por mucha división, hay muchísima más gente que cuando nosotras empezamos. El feminismo ha empapado hacia abajo a la sociedad. Las mujeres han conquistado muchos espacios de libertad y de poder, y hay una reacción del patriarcado o del machismo contra esa liberación. Un ejemplo es alguna conversación que pensábamos sería imposible escuchar como que para ligar habrá que ir antes al notario. Este tipo de frases son lamentables.

Ha sido un error del PSOE entregar el Ministerio de Igualdad a Podemos

–¿Y no asumir la responsabilidad de llevar al Consejo de Ministros la Ley del «solo sí es sí» que ha reducido la pena a violadores?

–ELENA: Las organizaciones de mujeres avisamos. Enviamos un informe de expertas y abogadas diciendo que iba a suceder lo que sucedió, y no nos hicieron caso, porque en ese momento la prioridad era que Irene Montero sacara aquello adelante. Eso ha sido un error gravísimo. Ha sido un error del PSOE entregar el Ministerio de Igualdad a Podemos, por qué el Partido Socialista siempre ha abordado la política de igualdad desde un punto de vista de política de Estado, de acuerdo y de mayorías. Luego hay otros problemas que tienen que ver con la identidad, con las discriminaciones, que por cierto las feministas siempre hemos acompañado al movimiento LGTBI, pero cuando se hace prioridad de una agenda identitaria en vez de igualdad, se producen brechas.

–SORAYA: Siempre hemos querido ser más. Siempre hemos militado en el feminismo sabiendo que ganábamos cuando fuéramos más, sumando con mujeres de otros partidos e indudablemente con los hombres. Sin embargo, la izquierda radical ha entendido el feminismo como algo excluyente, y es un patrimonio que corresponde a muchísimas generaciones que nos han precedido, que han luchado por la igualdad de las mujeres en condiciones verdaderamente terribles de represión. Esa falta de visión histórica, de humildad en el presente, y de comprender que la exclusión solamente conduce al fracaso y solo la inclusión, el ser más, es lo positivo.

–Como anécdota, he visto en un tuit de Izquierda Unida y su número dos en la provincia de Valladolid para las elecciones en Castilla y León llamando a las mujeres «terf», que es un insulto.

–ELENA: Siempre digo que pase de ser feminazi a «terf» sin transición. Una cosa de locos. Pienso que la izquierda del PSOE intentó hacer su propio feminismo y se equivocaron. Hay que volver al feminismo de mayorías. Hay que volver a la igualdad. La identidad se compone de otra forma.

–¿Se puede denunciar la violencia de género y también que hay denuncias falsas?

–ELENA y SORAYA (a la vez): Todos los delitos tienen denuncias falsas.

–SORAYA: Es la intencionalidad de hablar de denuncias falsas en la violencia de género, cuando realmente las cifras indican que solamente el 20 % de las víctimas denuncian. Es uno de los delitos menos denunciados no solo en España sino en Europa. Esa intencionalidad pone en cuestión la propia realidad de la violencia. Denuncias falsas existen, sí, en todos los delitos. Para hablar con propiedad necesitamos saber el número de sentencias condenatorias por denuncia falsa de violencia de género. De esas hay muy pocas. Y son las que están en las memorias judiciales de la Fiscalía y del Consejo General del Poder Judicial.

–ELENA: Es el caso de Leticia, que tiene un marido que es un maltratador de libro, de maltrato psicológico constante. Si le está destrozando mentalmente, condicionando, e introduciendo miedo, ¿cómo lo demuestras en un tribunal? Es muy difícil. Al final solamente se denuncia lo físico, pero lo psicológico es igual o más importante.

–SORAYA: Y tampoco se sabe, si tenemos en cuenta que entró en la vivienda y delante de sus dos niños pequeños la estranguló. ¿Cómo podemos descartar que con anterioridad ese tipo de comportamientos no se produjeron? ¿Cuántas denuncias puede haber que no pueden ser demostradas?

–¿Se debería prohibir el burka y el niqab?

–SORAYA: Debajo del burka y el niqab hay represión contra las mujeres, hay invisibilidad. No tiene nada que ver con la religión y aunque la tuviera, todas aquellas costumbres que son contrarias a la dignidad del ser humano no pueden prevalecer. Además, el burka se ha convertido en el mayor símbolo de violencia contra las mujeres, porque es el símbolo de esta panda de terroristas que son los talibanes, que han convertido Afganistán en el mayor apartheid de género que nunca la historia ha conocido. No comprendo como en un país democrático y constitucional se pueden amparar en la Constitución para mantenerlo.

–ELENA: Soy totalmente contraria al uso del niqab y del burka en espacios públicos. El problema es prohibir. Hay que conseguir que las mujeres no estén obligadas a ponerse un burka. Porque prohibir, ¿qué significa? Como mensaje del Estado de Derecho y social está muy bien, pero en la práctica, ¿a quién detienes? ¿a la mujer que lleva el burka o a su marido? España debe legislar para que el burka no se pueda usar en los espacios públicos. Hay muchos países europeos que lo han prohibido. No estamos fuera del contexto europeo, pero hay que hilar muy fino para ver cómo se hace y llegar a un acuerdo amplio entre todas las fuerzas políticas sin que se convierta en otro instrumento de batalla entre unos y otros.

Rodríguez y Valenciano, en El Debate

Rodríguez y Valenciano, en El DebateMiguel Pérez

–¿Cuánto daño ha provocado al PSOE que se oculte los casos de acoso sexual de Paco Salazar o los audios de Koldo y Ábalos?

–ELENA: Al PSOE le hace el mismo daño que al PP no actuar contra el alcalde de Móstoles. Se trata de abrir el prisma. Esto no es un problema del PSOE, del PP, es un problema de la sociedad española, porque esos casos al final acaban saliendo. Es muy común el acoso laboral o sexual contra las mujeres. Una vez más, en vez de tirar a la cabeza al alcalde de Móstoles contra Salazar o a Salazar contra el alcalde de Móstoles, tal vez deberían sentarse y decidir qué se hace con este tipo de casos y cómo se reacciona. Protocolos existen muchos, pero si no se aplican de poco sirve tenerlos.

–SORAYA: El debate político sobre estos escándalos en el seno de los propios partidos, desde Podemos, PSOE, hasta el Partido Popular, es una falta de respeto a las mujeres y sobre todo a las víctimas. Se habla del presunto agresor como un arma arrojadiza desde el punto de vista político, y muy poco de las víctimas y su protección. Por favor, dejen este tema aparte, no lo utilicen en los mítines, y respeten a las víctimas y a todas las mujeres.

–En el libro hay frases que impactan: «Las madres no se cansan nunca y no olvidan», en boca de Blanca o «No se puede estar toda la vida callada y pretender que un día, sin más, te escuchen», de Antonia.

–ELENA: Las mejores frases las han dicho ellas y ellos, porque son la verdad. Cuando alguien como una madre, un hijo o un hermano te habla de lo que siente, de lo que le ha pasado, son frases que te llegan al corazón porque son la verdad.

–SORAYA: O la del padre: «Se me exigió más y se me consoló menos».

–ELENA: A los hombres les consuelan menos.

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