Un grupo de personas se dirige al Centro Temporal de Inmigrantes (CETI) después de saltar la valla de Melilla
Investigación
El CNI también detectó una bolsa de candidatos para entrar en Melilla mientras el Gobierno se centraba en Ceuta
Mientras la atención del Gobierno y de los organismos de seguridad se concentraba en la avalancha que colapsó Ceuta el 30 de julio, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) advertía de que la crisis podía extenderse a otros puntos de la frontera sur como Melilla y las islas Chafarinas. El propio Centro detectó movimientos de personas y una bolsa de candidatos dispuestos a intentar el cruce en ambos enclaves, según el documento de análisis y prospectiva elaborado el mismo 30 de julio, al que ha tenido acceso El Debate entre el material desclasificado por el Gobierno sobre la crisis migratoria del pasado verano.
El documento dedica un apartado específico a la «situación en Melilla» en el que el CNI señala que, hasta ese momento, la situación se mantenía «estable» aunque «existen indicios que apuntan a un posible contagio». Y detalla cifras concretas. En los días previos habían entrado 50 personas por la localidad adyacente de Beni Ansar y se había detectado ya «una bolsa de candidatos en los alrededores de la Ciudad Autónoma». Es decir, el CNI no se limitaba a vigilar lo que ocurría en Ceuta sino que mantenía un seguimiento paralelo de la presión migratoria acumulada en el otro enclave español en el norte de África con datos actualizados al minuto de la propia jornada de la avalancha.
El aviso no se detiene en Melilla. El mismo documento recoge que tres personas habían accedido a las islas Chafarinas «motivadas por los mensajes en redes sociales y con la esperanza de acceder a un procedimiento ordinario de expulsión que les permita permanecer en España hasta su hipotética culminación». El CNI identifica que parte de quienes intentaban entrar por esta vía no buscaban necesariamente evitar cualquier procedimiento administrativo, sino aprovechar los plazos de un expediente de expulsión ordinario para prolongar su estancia en territorio español, un modus operandi que el propio Centro vinculaba al mismo efecto llamada que estaba impulsando la crisis en Ceuta.
El documento no se queda en la fotografía del momento. En su apartado de prospectiva, elaborado el mismo día de la avalancha, el CNI advertía de que «es previsible que la situación en Ceuta se extienda a Melilla y las islas Chafarinas», señalando que el efecto llamada, amplificado en redes sociales, actuaría como «catalizador para la llegada de numerosos candidatos a cruzar la frontera» en ambos puntos. El Centro llegó a detectar ya, ese mismo 30 de julio, desplazamientos hacia la zona de Ceuta de candidatos procedentes de diversas ciudades marroquíes e incluso de Mauritania, un indicio de que la magnitud del fenómeno desbordaba el ámbito estrictamente local.
Este aviso sobre Melilla y Chafarinas añade una dimensión geográfica a la crisis que hasta ahora ha quedado eclipsada por el foco casi exclusivo puesto en Ceuta, tanto en la cobertura informativa como, según se desprende de la documentación desclasificada, en la propia gestión de aquellos días. El CNI, sin embargo, no limitó su seguimiento a la ciudad donde se estaba produciendo el colapso más visible, ya que mantuvo abierto un frente de vigilancia sobre el resto de la frontera sur, anticipando con varios días de margen que la presión migratoria contenida durante 2026 hacia España, como recoge textualmente el propio documento, «está encontrando una vía propicia en la crisis de Ceuta» y que, dado el volumen y la repercusión mediática del cruce del 30 de julio, era previsible que esa presión «continúe en aumento».
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