Pantano de la Viñuela revive tras años de expolio, mala gestión y sequía
Málaga
Desagua 14 años después el embalse de la Viñuela, considerado «muerto» en la sequía: el cambio a vista de dron
Las tormentas de marzo obligan a maniobras de desagüe en tres pantanos de la provincia para evitar desbordamientos tras alcanzar niveles históricos
Málaga mira al cielo con otros ojos. Las lluvias que durante semanas han puesto en jaque carreteras y cultivos tienen ahora una lectura positiva: los embalses están más llenos que nunca. Tanto, que han tenido que abrir compuertas para soltar agua. Es el caso del pantano de La Viñuela, el más grande de la provincia, que este martes vive su primer desembalse después de años de sequía extrema.
Lo llamativo del momento es que apenas hace dos años esta misma presa estaba declarada de manera oficial como «embalse muerto». Los mínimos históricos de entonces, cuando apenas alcanzaba el 7 % de su capacidad, han dado paso a una recuperación fulminante. Hoy roza el 87 %, con 142 hectómetros cúbicos almacenados, frente a los apenas 36 que acumulaba hace justo un año. Una transformación que pocos imaginaban posible.
No desaguaba desde 2012
Para encontrar un precedente de apertura de compuertas en La Viñuela hay que tirar de hemeroteca y viajar a los meses de septiembre y noviembre de 2012. También entonces las lluvias obligaron a desembalses preventivos. Vecinos de la comarca de la Axarquía recuerdan incluso episodios de 2004, cuando se maniobró para verificar el funcionamiento de las infraestructuras. Ahora, la historia se repite, pero con una alegría contenida: el agua, por fin, sobra.
La Junta de Andalucía activó el protocolo a primera hora de este martes, con un desembalse controlado que busca restituir el nivel máximo normal de la presa. No es una decisión menor, porque cada gota que se suelta duele después de años racionando el riego y limitando el consumo en hogares y campos. Pero la seguridad va por delante.
Dos desagües más
La Viñuela no es la única. Una hora antes arrancaban maniobras en el sistema Guadalhorce, donde se está desembalsando a un ritmo de 15 metros cúbicos por segundo, con una previsión inicial de soltar al menos 1,5 hectómetros cúbicos en 24 horas. Las tres presas de esta cuenca rondan ya el 98 % de su capacidad, una cifra que obliga a actuar con rapidez ante la llegada de una nueva dana que mantiene en alerta a toda la provincia.
Y el miércoles será el turno del Limonero, el pantano que regula el Guadalmedina a su paso por la capital. A partir de las nueve de la mañana se comprobarán los desagües de fondo y el estado de las compuertas. El caudal que liberará será pequeño, pero suficiente para despertar la curiosidad de los paseantes que estos días se acerquen al río urbano. Almacena 14,7 hectómetros, ligeramente por encima de su límite de seguridad.
Resurrección de un embalse «muerto»
El cambio de panorama es radical. El conjunto de los siete pantanos malagueños acumula ya 560 hectómetros cúbicos, muy cerca de los 603 que marcan su capacidad máxima teórica. Están, de media, al 93 % de su capacidad total, aunque si se ajusta el cálculo a los nuevos límites técnicos de algunas presas como Casasola, ese porcentaje es sensiblemente mayor.
Y eso que Casasola, que desembalsó 1,5 hectómetros estos días, está al máximo de su lleno técnico pese a marcar oficialmente un 55 %. Una paradoja que se explica por los ajustes de seguridad. La Concepción, por su parte, se encuentra al 89 %, mientras que Guadalhorce y Guadalteba, al 98 %, demuestran que la provincia ha pasado de la sed a la abundancia en tiempo récord.
La dana que acecha
Pero no todo está dicho. La nueva dana que cruzará Málaga en las próximas horas mantiene en vilo a los técnicos. Los avisos amarillos por fuertes vientos costeros y tormentas pueden variar los registros y obligar a intensificar los desembalses si los embalses corren el riesgo de superar los niveles de seguridad. Los expertos consultados recuerdan que, aunque el agua supere los límites y desagüe por la parte alta de las presas, no hay riesgo «ni para las personas ni para los elementos situados río abajo». Una forma de tranquilizar a una población que aún recuerda las inundaciones de pasados temporales.
Mientras tanto, los pantanos siguen soltando agua con cuentagotas. La que durante años fue un bien escaso ahora se derrama controladamente, en un ejercicio de gestión que busca equilibrar la necesidad de almacenar con la obligación de prevenir. Y en esa delgada línea se juega el futuro hídrico de una provincia que, por ahora, puede permitirse el lujo de abrir compuertas.