Isabella Blow y Alexander McQueen
La difícil relación entre McQueen, el diseñador de cabecera de Kate Middleton, y su musa Isabella Blow
Wild Bird es la la nueva película que explora la historia de amistad y traición entre el modista y su impulsora
Wild Bird, pájaro salvaje en español, es el nuevo biopic del mundo de la alta moda que se estrenará este año. El cortometraje narra la interesante y compleja relación entre el diseñador de moda Alexander McQueen y su musa e impulsora, la estilista y editora de moda Isabella Blow. Cuentan con una coprotagonista de lujo, ya que el papel de Blow lo lleva a cabo la premiada Olivia Colman.
Dirigida por Andrew Haigh (de All of Us Strangers), la película está protagonizada también por Russell Tovey como Alexander McQueen, y recrea la intensa amistad, lealtad y deslealtad, entre el creador de moda y su descubridora, Blow, que reparó en él a principios de los años 90, cuando nadie le conocía.
La energía creativa que se estableció entre estos dos «enfants terribles» de la moda en los años 90 llegó a marcar el estilo británico de la época, que ya contaba con personajes disruptivos como la muy díscola, punk y locuela Vivienne Westwood. Pero la relación entre mentora/musa y creador se rompió con violencia cuando Alexander McQueen fue nombrado director creativo para la entonces ya lánguida casa Givenchy. Al entrar en el grupo LVMH, probablemente McQueen no fue capaz de conseguirle un puesto en Givenchy a Isabella Blow, demasiado excéntrica para el grupo francés. Todo se rompió entonces pero llegó a empeorar cuando McQueen creó su propia marca en 2001. Años más tarde, en 2007, Isabella Blow se suicidó.
Alexander McQueen y Sarah Jessica Parker
Isabella Blow, «Issie» para sus más cercanos, había nacido en el seno de una familia aristocrática en 1958. Su nombre de soltera había sido Isabella Delves Broughton y se le atribuyen otros «descubrimientos» en el mundo de la moda, tal y como lanzar al diseñador de sombreros Philip Treacy, de quien se convirtió en principal modelo y musa, impulsar la carrera de la famosa modelo aristocrática Stella Tennant, que desfiló para Chanel entre otras marcas, o lanzar a la más rotunda Sophia Dahl, otra modelo de éxito.
Compañera de la actriz y princesa Catherine Oxemberg en la Universidad de Columbia, trabajó también para Guy Laroche y para Vogue USA. En Nueva York, se hizo amiga de Andy Warhol y Basquiat, disfrutando de noches y días locos en The Factory. Al volver al Reino Unido en 1986, comenzó a colaborar para la revista Tatler y para el Sunday Times Style.
Conocí brevemente a Alexander McQueen cuando pasó del grupo LVMH (él estaba en Givenchy) al grupo Gucci para crear su propia marca. Me lo presentó Domenico De Sole, el presidente del grupo Gucci en aquel momento, que llamaba a Alexander «Lee», como su entorno más íntimo y que me dijo: «los dos cambiáis de grupo a la vez», puesto que aquello fue en 200, cuando yo pasé de Louis Vuitton a Gucci como directora general de varios países. Pero otra vez, y ahora en su nuevo proyecto personal, McQueen no contó con Isabella Blow para nada, lo que empeoró más su relación. Isabella se volvió a sentir traicionada y ninguneada.
La modelo Kate Moss con Jefferson Hack y la estilista de Isabella Blow en un desfile de Alexander McQueen
En su marca propia, Alexander McQueen comenzó a conjugar elementos de la cultura británica con los conocimientos técnicos adquiridos durante años en las sastrerías de Saville Row. Transgresor, irreverente, inconformista, anarquista y antimonárquico, una perita en dulce, Lee recibió encantado de manos de Isabel II el título de Comandante de la Orden del Imperio Británico. Cuando Isabella Blow se suicidó en 2007, McQueen le dedicó su siguiente colección.
Pero el mismo Alexander McQueen siguió el ejemplo de su amiga y se autoeliminó en 2010. Tras su muerte, Sarah Burton – mano derecha de McQueen– llevó las riendas creativas de la casa hasta 2023. Desde entonces es Seán McGirr, irlandés, el actual director creativo de la marca. Formado en la Central Saint Martins, McGirr ha centrado sus colecciones en una «opulencia andrajosa»- según sus palabras- de siluetas ajustadas y rudeza mezclada con refinamiento. Todo para, según dice, revelar el «animal interior» que todos llevamos dentro. Ojú. La película Wild Bird promete - como poco - ser una incursión en el loco mundo de la moda británica de las décadas pasadas. Ya veremos.