El perol sideralAlfredo Martín-Górriz

Rosalía rima con apostasía

«Una película como Los Domingos pueda mostrar el fenómeno de la vocación religiosa de forma ecuánime y respetuosa, sin atacarlo ni degradarlo hasta la caricatura»

En un mundo que ha realizado, en el caso de España, un proceso de apostasía general derivado en beligerante anti-catolicismo, bastan unas migajas para generar ilusión y esperanza. Y así, el uso de algunos símbolos cristianos en el último trabajo de Rosalía, ha provocado numerosos mensajes de congratulación por parte tanto de católicos como incluso de sacerdotes, encantados con el supuesto nuevo rumbo de la cantante y su posible influencia en la juventud. Algunas personas hablaban incluso de conversión. Esto muestra bien el aislamiento en el que se vive la fe, la realidad de las iglesias vacías y la hostilidad de un entorno donde ni siquiera se entiende que, por ejemplo, una película como Los Domingos pueda mostrar el fenómeno de la vocación religiosa de forma ecuánime y respetuosa, sin atacarlo ni degradarlo hasta la caricatura.

Pero precisamente aprovechando ese aislamiento se cuela el enemigo. Que tampoco es que se disfrace ni disimule. Rosalía empezó expresando sus «inquietudes religiosas» en la cama con otra chica, indicando que no sabía si Dios sería hombre o mujer. Con esa divinidad andrógina ya deberían saltar las alarmas, al menos de los católicos. En el vídeo Berghain, además de una canción horrorosa con una puesta en escena vocacionalmente desasosegante, intranquilizadora y con las habituales exhibiciones carnales a la que la cantante nos tiene acostumbrados, una voz que pertenece al diablo retahíla «I'll fuck you till you love me», que para quien no tenga el B1 de inglés se refiere al deseo de una verdaderamente intensa comunión de almas. Previamente han aparecido crucifijos (en los zapatos, lo más bajo) o el Sagrado Corazón de Jesús. En el vídeo, el desenlace muestra lo que parece una victoria del demonio en un contexto muy similar al de los vídeos de otras cantantes o las puestas en escena de clara inspiración satánica que hemos podido ver como apoteosis en Eurovisión o las últimas Olimpiadas de Francia. En la portada aparece Rosalía con un traje de monja como camisa de fuerza, y la vestimenta es totalmente blanca, como si la pureza fuera opresión.

Llamadme suspicaz: pero me da a mí que por aquí no aparece el Dios Uno y Trino ni tampoco se le espera. Y aún menos a la Madre de Dios.

Y así, Rosalía rima con apostasía, pues sólo ese ambiente extendido a todos los ámbitos puede explicar la falta de discernimiento de muchos católicos para no ver en semejante esperpento una exhibición más de anti-valores occidentales. Llámense también como se quieran: woke, judeomasónicos o liberales.

La propia trayectoria de esta artista es suficientemente clara. Empezó su carrera con un magnífico disco, ‘Los Ángeles’, un innovador album flamenco con voz paya, de raigambre católica y cierta profundidad trascendental, con la muerte como eje temático. Pero en la industria musical los tiros van por otra parte, y algo relacionado con la tradición hispana no se suele permitir, sino que se pervierte lo antes posible con el concepto latino. Allí donde había hondura, llega la superficicialidad; y la delicadeza resulta sustituida por la chabacanería y el exhibicionismo sexual. En su segundo disco, Rosalía ya empezaba a descontruir en todos los sentidos su obra primigenia. Tras él, sencillamente, se convirtió en una más de las muchas vedettes pornificadas que pululan por el mundo musical. Las primeras composiciones dieron paso a algo así como obras de arte contemporáneo, en las que música que no es tal resulta realzada por la explicación, como el que pone un perchero en un museo de arte contemporáneo y dota a la ocurrencia de un largo discurso justificativo. Y pongo el ejemplo del perchero porque estuve a punto de colgar mi abrigo en uno situado en el museo de arte contemporáneo de Córdoba y vino el guardia de seguridad a advertirme que formaba parte de una exposición. Le debí haber contestado que yo era el hermano del artista, y que venía a completar la obra con mi acción performativa.

De una fuente de tal evidencia anti-católica, nada católico puede emanar, sino más bien lo contrario. De la misma forma que en las películas de posesión infernal de Hollywood ya siempre gana el demonio, e incluso el sacerdote está poseído para poder combatirlo, este tipo de vedettes pornificadas como Rosalía tienden trampas para incautos, aunque su intención clara no sea más que ahondar en la confusión, el sacrilegio, la blasfemia y la malicia. Todo este tipo de falsas artistas se prestan a ello con denuedo pues, precisamente, vendieron su alma al diablo hace mucho.

Muchos católicos, comprensiblemente horrorizados ante el mundo que nos rodea, no se deben dejar trastocar por un mero uso de símbolos cristianos, y mucho menos ver en ellos un aliado per se cuando aparecen en el mundo del espectáculo, esencialmente anti-cristiano. A mi modo de ver, cuando ese católico observa la degradación de Rosalía, lo mejor que puede hacer es rezar humildemente por ella.

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