Por derechoLuis Marín Sicilia

El jefe ante el espejo

«Un desvergonzado y un inmoral que cree que todo vale desde el poder»

Cansado del ninguneo, de la chulería, de la risa de matón y del escaqueo de sus responsabilidades, Feijoo anunció que Sánchez sería llamado a examen en la comisión del Senado que investiga los amaños y corruptelas del llamado caso Koldo que ha devenido en caso Abalos, caso Cerdán …. y caso Sánchez que, sin duda era el jefe de los cuatro del Peugeot. Todos juntos recorrieron España, visitaron todas las agrupaciones socialistas, custodiaron las papeletas sin dormir y manipularon algunas de ellas para hacer al jefe del Peugeot, jefe del PSOE, como paso previo para que lo fuera del Gobierno y, si consiguen ultimar la toma de todas las instituciones, hacerse con ese pretendido Estado plurinacional que tanto ambicionan.

Ante esa comparecencia en el Senado le gritarán ánimo y no te rajes su ferviente corte de fanáticos seguidores, con el mismo entusiasmo y risotadas con el que celebraron la chulería de animar a Feijoo cuando anunció dicha comparecencia. Contesta a todo lo que te pregunten, insistirán sus incondicionales, que tu siempre has sido un tío «echao pa’lante», chuleta y con enganche para abducir voluntades y lograr, con tu atractiva imagen, los fines perseguidos.

Pero ten cuidado Pedro, le advertirán desde el otro lado. No vayas a caer, una vez más, en tu costumbre de mentir porque el Código Penal sanciona a quien falta a la verdad ante una comisión parlamentaria. Si para no mentir decides no contestar, además de que eso no se corresponde con tu trayectoria atrevida de galán presumido, si te acoges al silencio sabe todo el mundo que la callada por respuesta implica aquella vieja sentencia de que «el que calla, otorga».

Cualquier mortal con dos dedos de frente sabe que miles de kilómetros y cientos de días recorridos por toda España en una camaradería permanente son suficientes para el conocimiento recíproco de cada uno de los compañeros de viaje, máxime si el objetivo es compartido unánimemente. Y evidentemente, la convivencia conyugal y las relaciones fluidas de los parientes más próximos facilitan el conocimiento de los miembros de la parentela. En consecuencia, el secretario general de un partido no puede alegar ignorancia, por ejemplo, de la existencia de 405 cuentas bancarias sin fiscalizar, según ha puesto de relieve el Tribunal de Cuentas. Ni puede alegar ignorancia sobre que se reintegren como gastos de representación los pagos a prostitutas ni sobre tantas otras tropelías que se van conociendo. Por la misma razón que un cabeza de familia tiene difícil alegar ignorancia sobre las ventajas que conseguían su esposa o su hermano con los que compartía vivienda.

Sánchez no cesaba de pedir responsabilidad «in vigilando» a Rajoy. En 2017 le espetaba con rotundidad en el Congreso que «estaba rodeado de corrupción» y que «no bastaba con pedir perdón» para asumir sus responsabilidades. Los corruptos del PP, decía, «habían sido nombrados por él», por Rajoy, por lo que era él quien debía dimitir. Esas exigencias de Sánchez cambiaron cuando, ya en el poder, en 2025, proclamó compungido, a raíz del informe de la UCO sobre su segundo secretario de organización cesado, que «hasta esta misma mañana no tenía ninguna duda sobre la integridad de Santos Cerdan». Pedía perdón por ello, olvidando que, según sus propias exigencias, eso no era suficiente y que procedía su dimisión.

Como todos los jefes autoritarios, Sánchez carece de credibilidad y de coherencia, confirmando aquella vieja sentencia que define a los déspotas: haced lo que yo diga, pero no lo que yo haga. La hemeroteca es el espejo más evidente de la impúdica trayectoria sanchista como lo acredita la última mentira sobre su actitud ante los premios Nobel de la Paz que encubre el temor a la reacción de Maduro: lo fulminaría a él, a su Gobierno y al padrino Zapatero, poniendo negro sobre blanco sus oscuras relaciones con la narcodictadura venezolana, si hubiera osado felicitar a María Corina Machado.

Ese jefe, en un famoso cara a cara televisado, llamó indecente a Rajoy por no asumir los casos de corrupción de algunos políticos de su partido. «Rodeado de corrupción, debe poner fin a su agonía para no dañar a las instituciones. Por el bien de España, dimita», llegó a exigir de forma contundente. Hoy procede colocar a Sánchez ante el espejo de su propia trayectoria y de su propia indecencia, utilizando sus mismos argumentos. Y va a ser muy difícil que los ciudadanos, después de ver reflejada la imagen en el espejo de sus exigencias de integridad, sigan chupándose el dedo, salvo aquellos que tenga el mismo respeto por la decencia que el jefe de la banda.

La indecencia es la falta de honestidad y quien ha hecho de la mentira una norma de conducta es un cínico, un desvergonzado y un inmoral que cree que todo vale desde el poder. Y ya nos advirtió Oscar Wilde que cínico es aquel que sabe el precio de todas las cosas pero ignora aún el valor de una sola.

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