07 de agosto de 2022

El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, y el líder de ERC, Oriol Junqueras.

El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, y el líder de ERC, Oriol JunquerasDavid Zorrakino / Foto de archivo de Europa Press

El laberinto catalán

ERC aplaza la independencia hasta el 2040 y envía a Rufián a casa

Aragonès se acerca al primer aniversario de su toma de posesión y lo hace habiendo maniatado a su socio en el Gobierno regional, Junts per Catalunya

El pasado fin de semana ERC celebró su congreso «nacional», un evento que enterró, temporalmente, la vía unilateral, consagró la bicefalia Aragonès-Junqueras y priorizó la ocupación y ejercicio del poder por delante de nuevas aventuras unilaterales.
La ponencia política conducida por Raúl Romeva, exconsejero de exteriores en 2017 y condenado por sedición y malversación por el TS, apostó por aplazar la unilateralidad e insistir en la mesa de negociación bilateral con el gobierno de Pedro Sánchez quien depende del apoyo parlamentario de los republicanos para mantenerse en el banco azul.
La decisión de ERC no supone una renuncia a sus objetivos de separación de España sino a su objetivo de remover de todos los rescoldos del poder a los cargos procedentes de CDC y de Junts que han dirigido los designios de la administración catalana de forma prácticamente ininterrumpida desde 1980 excepto los seis años del tripartito entre 2003 y 2009.
ERC insiste en que ha esperado desde 1939 para volver a ocupar la presidencia de la Generalitat y su horizonte en la actualidad es poder ejercer el poder y ocupar todas las esferas del mismo. Nada es más importante para la cúpula de ERC que desalojar a los convergentes del hábitat que les parecía natural: los despachos nobles de las consejería y empresas públicas. Los pasos que ERC da en este sentido son inequívocos y el nombramiento de Rosa Romà, una persona afín a su partido al frente de la Corporación catalana de medios audiovisuales, el organismo que controla TV3 y Catalunya Ràdio y el cese de Josep Lluís Trapero al frente de los Mossos son los dos ejemplos más evidentes de que los objetivos de ERC hoy pasan por hacerse con el control total de la administración de la Generalitat y no por nuevas aventuras de resultado imprevisible.
Aragonès se acerca al primer aniversario de su toma de posesión y lo hace habiendo maniatado a su socio en el gobierno regional, Junts per Catalunya, dado que las alianzas que ERC mantiene con los Comunes de Ada Colau y con el PSC, que ofrece estabilidad en la Ciutadella –sede del parlamento regional– a cambio de apoyo parlamentario republicano en la Carrera de Sant Jerónimo, hace que las amenazas de ruptura por parte de Junts hayan dejado de quitar el sueño a Aragonès.
Cataluña vive la contradicción de que la oposición mora dentro del Consejo Ejecutivo y los socios fiables en los bancos de la oposición. El último presupuesto de la Generalitat ha sido aprobado con los votos de los Comunes y en contraprestación los republicanos permitieron a Colau aprobar sus cuentas en el Ayuntamiento de Barcelona. Salvador Illa, formalmente líder de la oposición, es el eterno suplente futbolístico que caliente la banda pero nunca llega a saltar al terreno de juego. El exministro se ofrece en todo momento para apoyar al gobierno encabezado por ERC incluso en temas tan delicados como el no cumplimiento de la sentencia que impone el 25 % de docencia en español en las escuelas pero Aragonès huye de este apoyo para no dejar el flanco independentista demasiado a merced de Junts y la CUP.

Plataformas audiovisuales

La estabilidad de la que goza Aragonès en Barcelona no es correspondida de igual forma en Madrid, y después del mal sabor de boca que dejó en Moncloa la negociación de la cuentas del Reino, que se salvaron en el último instante al ceder Pedro Sánchez que un 6 % de la oferta de las plataformas digitales audiovisuales como Netflix o HBO tuvieran títulos en lenguas oficiales que no fueran el español, la gota que colmó el vaso fue el desmarque de ERC a la convalidación en el Congreso del decreto de reforma laboral.
Tanto los ministros socialistas como Yolanda Díaz se emplearon a fondo para conseguir el apoyo republicano y dentro de ERC había muchas voces dispuestas a votar dicha convalidación porque no se veían votando junto al PP y Vox, pero cada vez son más los dirigentes republicanos que ponen en duda que Gabriel Rufián sea la figura adecuada para dirigir el grupo parlamentario en este momento.
Fuentes internas de ERC consideran que en el pasado Rufián fue un magnífico portavoz dado que sus perfomances y su oratoria chulesca y poco elaborada daba visibilidad a ERC pero que en el contexto actual en el que ERC es aliado estratégico e imprescindible por encima del PNV y de Podemos los republicanos necesitan al frente de sus filas en el Congreso a alguien con mayor enjundia y capacidad de negociación.

Sin opciones en Santa Coloma

Desde el segundo semestre del año pasado se han hecho cada vez más frecuentes los viajes de Joan Tardà, exportavoz de ERC en el Congreso a Madrid, para substituir en reuniones en Moncloa a Rufián, en muchos casos sin conocimiento de este y hace poco días unos de los diarios digitales de referencia del independentismo, NacioDigital.cat, publicó que la dirección de ERC se planteaba mandar a Rufián de vuelta a su municipio y nombrarlo candidato a la Alcaldía de Santa Coloma de Gramanet, una ciudad al norte de Barcelona de 125.000 habitantes donde el PSC gobierna con mayoría absolutísima y ERC no tiene opción alguna de conquistar la alcaldía.
La semana horribilis de Rufián, que desmintió la noticia y afirmó que «en todo caso el cargo de concejal es compatible con el de diputado» culminó con unas declaraciones evaluando las relaciones de Puigdemont y otros dirigentes de Junts con personas del entorno de Putin. Rufián calificó a los líderes de Junts como «señoritos que juegan a ser James Bond». En una primera instancia, en los mentideros políticos de Barcelona, todo el mundo dio por sentado que estas declaraciones estaban pactadas con la dirección de su partido, no obstante desde la presidencia de la Generalitat se han hecho off the records mostrado su incomodidad por la proximidad de los líderes de Junts al Kremlin, pero 24 horas más tarde, tras la enésima amenaza de Junts de romper el pacto de Gobierno, Rufián tuvo que retractarse.
ERC viaja a pasos agigantados a transformarse en una CiU del siglo XXI, un partido formalmente radical que no renuncia a la independencia pero que tienen por objetivo inmediato el ejercicio del poder y en ese contexto muchos ven a Rufián más como un activista que como un político curtido.
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