carlos Cuerpo, vicepresidente primero del Gobierno de España y ministro de Economía, Comercio y Empresa, y Transportes
El perfil
Cuerpo, el comodín que ni es del PSOE ni va en las listas ni ha gestionado trenes
Frente al valor de la gestión defendida por Feijóo, el líder socialista lo contrarresta con este nombramiento cosmético a tres semanas de las generales
Carlos Cuerpo Caballero (Badajoz, 46 años) es un técnico y economista comercial del Estado, hijo de extremeños emigrados a Suiza, que conoce varios idiomas, entre otros el japonés y el chino, que estudió de niño en un colegio helvético, y obtuvo un máster en la London School of Economics. Ese currículum, fruto de haber tomado el ascensor social de los años 70 y 80, no le ha librado de tener que plegarse, como uno más, a la habitual y burda propaganda sanchista: tocó fondo cuanto, hace unos días, tuvo que hacer de actor secundario en una performance de Pedro Sánchez. Ambos corrían en chándal en un vídeo preelectoral grabado en El Pardo, y hablaban de mantener el «ritmo» tras ocho años y «por otros cuatro más». Cuerpo, a pesar de ser uno de los últimos en llegar al Gobierno -lo hizo en diciembre de 2023 cuando sustituyó a su mentora, Nadia Calviño- no para de acumular funciones; hasta tres carteras suma. Primero fue designado ministro de Economía, Comercio y Empresa; en marzo ascendió a la Vicepresidencia Primera con la marcha de María Jesús Montero, y desde el miércoles asume también el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, que acaba de abandonar Óscar Puente tras las dos tragedias ferroviarias en nueve meses bajo su responsabilidad. Por si fuera poco, también dirige la Comisión delegada del Gobierno para Asuntos Económicos, el «consejillo» donde se plantean las grandes decisiones económicas antes de viajar a la mesa del Consejo de Ministros.
El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, y Transportes, Carlos Cuerpo
Aunque Sánchez cuenta con el Gabinete más nutrido de la historia, hasta 22 nóminas, gran parte del poder lo concentra quien, paradójicamente, se ha negado a militar en el PSOE, a entrar en la lista electoral de Sánchez para el 29-N, no sabe media palabra de transporte y no ha ejercido como vicepresidente primero, al estilo convencional, al no contar con el perfil político aparejado al número dos del presidente. El «comodín Cuerpo» es, en un nuevo giro de veleta, el elegido para cambiar la conversación pública y hacer olvidar el desastroso desempeño del Ejecutivo. Frente al valor de la gestión defendida por Feijóo, el líder socialista lo contrarresta con este nombramiento cosmético a tres semanas de las generales. Aunque está muy alejado de las formas macarras de su antecesor y tiene perfil técnico y buena educación, que los encuestados de Tezanos premian en todos los CIS, hace un año el políglota ministro perdió algo los modales en la Comisión de Economía del Congreso cuando llamó Grinch al portavoz del PP, Jaime de Olano. Además, mantuvo una polémica con Yolanda Díaz que le tachó de «casi mala persona» por negarse a reducir media hora el tiempo de trabajo.
Es extremeño y ejerce. La primera imagen que tuvimos de él, a pesar de que había dirigido el Tesoro a las órdenes de Calviño y era su mano derecha en el Ecofin, fue cuando juró su cargo en La Zarzuela en zapatillas de color marrón, rompiendo el protocolo. Tras la toma de posesión se abrazó a su hija de once años, Cristina, nacida de su primer matrimonio. Hoy está emparejado con una compañera de trabajo, funcionaria también, llamada Marta Morano, y todavía recuerda sus años en Berna, donde sus padres impartían español, estancia que le permitió aprender francés e inglés e interiorizar la disciplina helvética. Cuando volvió la familia a Extremadura, Cuerpo se licenció en su Universidad pública y se especializó en economía monetaria. Así que preparó oposiciones a técnico comercial y economista del Estado y con 28 años las aprobó. Con ese título ingresó en el Ministerio de Economía, trabajó para la AlRef durante seis años, hasta que conoció a Calviño, que le nombró secretario del Tesoro y Financiación Internacional. Con la marcha de la entonces vicepresidenta al Banco Europeo de Inversiones se situó como su mejor recambio. Es un invitado habitual del Foro de Davos, en el que ha compartido protagonismo con la presidenta del BCE, Christine Lagarde. Cuerpo llegó a aspirar a presidir el Eurogrupo, aunque no lo logró. Trabajó para apaciguar las relaciones con Trump en un delicado viaje a Washington, donde se reunió con el secretario de Comercio, Scott Bessent, en medio de las tiranteces por los aranceles y la falta de sintonía de la Casa Blanca con su jefe, Pedro Sánchez.
Lo que sí ha aprendido el nuevo titular de Transportes es que formar parte del Ejecutivo de Su Sanchidad obliga a abandonar los escrúpulos morales
Lo primero que hizo el miércoles tras ser nombrado titular de Transportes fue llamar al presidente de Adif, Luis Pedro Marco de la Peña, para destituirle, aunque ya el exalto cargo le había trasladado a Puente que se quería ir. No es que Sánchez haya mutado con su nombramiento del guerracivilismo depredador a la tecnocracia centrista: la demoscopia que tiene Moncloa obligó a cambiar el registro en un Ministerio que ha tenido que soportar primero a un corrupto hoy vecino de Soto del Real y, después, al ministro tuitero y faltón.
Lo que sí ha aprendido el nuevo titular de Transportes es que formar parte del Ejecutivo de Su Sanchidad obliga a abandonar los escrúpulos morales y, por supuesto, a abdicar de los principios ideológicos y profesionales que uno haya cultivado. Varias carreras ya se han inmolado en el altar del sanchismo: Escrivá, Robles, la propia Calviño y ahora Cuerpo, demostrando todos que el hábito sí hace al monje. Y el hábito sanchista no es un simple salto de cama, es un uniforme.