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02 de marzo de 2024

Detalle de un bajorrelieve asirio de Nimrud

Detalle de un bajorrelieve asirio de Nimrud

Moda

¿Fue el bolso en sus inicios un complemento masculino?

Ese artilugio tan femenino, fuente de tantas interpretaciones, fue en realidad un invento para los hombres de las clases altas hace más de 5000 años

Como en tantos asuntos globales, desde personajes mágicos a refranes, el folklore global demuestra que muchas tradiciones y artilugios se dan a la vez en distintos lugares del mundo. En el caso del bolso, tal y como lo conocemos actualmente, con asa y un tamaño fácil de llevar, sus orígenes parecen remitirse a la antigua Mesopotamia, la zona actualmente ocupada por Irak, Turquía y Siria, entre los ríos Tigris y Éufrates. Pero también se desarrolló separadamente en China, Egipto, Persia e incluso la isla de Pascua.
Los sumerios, babilonios y asirios, en esa zona conocida como la cuna mesopotámica de la civilización actual, se asentaron culturas que durante miles de años impulsaron el progreso mundial en temas tan cruciales como la escritura, la rueda, el comercio, la jornada de 24 horas, el riego de los cultivos, la cerveza o el derecho. Pero también desarrollaron costumbres en el ámbito del maquillaje e incluso de la moda. ¡Quién hubiese imaginado a los sumerios coquetos y a los asirios retocándose la cara!
Es en esa Mesopotamia fue donde se encontraron los primeros vestigios de los actuales bolsos, dibujados en los bajo relieves en piedra que ahora se muestran en el Museo Metropolitano de Nueva York. Se presenta en uno de ellos a un rey asirio en un panel procedente del Palacio del Noroeste de Nimrud, en el actual Irak.
Bajo relieve asirio de Nimrud, ahora en el Metropolitan Museum de Nueva York

Bajorrelieve asirio de Nimrud, ahora en el Metropolitan Museum de Nueva York

En Gobekli Tepe, el primer santuario conocido, que data de hace aún más, casi 11.000 años, y se sitúa en la actual Turquía, se evidencia el desarrollo de la agricultura, de la vida en común y de la cultura. En los monolitos encontrados se muestran bajo relieves prehistóricos que ya revelan imágenes de bolsos. En la zona de Egipto, Persia, la Isla de Pascua, Centroamérica y China también constan dibujos y relieves en las esculturas de ese pequeño artilugio que se llevaba en la mano, inicialmente portado por los recolectores de cosechas.
Lo más curioso es que fuesen los hombres de cierto rango social los primeros y principales usuarios del bolso y no las mujeres, como es ahora. Hechos en cuero y con asas, pronto comenzaron a cambiar de propósito y diseño, sirviendo a los nobles para portar material de maquillaje y utensilios de belleza, ya que fueron ellos los primeros en acicalarse y retocarse para mantener impecable su imagen, su estatus y sus rituales. Mucho más tarde, solo cinco siglos antes de Cristo, en Grecia comenzaron a utilizar el bolso en sus viajes y durante el Imperio Romano los sirvientes transportaban el dinero de sus señores en bolsos para acudir a la compra, ya que los vestidos y ropajes no contaban con bolsillos.
Gobekli Tepe, bolsos en bajo relieve del más antiguo templo/monasterio del mundo

Gobekli Tepe, bolsos en bajo relieve del más antiguo templo/monasterio del mundo

En la Edad Media, se llevan los bolsos a la cintura y servían para portar alimento, herramientas o joyas. Ya en el Renacimiento, se decoran los bolsos con bordados y piedras preciosas para indicar el estatus social del portador. Tras el Renacimiento, los vestidos se hicieron más sofisticados y los bolsos en forma de pochette comenzaron a utilizarse para no modificar las siluetas de los vestidos y en ocasiones para llevar pot-pourri perfumado, ya que la higiene brillaba por su ausencia.
Bolso del Renacimiento

Bolso del Renacimiento

Durante el siglo XVIII la silueta se refina y los bolsillos interiores en los que ellas llevaban a veces su dinero o accesorios se convierten de modo permanente en un complemento externo al vestido. Comienzan a añadirse bordados, pompones, perlas y cierres metálicos. En el siglo XIX, con los primeros viajes de lujo se desarrollan los equipajes y bolsos resistentes, como los de Louis Vuitton, que procedían de las cajas de madera y de los cubos de comida para los caballos.
Con el siglo XX y la emancipación de la mujer, el bolso se hace más grande para llevar libros, documentos, cosméticos u otros efectos personales. El bolso comienza a ser un accesorio de moda y no solo un complemento funcional. Se llevan a juego con la ropa, varían según la hora del día o se conjuntan con los zapatos. Las guerras hacen que en lugar del asta, el marfil, las pieles exóticas, la madera, las plumas o el cuero, se utilicen el bambú, las telas sencillas o los plásticos primigenios.
Bolso con asas de bambú de Gucci, réplica de los que se crearon en la época de carencia de los años 40/50.

Bolso con asas de bambú de Gucci, réplica de los que se crearon en la época de carencia de los años 40/50.Gucci

Ahora, la intimidad femenina contenida en cada bolso, la marca, material, color y forma elegida, el tamaño o los detalles son parte de la expresión de su portador@, de su personalidad y de cómo se desea mostrar ante el mundo. Actualmente, se valoran la artesanía, el producto kilómetro cero y las creaciones naturales. Los bolsos «estatus» se pusieron de moda a comienzos de los años 50. La elección de la marca de un bolso ha sido desde entonces una decisión que asocia la personalidad del cliente a los valores intrínsecos y publicitados de cada enseña.
Pero, desde que todo el mundo accede a piezas muy similares, el bolso es menos la expresión del éxito social o económico de una persona que antes. Los que se pueden permitir buenas piezas, no tienen por qué presumir de cuenta bancaria. Así que siguen siendo los parvenus los que más hacen cola en las clásicas tiendas de alta moda europea para llevarse el gato al agua.
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