Aventuras en un sancheskiÁlvaro García de Luján Sánchez de Puerta

Las domingas de Amaral

«El papanatismo cultural pijoprogre ridículo de disidencia controlada hace aguas se mire por donde se mire»

Córdoba y España entera están repletas de festivales de todo pelaje este verano. En nuestra ciudad, mismamente, al ya desconcertante Festival de la Guitarra hay que sumarle este año el Córdoba Live -lo de la imposición de innecesarios anglicismos es de traca- con cesión gratuita del espacio público a la empresa privada organizadora, 300.000 boniatos by the face- este sí mola- de dinero público a la misma por no se sabe bien qué razón, polémica en el Ayuntamiento, y yo que mañana mismo me paso por Capitulares para pedir una subvención para mi próximo proyecto cultural en ciernes. Abrir una mercería.

Hay festivales estos días por todos lados, por las cuatro costuras de nuestra piel de toro, y puede ir desde unas olimpiadas rurales, pasando por la cancelación de artistas que no sigan el discurso conveniente, al ya legendario deporte veraniego de lanzamiento de tomates y ladrillos a los escenarios en cualquier pueblo o pedanía en fiestas cada vez que sube a cualquiera de ellos King África.

Así las cosas, de unos años para acá, se ha puesto de moda el llamado top-less reivindicativo por parte de cantantes del sexo rival en los escenarios de sus conciertos en los festivales, en defensa del empoderamiento y reivindicacion de la libertad femenina. Agárrense los machos. Tomen aliento. Aspiren y espiren, así, despacio. Mastiquen la idea, si son capaces. Barrunten el concepto hasta que les salga humo por las orejas. ¿Cómo? ¿Qué ha dicho este juntaletras de provincias? ¿Que algunas cantantes enseñan el pechamen en sus conciertos para reivindicar qué cosa? No, no, no, no puede ser; se preguntarán. Pues sí, juventud, pues sí.

Tal contrabandista de tabaco, arropado por las sombras de la madrugada, solo un rostro más en mitad del anonimato que imprime la masa, me colé en el último concierto de Amaral en nuestra ciudad, hace solo unos días. Mi objetivo no era disfrutar de las bondades del mismo, ni de los acordes de guitarra de ese señor tan raro con gorra que siempre acompaña a nuestra cantante. No. No señor. El fin de mi incursión noctívaga no fue otra que comprobar si la señorita cantante lo volvería a hacer. Me refiero a enseñarlas. Hace un par de años lo hizo en un festival de música indie -o lo que sea ya- en tierras de Burgos, en un alarde reivindicativo que nuestra cantante favorita no supo articular.

Y es que la narrativa de la cantante y otras más al enseñar las domingas, las bufas, los senos y los cosenos, la delantera, las ubres, el tetamen, en un concierto como acto reivindicativo de la liberación de la mujer, no es más que la constatación que las neuronas son un bien en extinción y de que el papanatismo cultural pijoprogre ridículo de disidencia controlada hace aguas se mire por donde se mire. Creyéndose vegetar en un eterno escenario de festival hippie de Woodstock, esta charocracia no sabe distinguir entre la realidad y un juego de LoL. Además hasta en bolas hay que tener buen gusto.

Bienvenidos a la fachosfera. Somos muchos los acusados y cada vez seremos más. Ahí les espero, bros. Bien arropado por el delito de odio, la ultraderecha, la cultura de la cancelacion, el requetefascismo y un millón de querellas. A este ritmo, mi abogado va a hacer una verdadera fortuna.

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