Ilustración de la presidenta del PSOE, Cristina Narbona
El perfil
Cristina Narbona, la testigo clave entre Pedraz y Ferraz
En los últimos días deambula por los pasillos de la Cámara, esquivando a periodistas que le preguntan por su vínculo con el brazo ejecutor de la trama corrupta
María Cristina Narbona Ruiz (Madrid, 1951) es hija de dos periodistas: Francisco Narbona y María Francisca Ruiz Cortés. Presidenta del PSOE y esposa de Josep Borrell, esta doctora en Ciencias Económicas por la Universidad de Roma, adonde la familia se trasladó porque el padre fue nombrado corresponsal de RNE en la Ciudad Eterna, ha sido citada como testigo por la Fiscalía Anticorrupción para que hable de su relación con otra periodista (o eso dice ella): Leire Díez. Es Narbona la jefa simbólica del PSOE -sin cargo ejecutivo alguno- y, por consiguiente, una sanchista a tiempo completo. Tanto, que la UCO sospecha de algún hilo que le pudiera unir a la trama de las cloacas del PSOE, montada para boicotear los procedimientos judiciales contra el entorno del presidente.
Los agentes indagan en una conversación mantenida entre Cristina y Leire, que se conocieron en un curso de verano de la Universidad Menéndez Pelayo, el 24 de abril de 2024, coincidiendo con la publicación de la célebre Carta a la Ciudadanía de Sánchez, en la que Narbona trasladó a Díez que la información que le estaba comunicando ya «se lo había contado a Santos (Cerdán) el otro día». Díez le pidió «reconducir» los ataques al presidente, ofreciendo «ayuda cualificada para darle la vuelta como a un calcetín».
La presidenta socialista ha aclarado que se limitó comunicar el asunto al entonces secretario de Organización de su partido y que no manejó documentación ni archivos; pero los investigadores no terminan de creérselo: hasta el PSOE ha admitido que su presidenta ofrecía alguna vez «consejos» a la fontanera sobre «asuntos relacionados con su puesto». Además, en el sumario obra otra comunicación mandada por Leire en la que amenaza a su amiga Cristina con tirar de la manta, en mayo del año pasado: «Yo también puedo hablar», le espeta. Y todo porque la que fuera ministra de Medio Ambiente de Zapatero había ninguneado, a preguntas de los periodistas, a la cloaquera en el Congreso el día que saltó el escándalo. Esa mañana parlamentaria de la primavera del año pasado sucedió algo en el hemiciclo, fuera de los usos de la presidenta de la formación socialista.
Narbona fue captada por los fotógrafos que cubrían el pleno de control al Gobierno dormitando sentada en su escaño. Hasta llegó a ser reñida por la presidencia del Congreso porque se durmió dejando la linterna de su móvil activada. Un rato de asueto y de descanso para Su Señoría, tras la conmoción por el estallido del asunto Leire. De hecho, en los pasillos de la Cámara acababa de expresar su «absoluta sorpresa» por la actuación de su amiga añadiendo, cariacontecida, que «estoy muy disgustada al respecto».
A la que disgustó esas palabras fue a la delegada para asuntos turbios de Santos Cerdán por lo que terminó mandándole la advertencia. Pero no solo a ella. Cristina y Leire formaban con Isaura Leal un trío de amigas muy cercanas. ¿Y quién era Isaura? Pues la mujer de Juanma Serrano, exjefe de Gabinete de Sánchez, el mismo que le prestó el coche en el que se montó para reconquistar Ferraz, y su mano derecha durante la larga travesía hasta Moncloa: luego le robaría el cargo en Presidencia el recién llegado Iván Redondo. Las tres tenían mucha conexión. Por ello, también Leire le envío otro irónico mensaje a Isaura, cuando la cúpula socialista empezó a negarla. «Los pactos son recíprocos», le recordó.
Lo cierto es que sin el estrecho contacto con dos de las escuderas de Pedro, como Cristina e Isaura, no se hubiera producido el ascenso de Leire en las cañerías socialistas. Isaura es una sanchista de primera hora que presidió la gestora madrileña, tras la defenestración de Tomás Gómez. Pero lo más importante es que es la mujer de Serrano, que terminó dirigiendo Correos -bueno, llevándolo a la bancarrota con 1.200 millones en pérdidas- empresa pública en la que -oh, casualidades- lady cloacas terminó ejerciendo de jefa de Relaciones Institucionales. Por su parte, Narbona tiene una vinculación mucho más especial con el líder socialista. De hecho, a ella es a quien Pedro Sánchez debe el escaño por Madrid cuando esta renunció a su puesto para marchase al Consejo de Seguridad Nuclear y corrió la lista.
La nueva testigo de la Audiencia Nacional lleva casi tres décadas de relación con el ex mister pesc de la Unión Europea y exministro de Exteriores, Josep Borrell, con el que se casó en 2018, tras veinte años juntos. Divorciada y madre de un hijo, en 1998 se unió al político catalán, que entonces era portavoz en el Congreso.
La que fuera hasta 2011 embajadora jefa de la delegación española ante la OCDE se compró una vivienda en Valdemorillo, en la sierra Norte de Madrid, con vistas al embalse de Valmayor, donde habita la pareja. En 1993 se afilió al PSOE, aunque ya diez años antes ejerció de vicepresidenta de Economía de la Junta de Andalucía. Luego ocupó cargos en el Banco Hipotecario hasta ser elegida diputada por Almería en 1996 para después ocupar la portavocía adjunta en el Ayuntamiento de la capital. Luego la llamaría Zapatero para su Gobierno hasta desembocar en la OCDE y en el Consejo de Seguridad Nuclear. En 2017, Sánchez la nombró presidenta de la formación. En ese tiempo ocultó la verdad cuando testificó en el Senado por el escándalo del «caso Acuamed», que salpicó sus contrataciones cuando era responsable de Medio Ambiente. El informe del Interventor denunció que el 95 % de esas adjudicaciones no estaban justificadas.
Tras recalar en el Senado, hoy es diputada del grupo socialista. Así que en los últimos días deambula por los pasillos de la Cámara, esquivando a periodistas que le preguntan por su vínculo con el brazo ejecutor de la trama corrupta. Cuando hace un año saltó por los aires Santos Cerdán, Sánchez le encomendó provisionalmente la gestión del partido hasta el nombramiento del nuevo equipo. Era evidente que se fiaba mucho de ella. Vamos a ver si también el juez Pedraz y Anticorrupción tienen la misma confianza en Cristina.