Padres paseando por el Parque de Maria Luisa en 2020
Las familias de acogida reclaman menos burocracia y más ayuda para criar a los niños
Cruz Roja ha presentado este jueves el estudio Familias de Acogida: análisis de los sistemas de soporte a esta modalidad de cuidado alternativo
Las familias de acogida creen que son insuficientes las ayudas para abordar los costes ordinarios de la crianza, que oscilan entre los 120 euros mensuales y los 600 según la comunidad donde vivan, y piden menos burocracia para facilitar la convivencia y el desarrollo vital de estos niños tutelados.
Cruz Roja ha presentado este jueves el estudio Familias de Acogida: análisis de los sistemas de soporte a esta modalidad de cuidado alternativo, que analiza la situación de las familias y el mapa legislativo en materia de protección a la infancia de las administraciones autonómicas, competentes en materia de infancia.
Actualmente hay más de 50.000 menores bajo la tutela de las comunidades, 16.177 viviendo en residencias y 18.455 en acogimiento familiar, de los que más de la mitad son familias extensas (abuelos, tíos).
«A las familias de acogida les gustaría tener mayor información sobre las enfermedades o la historia de vida de los niños, cargados de una mochila con muchos traumas, para gestionar las separaciones y los duelos, pero también coinciden en que el apoyo económico que reciben es insuficiente y que les gustaría también mayor acompañamiento profesional», ha explicado Estrella Rodríguez, directora del área de Estudios de Cruz Roja.
La desigualdad entre comunidades
Las familias se quejan de su escasa visibilidad en la sociedad sobre la labor que realizan y piden sensibilizar para que se conozca esta experiencia y se sumen más familias.
Pero también, de que no se les ofrezca más ayudas para gastos extraordinarios, como cubrir necesidades específicas cuando se necesitan tratamientos especializados no cubiertos por el sistema público, terapias, tratamientos dentales o extraescolares.
«Las familias de acogida asumen la mayoría de estos gastos, también refieren la sobrecarga que generan los procesos burocráticos en los que se ven inmersos y solicitan la simplificación de trámites y la implicación de todos los sistemas públicos», para facilitar su escolarización o en el sistema sanitario, ha añadido la directora de estudios de la entidad.
El informe destalla las desigualdades entre comunidades para atender las mismas situaciones: un acogimiento simple recibe una ayuda de entre 120 euros mensuales y 616; y para un acogimiento especializado o profesionalizado, entre 393 euros y 1.020 euros, detalla el estudio con datos de 2020. Recuerda que según la estimación de Save the Children el coste real de la crianza de un niño en España asciende a 672 euros mensuales por hijo.
Pero también pone de manifiesto que el desarrollo legislativo autonómico en materia de acogimiento familiar es desigual, y no está actualizado en algunas comunidades autónomas: «Sólo tres comunidades tienen en vigor un Estatuto del Acogedor, que recoge la regulación de los derechos y deberes de las familias acogedoras y de los niños y niñas acogidos», ha indicado la experta.
«Nos salvaron la vida»
Isabel Gutiérrez, tiene 30 años, está emancipada, vive en Palencia y trabaja en el sector de la moda. «Tenía 10 años, vivía en un centro y decidí escribir una carta pidiendo una familia; me dieron la oportunidad de crecer con unos padres, tener unas navidades y un hermano», cuenta en el acto organizado por Cruz Roja.
Siempre mantuvo el contacto con su familia biológica, que veía cada mes: «En uno de los encuentros, yo noté el agradecimiento de mi padre biológico a mi familia de acogida porque él no podía darme estudios, ni cuidarme, era una oportunidad para mi».
María Ángeles también vivió en un centro hasta que a los 7 años una familia le acogió, que no fue la definitiva. «Desde los 8 años vivo con mi familia, espero que dure para siempre, me han criado ellos, me han dado la vida y si no fuera por ellos no estaría aquí».
Ahora tiene 20 años y estudia magisterio. Relata los problemas que tiene para solicitar una beca y realizar cualquier gestión al ser una persona en situación de acogimiento. Tiene miedo a salir del sistema: «Espero que no acabe la prolongación de la protección. Tras cumplir los 18, me quedaría sola, no tengo salida y nunca volvería con mi familia biológica», concluye