Un grupo de policías custodiando a un grupo de inmigrantes ilegales en Ceuta
Investigación
La Delegación del Gobierno en Ceuta contestó a los avisos del CNI que los inmigrantes no se atreverían a dar el salto
Mientras el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) desplegaba un seguimiento minucioso de los grupos de redes sociales que convocaban una entrada masiva en Ceuta, la Delegación del Gobierno en la ciudad respondió a la alerta más precisa que recibió, la del 29 de julio, con un mensaje que restaba toda gravedad al aviso: que los convocantes no se atreverían a dar el salto. Así lo reflejan las conversaciones entre el CNI y la Delegación incluidas en los documentos que el Gobierno ha desclasificado sobre la crisis migratoria del pasado verano, a los que ha tenido acceso El Debate.
El intercambio arranca el 27 de julio, tres días antes de la avalancha que superaría los 20.000 accesos irregulares en una sola jornada. Ese día, el CNI pidió a la Delegación una «reunión urgente con Ciudad, Policía y Guardia Civil para tema nadadores» en referencia al goteo de jóvenes que llevaba semanas cruzando a nado la bahía sur de Ceuta. La Delegación respondió que informaría «cuando quieras», y el CNI insistió al día siguiente preguntando cómo había ido el encuentro. El 28 de julio, a las 17:07 horas, el Centro remitió además el cartel de convocatoria de una concentración prevista para el 2 de agosto,«a efectos de sus posibles consecuencias sobre el orden público».
El momento decisivo llegó el 29 de julio. A primera hora, el CNI compartió con la Delegación un pantallazo sobre un supuesto acuerdo preliminar entre Marruecos y España para devolver a un grupo de migrantes alojado en el centro de refugio de Ceuta, matizando que ninguna autoridad había confirmado aún los detalles. Después, a las 13:52 horas, llegó el aviso central de que en redes sociales circulaba un llamamiento para «asalto por valla y mar» previsto para el día siguiente a las ocho de la tarde aprovechando que las fuerzas de seguridad marroquíes «estarán liados» con la Fiesta del Trono. El CNI remató el mensaje precisando que existían «dos grupos diferentes con un total de 180.000 seguidores», una cifra que, subrayó, servía «para que te hagas a la idea del alcance de la difusión».
La respuesta de la Delegación del Gobierno, registrada apenas unos minutos después, fue de dos palabras: «Sus rilas». Se trata de una expresión coloquial, variante abreviada de «se rilan», empleada en el lenguaje informal para decir que alguien se acobarda o se echa atrás en el último momento. Es decir, la Delegación trasladó al CNI que, pese a la cifra de 180.000 personas potencialmente movilizadas que el propio Centro acababa de detallarle, no creía que los convocantes fueran a atreverse finalmente a dar el salto. A las 21:34 horas de esa misma noche, tras ese mensaje, se registró una llamada telefónica entre ambos organismos de once minutos de duración cuyo contenido no figura transcrito en la documentación desclasificada.
Menos de catorce horas después de aquella respuesta, a las once de la mañana del 30 de julio, estallaba en Ceuta lo que los propios documentos de Inteligencia califican como «el mayor fenómeno de desplazamiento masivo de migrantes de la historia de España» en la ciudad. En una sola jornada, más de 20.000 personas accedieron de forma irregular al perímetro fronterizo, provocando el colapso total de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de las estructuras asistenciales de la Ciudad Autónoma. El propio informe de análisis y prospectiva elaborado ese mismo día por el CNI detalla cómo la Guardia Civil intentó en un primer momento contener a los migrantes agrupándolos en una zona vallada, hasta que, pasadas las once de la mañana, ese contenimiento se rompió «por el pánico de los migrantes y de sus devueltos».
La minuciosidad del aviso del CNI, capaz de anticipar con tres días de margen la fecha, la hora, la motivación y el alcance exacto de la convocatoria y la respuesta de la Delegación del Gobierno dando por hecho que nada de aquello iba a ocurrir explican una crisis que, según se desprende de la documentación desclasificada, no fue fruto de la sorpresa, sino de la desatención.
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