Alfonso Cabrera, con los niños del programa leche y galletas
«En Camerún, el dinero que ganan hoy es para comer mañana»
Alfonso Cabrera es de Córdoba y lleva nueve años viviendo en Yaundé
Ayer viernes se cumplieron nueve años de que Alfonso Cabrera Salinas llegó a Camerún. Ahora, al cabo del tiempo transcurrido, reconoce que no usa la palabra misión por una razón muy simple: «Estoy en mi casa y me siento camerunés».
A este cordobés, ingeniero de telecomunicaciones de formación, le cambió la vida el día que el prelado del Opus Dei lo destinó a este pais africano con la misión de echar una mano en el trabajo con los jóvenes, con labores de apostolado o de catequesis. Ahora, está absorbido completamente por este cometido y dedica todo el día a este encargo; por las mañana en el colegio Azobe y por la tarde en el centro Nolanga, entre otras actividades. «Soy un tío muy normal que hace cosas muy normales», afirma.
La necesidad de la formación
Alfonso, conocido familiarmente por Yuyu, está convencido de la labor que realiza en el corazón de África, donde tanto se necesita. Es un firme defensor de la formación como herramienta imprescindible para un futuro mejor de los cameruneses, porque la clave está en que ellos mismos participen de esta labor, ya que «cuando se den cuenta de que pueden ayudar es cuando va a cambiar el país». El objetivo no es otro que «formar una élite intelectual, no económica, con un sentido de compromiso con su país».
Campo de trabajo con los jóvenes del centro Nolanga
Vive en Yaundé, la capital política de Camerún. Allí la situación, lógicamente, es mejor que en los pueblos, donde viven «como en el siglo XVI, sin luz y trabajando de seis de la mañana a seis de la tarde», pero pese a ser la capital se dan casos como que «un estudiante universitario sólo come una vez al día» y esta precariedad «hace que les falte organización».
La pobreza está presente a cada paso en una sociedad en la que «el dinero que ganan hoy es para comer mañana». Así de claro. Esto le ha hecho descubrir en los cameruneses «una capacidad de sufrimiento que te edifica mucho» y que le impulsa y da fuerzas para desarrollar su trabajo.
El colegio Azobe
Las mañanas las dedica al colegio Azobe, «un proyecto educativo con una impronta cristiana, porque estamos convencidos de que el mundo, y no sólo África, se renueva con la formación de los jóvenes». Allí, como ingeniero, se dedica a materializar distintos proyectos, a batallar con las empresas, en un entorno donde «todo el mundo es camerunés menos yo».
Alumnos del colegio Azobe
El colegio Azobe echó a andar hace siete años con una veintena de niños en unas casitas alquiladas. Ahora, al cabo del tiempo, se cuenta con un edificio construido en fase de ampliación que acoge a más de 500 alumnos de 300 familias.
El centro Nolanga
Por la tarde, acude al centro Nolanga, cuyo funcionamiento es similar al club Trassierra o el Alcorce. Allí se realizan diversas actividades de formacion y a enseñarles «a encontrar a Dios en tu día a día». Yuyu recuerda que un día apareció un joven periodista, llamado Charles, en una silla de ruedas, con todos los problemas que esto conlleva en Yaundé, donde las barreras arquitectónicas están a la orden del día. «Descubrió Nolanga y le sirvió para dar sentido a su vida» y ahora es un feliz padre de familia.
Campaña de salud a cargo de los universitarios del centro Nolanga
El sistema sanitario de Camerún no da cobertura a la inmensa mayoría de la población, que carece de recursos para poder pagarla. «La gente sufre mucho», explica, y se ha encontrado casos de ancianas que en su vida han visto un médico y que sus problemas de salud los han resuelto a base de paracetamol y de remedios naturales.
Leche y galletas
«El Opus Dei viene a colmar estas lagunas que dan sentido a la vida», reconoce al afirmar que «mi día a día es una misión». Por esto también organiza otras actividades en las que implica a los jóvenes locales. Por ejemplo, una vez al mes lleva a cabo el proyecto leche y galletas. Algo tan simple es excepcional en Camerún, donde «aquí no hay leche, es un lujo, y viene importada en polvo».
Proyecto leche y galletas en un orfanato de Camerún
En cada ocasión visitan un orfanato y por sólo 50 euros pueden merendar unos 150 niños. «Ya les he enseñado a mojar las galletas», comenta a la hora de reconocer que «lo de que es mejor dar que recibir es real como la vida misma».
Otras actividades
Los jóvenes que acuden al centro Nolanga también realizan otra labor en periodos concretos como la Navidad consistente en visitar a los refugiados que llegan a Camerún huyendo de otros países. Yuyu Cabrera ya ha implantado allí la costumbre del Belén, que regalan a estas familias con las que cantan villancicos y comparten un rato de confraternidad.
Visita a familias de refugiados que huyen de la guerra del noroeste del país con el proyecto Navidad para todos
También desarolla campañas de salud y organiza visitas a los pueblos en donde el que es ingeniero se dedica a arreglar puerta, paredes y techos; el que es profesor da clases de refuerzo a los maestros y también se imparte capacitación en actividades remunerativas, con las que puedan ganarse la vida, como fabricando yogurt, mermeladas o manteniendo una granja de pollos.
La población de Camerún es mayoritariamente católica, con un 50 por ciento, aunque concentrado fundamentalmente en las dos grandes capitales. El resto se reparte entre un 30 por ciento de protestantes, un diez por ciento de musulmanes y otro tanto de animistas. El catolicismo es joven, tiene 125 años de antigüedad, y está impregnado de sincretismo. La inculturación está amoldando las formas a la cultura local, porque «todo lo bueno de la cultura lo recoge la fe y lo potencia», apunta.
Cómo ayudar
Cuando se le pregunta sobre cómo se puede ayudar responde con rapidez que «quien rece, con oraciones». En el terreno material, Yuyu cuenta con la colaboración de su hermana Rosario Cabrera, quien a través de su farmacia en la calle Cruz Conde canaliza la ayuda. «A ella se le puede pedir información sobre el colegio, que estamos haciendo poco a poco, y también por los proyectos humanitarios, como el de leche y galletas o la campaña de salud», explica.
Aula del colegio Azobe
Pero en Yaundé también son bienvenidas otras donaciones, como las de material escolar, medicamentos o cualquier otra cosa que luego en verano se traslada hasta allí por quienes van a echar una mano.