La bancada del PSOE aplaude a Pedro Sánchez y viceversa
En su salsa
Sánchez mezcla a Aznar, Trump, Feijóo, Netanyahu y Abascal en un debate a su medida
Desde el principio salió al ataque, seguro -o eso creía- de que lo tenía ganado de antemano: no tenía más que chasquear los dedos, devolver a la memoria de los españoles la foto del trío de las Azores y voilà
El presidente ofreció su versión más combativa, belicosa y peleona para defender su «no a la guerra» en Oriente Medio. Puede resultar paradójico, pero en el Gobierno defienden que no lo es en absoluto. Al contrario, remachan que no hay cuestión más puramente política que la que ocupó a sus señorías en el debate de este miércoles en el Congreso.
En sus comparecencias parlamentarias, Pedro Sánchez acostumbra a hacer un discurso más institucional en la primera intervención y suele reservarse las bombas de racimo contra la oposición para la réplica. En este caso no. Desde el primer momento en que subió a la tribuna de oradores, el presidente salió al ataque, seguro -al menos eso creía- de que tenía el debate ganado de antemano: no tenía más que chasquear los dedos, devolver a la memoria de los españoles la foto del trío de las Azores de hace 23 años y voilà. «Bush pidió perdón y Blair también. Aznar ha dicho que no se arrepiente de nada y que nunca lo hará. Esa es la catadura moral del expresidente», lamentó.
Por momentos hizo oposición al Gobierno del PP de hace 23 años, por momentos hizo como si Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal tuviesen alguna responsabilidad en que Donald Trump y Benjamin Netanyahu iniciaran una guerra en Irán. «Callar ante una guerra injusta no es prudencia ni lealtad, es un acto de cobardía y complicidad», les dijo. «Patriotismo es oponerse a una guerra ilegal que en nada beneficia a los intereses de los españoles y europeos». «España no va a ser cómplice. No está vez, no mientras yo sea presidente», terminó.
Alberto Núñez Feijóo, durante el debate
El líder de la oposición intentó escapar de la envolvente de Sánchez. «Ahórrese sus sermones. No vamos a elegir entre la guerra y el Gobierno. Vamos a seguir en la misma posición que el 60 % de los ciudadanos (…). No a la guerra y no a usted», señaló Feijóo, que centró su discurso en «desmontar» el discurso pacifista del presidente de un Gobierno con el mayor gasto militar, como le recordó. Y que ha enviado a Chipre la mejor fragata de guerra española.
El líder de los populares recriminó a Sánchez su falta de Presupuestos, de estabilidad en el Gobierno y de predicamento internacional. «España está en manos de un trilero. El mundo en guerra y España sin la más mínima estabilidad», sostuvo. «Ha venido a informar sobre la guerra y es el dirigente europeo que menos información tiene sobre la guerra», continuó. «Su deber es comportarse como un socio fiable si seguimos en la OTAN», le advirtió después.
Feijóo afeó al presidente que 20 países europeos tomaron medidas ante la escalada de precios del combustible antes que él. Y que el primer real decreto ley del Gobierno -que el Congreso convalidará este jueves- es insuficiente.
Abascal acumuló sus dos turnos en uno de 20 minutos en el que defendió que a Sánchez le viene bien esta guerra «para hacer caja y tapar sus corrupciones», como antes le vinieron bien la pandemia y la dana. «Cada crisis internacional es para usted una cortina de humo», continuó. «¿Acaso no han entregado una maldita vivienda protegida por la guerra de Irán?, ¿acaso los médicos españoles cobran una miseria por la guerra de Irán?, ¿acaso los sanitarios se van de nuestro país por la guerra de Irán?, ¿acaso se han multiplicado las violaciones en las calles por la guerra de Irán?, ¿acaso los barrios de media España son inseguros por la guerra de Irán?, ¿acaso descarrillan los trenes por la guerra de Irán?, ¿acaso han metido en España tres millones de inmigrantes en cinco años por la guerra de Irán?», enumeró el presidente de Vox.
Sumar cerró filas con Sánchez, cinco días después del plante que protagonizaron sus ministros en el Consejo de Ministros extraordinario del viernes. «Me siento orgullosa de que nuestro gobierno se plantara desde el primer momento y dijera con contundencia 'no a la guerra'», aseguró su portavoz, Verónica Martínez, que también atacó a Feijóo y Abascal: «En la guerra no tienen posición, tiene pose. En cuanto Trump chista, ustedes se cuadran. Si Netanyahu aprieta, ustedes se callan. Mucha pulserita pero no defienden a España, le buscan amo. Tanta bandera y tan poco país». Y lo mismo hizo Gabriel Rufián, de ERC, que recriminó a PP y Vox: «Lo de ser patriota les viene grande. Ante la amenaza un ególatra como Trump venden a la gente», remachó.
Rufián libró otra batalla de su guerra particular contra Junts, partido al que deseó «años de ostracismo político» si en la votación del 30 de abril tumban el real decreto ley de la prórroga de los alquileres. El que sí apoyarán los de Míriam Nogueras es el de la bajada de impuestos a los carburantes y la energía, que será convalidado este jueves. Lo defenderá en la tribuna el ministro de Economía, Carlos Cuerpo.
«¿Para esto querían que el presidente viniera?», se preguntaban jocosos en la Moncloa a media mañana, felicitándose porque Sánchez no había sufrido -según el Gobierno- ni un rasguño. Al revés. Ya estaba Patxi López para adularlo: «Gracias, presidente. Su 'no a la guerra' retumba en las conciencias de todo el mundo. Su posición es un orgullo de país», se jactó.
Y quedaba la réplica, en la que el presidente se gustó aún más. Incluso le aconsejó a Feijóo: «Cúrreselo un poco, que no hace tantas cosas. La contradicción es tan evidente, tan flagrante que me lo está dejando a huevo». Y añadió: «Con todo el respeto, usted no está preparado para llevar el rumbo de este país». A Abascal, que abandonó el hemiciclo en cuanto habló la primera y única vez, Sánchez le recordó que excargos del partido le está acusando de corrupción. «Abascal desvía 2,5 millones de la fundación Disenso a su bolsillo personal. ¡El que venía a regenerar!», clamó. Él, que tiene a un exsecretario de Organización del PSOE en la cárcel y a otro en libertad provisional.