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Vista de la misa funeral en honor a los dos agentes de la Guardia Civil fallecidos

Vista de la misa funeral en honor a los dos agentes de la Guardia Civil fallecidosEFE

Cómo el narcotráfico se ha asentado en el sur de España: más violencia, más rutas y agentes al límite

Las asociaciones reclaman desde hace años más embarcaciones, más personal especializado y mejores equipos de protección

La muerte de dos guardias civiles durante una persecución marítima frente a la costa de Huelva ha vuelto a colocar el foco sobre una realidad que agentes, jueces y asociaciones profesionales llevan años denunciando, y es que el narcotráfico en el sur de España ya no es únicamente un problema de tráfico de hachís en el Estrecho, sino una estructura criminal cada vez más asentada, más sofisticada y más violenta.

«La tragedia de Huelva era un riesgo que desde hace tiempo en Jucil venimos advirtiendo», explica a El Debate la asociación profesional. «Las redes del narcotráfico se han desplazado desde Gibraltar hacia otras zonas costeras de Andalucía como Huelva y del entorno del Guadalquivir», indican.

Y es que, si durante décadas el mapa del narcotráfico en España parecía relativamente definido, con Galicia consolidándose en los años ochenta y noventa como una de las grandes puertas de entrada de cocaína a Europa, mientras Andalucía asumía el papel de corredor del hachís procedente del norte de África, ahora las viejas rutas del narcotráfico conviven con puertos comerciales, redes logísticas, sociedades pantalla y estructuras financieras internacionales.

«La presión policial en una zona provoca el desplazamiento del problema a otra», señalan desde Jucil. «El narcotráfico no desaparece, se mueve». Ese movimiento se ha hecho especialmente visible en Andalucía, y es que, aunque el Campo de Gibraltar continúa siendo uno de los principales puntos calientes, los agentes alertan de un crecimiento sostenido de la actividad en zonas como Huelva, la desembocadura del Guadalquivir o determinados puntos de la Costa del Sol.

«Hace una década, el protagonismo era del hachís. Hoy la cocaína ha crecido de forma muy significativa, tanto en contenedores como en narcolanchas. Es un modelo mucho más sofisticado y global», explican desde asociaciones profesionales de guardias civiles. Mientras tanto, España lleva varios años consecutivos batiendo récords de cocaína intervenida y los grandes puertos comerciales –como Algeciras, Valencia o Barcelona– se han convertido en enclaves estratégicos para la entrada de cargamentos procedentes de Hispanoamérica.

Vista de dos barcos de la Guardia Civil este viernes, en el muelle de Levante

Vista de dos barcos de la Guardia Civil este viernes, en el muelle de LevanteEFE

La propia evolución del negocio ha transformado también el perfil de las organizaciones criminales, superando el viejo arquetipo del clan local ligado al hachís. Ahora se convive con estructuras internacionales altamente profesionalizadas, con capacidad logística, redes financieras, sociedades mercantiles y conexiones en distintos países. «Estamos viendo redes multinacionales, organizadas, con gran capacidad logística y económica, donde la cocaína ocupa un lugar cada vez más destacado», sostienen desde Jucil.

Más violencia y pérdida del miedo

Uno de los aspectos que más preocupa a las fuerzas de seguridad es el incremento de la violencia, y es que las persecuciones marítimas a gran velocidad, las embestidas a embarcaciones policiales o la sensación de impunidad en determinadas zonas forman ya parte del paisaje habitual para los agentes destinados en el sur. «Hoy estamos viendo persecuciones temerarias, fugas a gran velocidad y organizaciones que asumen riesgos muy altos», advierten desde Jucil. «Eso coloca a los agentes en un escenario de peligrosidad diaria muy elevado», aseguran.

La tragedia de Barbate en febrero de 2024 supuso un punto de inflexión, cuando dos guardias civiles murieron después de que una narcolancha embistiera a una zodiac de la Guardia Civil durante una operación en el puerto gaditano, pero, para muchos agentes, lo ocurrido esta semana en Huelva confirma que aquella tragedia no fue un hecho excepcional. «Lo peor es que el precedente de Barbate no sirvió para nada», lamentan desde la asociación. «El Ministerio del Interior sigue desoyendo lo que quienes ejercen sobre el terreno trasladamos desde hace años».

Por si fuera poco, la presión operativa sobre las unidades marítimas y de seguridad ciudadana es una de las principales denuncias de las asociaciones profesionales, que aseguran que los agentes trabajan con «plantillas tensionadas», «persecuciones sin los medios adecuados» y en «clara desventaja frente a organizaciones criminales cada vez más agresivas». «Las narcolanchas se pasean por las costas sin posibilidad de ser interceptadas porque no contamos con medios materiales y personales suficientes para hacerlo en términos de seguridad», sostienen.

Las asociaciones reclaman desde hace años más embarcaciones, más personal especializado y mejores equipos de protección, además de recuperar unidades como OCON-Sur, creada específicamente para combatir el narcotráfico en Andalucía y desmantelada posteriormente. También exigen declarar todo el litoral andaluz como Zona de Especial Singularidad (ZES), una figura que permitiría mejorar condiciones laborales e incentivos para los agentes destinados en zonas especialmente conflictivas.

Más allá de las cifras de droga incautada o de las persecuciones marítimas, uno de los mayores temores de expertos y fuerzas de seguridad es que el narcotráfico termine normalizándose en determinadas zonas del sur, y que se conviertan en rutinarias escenas como las narcolanchas a plena luz del día, los puntos de abastecimiento de combustible, las redes de apoyo logístico o la circulación constante de grandes cantidades de dinero ilícito. El problema, advierten los especialistas, es que cuando el narcotráfico deja de ser un fenómeno excepcional y pasa a formar parte del paisaje cotidiano, sus efectos acaban extendiéndose a la economía, la convivencia y la percepción de autoridad del Estado.

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