El mapa del narcotráfico en Andalucía: las mafias y métodos que invaden de droga el sur de España
Mientras las rutas se expanden y las mafias evolucionan, las asociaciones de guardias civiles llevan años denunciando que la presión sobre los agentes desplegados en Andalucía
La imagen clásica del narcotráfico en Andalucía sigue remitiendo automáticamente al Campo de Gibraltar, con narcolanchas cruzando el Estrecho de madrugada, desembarcos en playas gaditanas y persecuciones marítimas a toda velocidad frente a la costa. Sin embargo, las fuerzas de seguridad llevan años alertando de que el problema hace tiempo que dejó de concentrarse únicamente allí.
La muerte de dos guardias civiles el pasado viernes durante una operación contra el narcotráfico frente a la costa de Huelva ha vuelto a poner el foco sobre una realidad que asociaciones policiales y expertos llevan tiempo denunciando, y es que el mapa del narco en Andalucía se ha expandido. Las rutas se desplazan, las organizaciones criminales se diversifican y nuevas zonas del litoral se han convertido en enclaves estratégicos para la entrada de droga en Europa. «Las redes del narcotráfico se han desplazado desde Gibraltar hacia otras zonas costeras de Andalucía como Huelva y el entorno del Guadalquivir», explican desde Jucil a El Debate. «La presión policial en una zona provoca el desplazamiento del problema a otra», añaden.
Ese fenómeno, conocido en el ámbito criminalístico como «efecto globo», es una de las claves para entender cómo opera actualmente el narcotráfico en el sur de España. Concretamente, explican que, cuando las fuerzas de seguridad aumentan la presión sobre un territorio concreto, las mafias modifican rápidamente sus rutas y estructuras logísticas, provocando que el problema no desaparezca, sino que simplemente se desplace.
Entre tanto, el Campo de Gibraltar continúa siendo el gran epicentro histórico del narcotráfico en España, debido a la proximidad con Marruecos y la intensidad del tráfico marítimo, lo que convierte al Estrecho en una vía privilegiada para la entrada de hachís. Allí operan desde hace décadas clanes históricos del narcotráfico gaditano, apoyados por redes marroquíes que controlan buena parte del tráfico desde el norte de África.
La Línea, Barbate, Algeciras o Sanlúcar siguen siendo algunos de los puntos más sensibles del mapa, y es en estas zonas donde las organizaciones utilizan narcolanchas de alta velocidad capaces de cruzar el Estrecho en cuestión de minutos y mover grandes cantidades de droga aprovechando la enorme complejidad del litoral andaluz. Además, asociaciones profesionales indican que, junto al hachís, la cocaína ha ido ganando cada vez más peso, y con ella también han llegado estructuras criminales mucho más sofisticadas y violentas.
Uno de los puntos donde más claramente se percibe ese cambio es Huelva, donde las fuerzas de seguridad alertan desde hace tiempo de un incremento notable de las rutas marítimas y de las operaciones vinculadas tanto al hachís como, especialmente, a la cocaína. De hecho, parte de las organizaciones criminales han ido desplazando actividad desde las zonas más vigiladas de Cádiz hacia la costa onubense, donde encuentran espacios menos saturados policialmente y una enorme complejidad geográfica para operar.
En esta zona ya no actúan únicamente redes locales vinculadas al tráfico tradicional de hachís, sino también organizaciones internacionales conectadas con rutas procedentes de Hispanoamérica y África, en muchos casos asociadas a estructuras logísticas mucho más profesionalizadas. Ese desplazamiento también se percibe en el entorno del Guadalquivir, donde las desembocaduras, marismas y canales interiores se han convertido en un escenario cada vez más utilizado por las mafias para introducir droga hacia el interior peninsular.
Por si fuese poco, las organizaciones criminales aprovechan la capacidad de las narcolanchas para remontar el río y mover cargamentos hacia zonas menos expuestas a la presión policial. Este fenómeno ha crecido tanto que distintas asociaciones policiales ya describen el Guadalquivir como una auténtica «autopista fluvial» del narcotráfico.
En esta zona confluyen redes locales de apoyo logístico –incluidos los conocidos «petaqueros», encargados de abastecer de combustible a las embarcaciones– junto a organizaciones internacionales que utilizan el río como una nueva vía estratégica para el tráfico de cocaína.
En lo que se refiere al origen de la droga, durante décadas el protagonismo correspondía casi exclusivamente al hachís procedente de Marruecos, pero la cocaína ha transformado por completo el escenario. Ahora, como los beneficios económicos son mucho mayores, las estructuras logísticas son a su vez más complejas y la violencia asociada también se ha incrementado. «Estamos viendo redes multinacionales, organizadas, con gran capacidad logística y económica», señalan desde Jucil. «Y con una violencia cada vez más elevada en sus operaciones».
Ese salto internacional se percibe especialmente en la Costa del Sol, donde Málaga y su entorno se han convertido en uno de los principales puntos de asentamiento para organizaciones criminales dedicadas tanto al narcotráfico como al blanqueo de capitales. En la zona operan mafias balcánicas, grupos irlandeses y británicos, organizaciones sudamericanas y redes neerlandesas y marroquíes vinculadas a la conocida Mocro Maffia, una de las estructuras criminales más temidas de Europa. A su vez, el Puerto de Algeciras continúa siendo uno de los principales puntos de entrada de cocaína en Europa a través de contenedores marítimos.
Y mientras las rutas se expanden y las mafias evolucionan, las asociaciones de guardias civiles llevan años denunciando que la presión sobre los agentes desplegados en Andalucía es cada vez mayor, y que mientras las persecuciones marítimas a gran velocidad, las embestidas a embarcaciones policiales y el uso constante de narcolanchas forman ya parte del escenario cotidiano, ellos siguen faltos de medios y personal para hacer frente a un problema que está afectando, cada vez más y a más niveles, a España.