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Isabel Durán
Contra el relatoIsabel Durán

El Nerón de la Moncloa: su banda sonora, nuestro réquiem

Ceuta ha tenido que habilitar el antiguo Hospital Militar como depósito de cadáveres. El Gobierno reconoce menos muertos de los que hay en las cámaras frigoríficas y la zona de mar que Salvamento Marítimo ha despejado para que se bañen el césar monclovita y sus invitados es más ancha que la barrera con la que se defiende nuestra ciudad asediada por el reino alauí. Pero hay esperanza

Act. 04 ago. 2026 - 10:20

Pedro Sánchez, Fernando Grande-Marlaska y el presidente de Ceuta, Juan José Vivas

Pedro Sánchez, Fernando Grande-Marlaska y el presidente de Ceuta, Juan José VivasEFE

Mientras Ceuta acondicionaba el antiguo Hospital Militar como depósito de emergencia con capacidad para doscientos cuerpos, el presidente subía a Instagram, TikTok y Spotify un vídeo grabado en un sofá blanco de La Moncloa: «La banda sonora de mi verano», treinta y una canciones, un «feliz verano». Dos listas: la suya, de treinta y una canciones, y la de los muertos, que ni siquiera existe todavía en una versión única:

nÚMERO DE FALLECIDOS

  • 11 (Fuente: el Ministerio del Interior de Marruecos)
  • 72 (Fuente: Delegación del Gobierno de España)
  • 88 (Fuente: Gobierno de Ceuta)
  • Un centenar (Fuente: Guardias Civiles que sacan los cuerpos (AUGC))
  • Cerca de 130 (Fuente: Asociación Marroquí de Derechos Humanos)

Léase despacio, porque el orden lo dice todo: las dos cifras más bajas son las de los dos Estados implicados. Rabat admite 11 ahogados y Madrid reconoce 72. Quienes sacan los cuerpos del agua y quienes cuentan a los que faltan llegan al centenar largo. Mohamed VI y Sánchez cantan el libreto que les conviene. Con los vivos del asalto, la misma partitura: Marruecos admite 40.000 entradas, la propia Presidencia del Gobierno publicó 49.000 y el presidente de Ceuta ha llegado a hablar de 80.000, casi la población entera de una ciudad de 83.595 habitantes. Hay 862 menores acogidos donde el Ministerio preveía 29: una sobreocupación del 2.872 %.

La prueba más demoledora es que la cifra del Gobierno apareció en una nota del Departamento de Seguridad Nacional del viernes 31 de julio, que hablaba además de diecinueve cuerpos recuperados del agua aquel mismo día. La nota desapareció de la web a las pocas horas y la funcionaria que la había publicado —encargada de esa página desde hacía años, procedente de Defensa— fue destituida de forma inmediata. No es que este Gobierno elija la cifra más baja: es que borra la primera y cesa a quien la escribió.

Silencio fúnebre

La funeraria necesitó apoyo porque no tenía ni sudarios. Al otro lado de la valla, las familias esperan con una fotografía en la mano a que les digan si su hijo está vivo, muerto o simplemente no consta. Una de las ahogadas es Faten Ben Omar El Azizi, veinte años, promesa del fútbol femenino marroquí, según la Unión Marroquí de Futbolistas Profesionales. No huía de una guerra ni de una hambruna: huía del Marruecos próspero y fiable que Bruselas y Moncloa llevan años describiendo. Su muerte por venir a España dice más del país del que huye que cualquier informe diplomático. Sobre ella, silencio total.

Compases y metros

Salvamento Marítimo prohíbe navegar hasta el 24 de agosto en 671.000 metros cuadrados de mar frente a La Mareta, cuya piscina y lago artificial Sánchez ha puesto a punto por unos 15.000 euros públicos para uso y disfrute de su secreta camarilla. El lado corto supera los 750 metros. La barrera que ahora «defiende» a Ceuta se adentra 500. El perímetro de un hombre de vacaciones es más ancho que el de la ciudad española a la que dice defender.

Conviene recordar quién es este señor. En junio de 2018 orquestó el desembarco en Valencia de los 629 rescatados del Aquarius. Fue su acta de nacimiento como «líder humanitario mundial», medalla que se puso él mismo en su Manual de Resistencia. Ocho años después, para ochenta y ocho muertos en territorio español, cuatro forenses, unas boyas, algunos militares y una lista de reproducción. La diferencia es que entonces había cámaras.

Tampoco es la única distancia entre lo que predica y lo que hace: en marzo llamó «chiringuitos educativos» a las universidades privadas y en octubre aprobó un real decreto para restringirlas, el mismo mes en que su hija menor se matriculaba en una privada.

Tambores silenciados

Fuentes de la inteligencia militar y civil sostienen que hubo avisos: autobuses concentrándose en Castillejos y la probabilidad de un «gesto de magnanimidad» de Mohamed VI en la Fiesta del Trono. El Gobierno canta por Moncloa: ni Presidencia ni los servicios de inteligencia sabían nada, y su delegado declaró en RTVE —cómo no— que no tuvieron «ningún tipo de información» hasta ver entrar a la gente. Interior admite imprevisión, «la prioridad eran los incendios y no vimos la dimensión de lo que venía». Es el propio ministerio desmintiendo a su delegado: una cosa es no tener información y otra estar mirando a otro lado. Juan Jesús Vivas pidió días antes un mando único al amparo de la Ley de Seguridad Nacional. Nadie le hizo caso y nadie dimite.

Nadie dimite, pero alguien tendrá que declarar. La Audiencia Nacional ha abierto diligencias previas tras la denuncia de Iustitia Europa, que pide investigar si la avalancha fue una instrumentalización de los flujos migratorios como mecanismo de presión contra España, y depurar responsabilidades penales también entre los responsables políticos españoles por omisión de funciones. La jueza María Tardón ha reclamado a la Comisaría General de Extranjería y Fronteras un informe que aclare si hubo una acción concertada antes de decidir si es competente. Es la misma organización que el 7 de septiembre se sienta enfrente del Gobierno en el Supremo por el censo exterior.

Felipe VI no necesitó tantas palabras: la Casa Real difundió su «preocupación e indignación» y recordó que corresponde al Estado velar por la seguridad de Ceuta y Melilla. Algo desafina cuando el jefe del Estado tiene que recordárselo al del Ejecutivo.

Falta un tercer recuento, el silencioso. El Congreso rechazó en julio de 2022 ampliar el alcance de la Ley de Memoria Democrática pero el Gobierno hizo caso omiso ampliándola con una instrucción, Dos millones y medio de solicitudes después, la Junta Electoral Central se declaró incompetente y el ministro Torres afirma que no sabe en qué provincias se inscriben los nuevos españoles. Contar muertos y contar electores es competencia del Gobierno y no la ejerce en ninguno de los casos.

Réquiem por España con la esperanza en el Supremo

Queda una última nota. El Ejecutivo ha decretado luto oficial tres veces en los últimos años: diez días por el covid, tres por la dana y tres por Adamuz. Andalucía lo decretó en julio por los trece de Los Gallardos. Por los muertos de El Tarajal —cinco días después— el Gobierno no ha decretado luto oficial. Cuarenta y seis muertos en Córdoba valieron tres días de bandera a media asta; trece en Almería, uno; al menos ochenta y ocho en Ceuta, ninguno.

Queda una indecencia más. El Gobierno ha culpado del asalto al Tribunal Supremo, pero la sentencia de 29 de junio no derogó nada ni declaró ilegal el rechazo en frontera: se limitó a interpretar la disposición adicional décima de la Ley de Extranjería y a constatar que quien entra a nado no supera ningún elemento de contención. Es más: el propio tribunal dejó escrita la solución al decir que nada impediría aplicar ese mismo régimen en el mar si se establecieran allí elementos de contención. El Supremo le señaló la puerta y le explicó cómo cerrarla. El Gobierno que tardó un mes y al menos ochenta y ocho muertos en poner quinientos metros de boyas no tuvo problema para acotar los 671.000 metros cuadrados de mar listos para el baño presidencial a la llegada del presidente.

Cuenta la leyenda que Nerón tocaba la cítara mientras Roma ardía. A Nerón hay que creérselo por Tácito, Suetonio y Dión Casio; Sánchez se graba, se sube a las redes y rubrica su propia sentencia para la historia con un «feliz verano». El 30 de julio dio por terminada la emergencia nacional por unos incendios que se habían llevado más de cien mil hectáreas. Ese mismo día, de madrugada, empezó el asedio a Ceuta. Al otro lado del Estrecho, sobre esas cenizas, Mohamed VI ensaya lo que la propia inteligencia española llamó tanteos: Ceuta esta semana, Melilla cuando toque. Nerón, al menos, no mandó rebajar la cifra de los muertos.

Aunque esto no es del todo un réquiem. El 7 de septiembre, a las diez de la mañana, la Sección Cuarta de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo abre vista oral y pública para decidir si suspende cautelarmente las altas del censo exterior nacidas de la ley de nietos: el asalto al censo que este periódico lleva meses documentando y que cuatro vocales de la Junta Electoral Central denunciaron en un voto particular cuando el pleno se declaró incompetente el 16 de julio. Porque el asalto al censo es el asalto definitivo: el único del que depende que el Nerón de la Moncloa siga gobernando por instrucciones pasándose el Parlamento por el arco del triunfo que tiene a la puerta de casa. Y el único que, por fin, tiene fecha de vista. Hay esperanza para España.

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