Ilustración de Koldo García y José Luis Ábalos
El perfil
Ábalos y Koldo, que lo que Sánchez unió no lo separe el juez
Son una unidad en lo universal: juntos empezaron presuntamente a delinquir y de ambos sospecha el juez que podrían fugarse de España con todo lo que pudieron «ahorrar» de dinero detraído de nuestro erario, así que por eso los encerró para conjurar el riesgo de fuga
José Luis Ábalos Meco (Torrent, Valencia, 66 años) y Koldo García Izaguirre (Baracaldo, Vizcaya, 56 años) acaban de pedir al juez reunirse en la cárcel, con sus abogados presentes, sin mampara y con un ordenador, para preparar el juicio de las mascarillas que arranca pasado mañana, una vista que se celebra por las presuntas mordidas que habrían cobrado ambos de la empresa de Víctor de Aldama, a cambio de adjudicar contratos públicos para material sanitario en plena pandemia. Son como un matrimonio de conveniencia (penal) pero obligado a soportarse hasta que el juez (del Supremo) los separe. Por eso, es más que evidente que van a la par en su estrategia de defensa con la intención de llegar a acuerdos que aminoren sus condenas. La estrategia del conseguidor de la trama de pactar con la Fiscalía ha dado sus frutos: a Aldama Anticorrupción le pide siete años mientras el exministro y su asesor se enfrentan a más de 40 años de prisión –24 para Ábalos y 19, para Koldo. El sumario de las mascarillas es la primera estación del vía crucis que aguarda a estos dos camaradas, a los que unió Pedro Sánchez y Santos Cerdán, en tiempos de la «banda del Peugeot», cuando todos intentaban impulsar la candidatura del hoy presidente durante las primarias de 2017. Banda que resultó ser una comunión de intereses para desvalijar al Estado.
La pareja de amigos que hoy duerme en Soto del Real se conoce gracias a Cerdán, protector de Koldo, entonces portero del club Rosalex de Pamplona, trabajo por el que se vio envuelto en una pelea por la que fue condenado a dos años de prisión. No llegó a ingresar porque fue indultado. Pese a todo ello, el empleado de seguridad de bares de lucecitas empezó a formar parte de pleno derecho de la familia navarra del socialismo, de la mano siempre de Santos. Llegó a ser concejal de Huarte y no tardó en hacerse un hueco en el equipo de protección del PSN, con el aval de que había sido escolta de varios políticos de distintos partidos. Cuando Cerdán es ascendido en Madrid, se lleva a Koldo y se lo presenta a Ábalos, que ya es la auténtica sombra política de Sánchez. Según la Fiscalía Anticorrupción, el que fuera segundo secretario de organización del PSOE, le recomienda a José Luis que contrate al «último aizkolari socialista» –así presumía de él Pedro– porque «más allá de un vínculo puramente profesional, García ofrecería a Ábalos un compromiso militante y una plena disponibilidad a sus necesidades como nuevo secretario de Organización del partido». Así sucedió y Ábalos y Koldo se convirtieron en uña y carne.
Pero, sin que lo supiera la carne, la uña empezó a grabar desde 2021 todo lo que hablaba con sus interlocutores. Y lo siguió haciendo ya fuera del Ministerio, cuando Pedro se deshizo de su amigo más cercano. Cientos de memorias USB fueron colocadas en la mesa de la UCO y terminaron siendo cruciales para instruir el sumario que puede recluirlos en la cárcel varios lustros. Koldo quería, según la UCO, «tener un respaldo o garantía ante eventuales desavenencias con sus interlocutores». Interceptó todo lo que decían Ábalos y Cerdán sobre licitaciones de obras públicas en Navarra, Logroño y Sevilla y los tejemanejes con mujeres del exministro. Se inculpó, es verdad, pero inculpó con pruebas demoledoras a los que fueron sus jefes. La Audiencia Nacional trabaja en este otro sumario que podría cavar todavía más profundamente el hoyo judicial de los antaño inseparables compañeros de fechorías.
Eso sí, mientras ocultaba su vocación de espía, García fue designado por el todopoderoso ministro de Sánchez chófer y escolta –de hecho, es uno de los cinco nombramientos de personal eventual de confianza que discrecionalmente le correspondían–, así como miembro del Consejo Rector de Puertos del Estado y de Renfe. El amigo y superior también termina contratando a la esposa de su asesor, Patricia Úriz, como secretaria del Ministerio y hasta se ha sabido que la empresa del balasto del AVE de Adamuz la tuvo a sueldo durante el tiempo que duró su contrato con Adif. En las conversaciones de su marido, se escucha cómo este la abronca por un ingreso fallido a los hijos del ministro y cómo hablan de los regalos a las «sobrinas» del valenciano. Desde entonces y «aún después» de que ambos salieran del Ministerio, el 12 de julio de 2021, Koldo «convertido más en asistente que en asesor, desempeñó para Ábalos un buen número de tareas de muy diversa índole, tanto profesionales como personales, lícitas e ilícitas», según la Fiscalía. Y tanto: pagaba a prostitutas, se encargaba de comprar regalos para ellas, intermediaba para que empresas públicas las contrataran y hasta les ponía motes a las susodichas: una era «Alini, mi oportunidad», otra «Tatyy, amiga linda», otra «Adriana brasileira». Todo pasaba por el ordenador de Koldo.
Por «Jose» cualquier cosa. No en vano, el hijo del torero Carbonerito era el principal escudero de Sánchez cuando los barones le defenestraron en 2016: en sus viajes en coche por la Comunidad Valenciana para convencer a la militancia, Pedro dormía en casa de Ábalos. Mientras casi todos le dieron de lado, el fiel José Luis se quedó a su vera, como Koldo y Santos Cerdán, y le montó la «reconquista», que arrancó precisamente en Xirivella, un pueblo cercano a Valencia, la tierra de Ábalos. Pocos se atrevían por entonces a reivindicarse sanchista, sobre todo con el aparato del partido en contra, pero él sí lo hizo y fue recompensado con la secretaría de Organización del partido.
Desde ahí, pergeñó la moción de censura contra Rajoy: las fotos de estos días nos recuerdan cómo el hoy jubilado José Luis paseaba triunfal por delante de los leones acompañando a su jefe, a Adriana Lastra y a Carmen Calvo, en la tarde de junio de 2018 en la que España cambiaría para siempre. De hecho, defendió la primera moción de censura que triunfó en democracia, con invocaciones a la regeneración democrática que hoy producen bochorno. Así que una vez que toma posesión del despacho, Ábalos convierte a su hoy compañero de «chabolo» en «hombre para todo». Siempre estaba a su vera: cuando pagó con billetes en efectivo un polémico viaje de la familia del ministro a Canarias o cuando en enero de 2020 la hoy presidenta venezolana, Delcy Rodríguez, aterrizó ilegalmente en Barajas y fue visitada en el avión por el titular de Fomento. Hasta que el 22 de febrero de 2024, Koldo y su esposa fueron detenidos. Su amigo José Luis sabía que el cerco se estrechaba. Pero ignoraba que buena parte de la metralla contra él la guardaba su alter-ego en un pendrive.
Dentro de dos semanas, junto con el comisionista Víctor de Aldama, el exministro y su lugarteniente declararán en la recta final del juicio. Ambos siguen dando la nota. Koldo ha pedido que se retransmita en directo su testimonio, al estilo de la causa del procés, porque dice que «frente al riesgo de los juicios paralelos, la retransmisión oficial ofrece la realidad del proceso», mientras al exministro su procurador le reclama 4.000 euros. Tendrá que pagárselos en un plazo de diez días. Los problemas económicos persiguen al inefable tándem: el TS va a embargar sus bienes porque no han pagado la fianza impuesta por el alto tribunal de 60.000 euros.
Son una unidad en lo universal: juntos empezaron presuntamente a delinquir y de ambos sospecha el juez que podrían fugarse de España con todo lo que pudieron «ahorrar» de dinero detraído de nuestro erario, así que por eso los encerró para conjurar el riesgo de fuga. Pero mientras Ábalos se ha adaptado bien al ambiente penitenciario, a su asesor le cuesta más. Ambos compartieron celda, pero hace unas semanas Koldo pidió ser cambiado argumentando que le molestaba que el que fuera brazo ejecutor de Sánchez fumara en la cárcel, justo ahora que el navarro se había puesto a hacer deporte en el patio. Aunque ya no comparten talego, su relación –obligados están– sigue siendo buena. A la sombra, el jefe lee con fruición su causa y estudia al detalle la situación procesal del caso, tiempo que dedica su hombre de confianza a ponerse en forma y perder kilos. Pronto los veremos sentados en el banquillo, mientras el que los unió disfruta de Las Marismillas, donde sí brilla el sol.