El tren accidentado en Córdoba.
Málaga
El sistema de una empresa malagueña que 'escucha' incidencias en las vías del tren y Adif rechazó por «barato»
El plan de monitorización de NGRT, capaz de detectar roturas en segundos, revoluciona los trenes de India, Canadá y Sudáfrica, pero continúa sin aplicación en España a pesar de sus buenos resultados en las pruebas
Desde Málaga, un innovador sistema de escucha protege millones de kilómetros de ferrocarril en países como la India o Nigeria. La empresa NGRT ha desarrollado una tecnología que actúa como un «médico auscultador» para las vías. Su CEO, Richard Aroe, la define así: «Digitalizamos la monitorización para aumentar la seguridad y reducir costes de forma radical». Su idea es tan directa que maravilla: sensores que, pegados al raíl, detectan problemas por el sonido.
Un micrófono contra descarrilamientos
El dispositivo capta las vibraciones acústicas únicas de cada anomalía, desde una grieta hasta una piedra en la vía. Procesa los datos al instante en un armario junto a la vía. «Cada sensor cubre 10 kilómetros y es de bajo coste», destaca Aroe. En menos de 10 segundos, la alerta llega al control. Contrasta con los lentos trenes de inspección ultrasónica, que requieren análisis externos.
La firma ya tiene su tecnología operando en la red ferroviaria más extensa del planeta, la India. También en la nueva línea de metro de Lagos y con clientes en Canadá y Sudáfrica. «Pronto estaremos en Emiratos, Arabia Saudí y Australia», avanza el fundador. Ante la pregunta de si hubiera detectado roturas como la del accidente de Adamuz, responde sin dudar: «Sí. Detectamos la rotura en el mismo instante».
Richard Aroe, CEO NGRT
Descartado por barato
El éxito global choca con la realidad local. Y es que, en una ironía que duele, la principal virtud del sistema se volvió en su contra en España. Adif desestimó su oferta en una licitación de 2022. «Nos descartaron porque nuestro presupuesto era demasiado bajo», confiesa Aroe con pesar. Su propuesta fue un 30 % inferior al presupuesto base y fue tachada de «temeraria» en la documentación oficial.
Pese al rechazo, la compañía instaló un piloto gratuito durante año y medio en vías de Campanillas y Cártama. Los resultados fueron positivos, pero el proyecto se desmanteló sin continuidad. Aroe remarca la diferencia de coste: «Mientras un tren de inspección cuesta millones al año, nuestro sistema son unos 150 euros por kilómetro al mes». Una ventaja que, curiosamente, no convenció.
Con 14 ingenieros en plantilla, la empresa planea doblar su tamaño para 2026. Aroe eligió Málaga por su calidad de vida y costes. «Tenerlo aquí cuesta la mitad que en Madrid», asegura. Además, valora la conexión con la universidad para captar talento. Desde su sede, observan cómo su solución, nacida para ser accesible, espera aún su oportunidad en las vías que inspiraron su creación.