Rubén Ortega, fundador de Famiplay
Entrevista con Rubén Ortega
El fundador del Netflix católico y familiar: «Se habla mucho de la influencia woke, pero el fenómeno va más allá»
Rubén Ortega, cofundador de Famiplay, alerta de cómo las grandes plataformas «intentan imponer una nueva visión del ser humano» y reconoce que «la calidad del cine católico debe dar un paso más allá»
Poco antes de que estallase la pandemia del covid, un pequeño grupo de profesionales del ámbito audiovisual se lanzó a crear una plataforma que reuniese contenidos aptos para toda la familia, con especial predilección por el público católico. Algo así como un Netflix sin venenos ideológicos. Y así fue como nació Famiplay.
Ahora que se cumplen cinco años de su lanzamiento, esta plataforma online «de cine, documentales y contenidos para toda la familia» sigue siendo una especie de unicornio, un ejemplar sin competencia en un mercado sobresaturado de ofertas de entretenimiento audiovisual, en el que, además, la demanda de contenidos cristianos no deja de crecer.
Como explica su cofundador y mánager, Rubén Ortega, «aunque todos tenemos a mano un abanico muy variado de contenidos, muchos no resultan compatibles con la fe católica. Así que lo que pretendemos es ofrecer un espacio seguro, y actuar como ese grupo de amigos de confianza que te recomiendan una película o te desaconsejan una serie, aunque el algoritmo te diga que está de moda».
— ¿Realmente es importante que los católicos cuiden el tipo de películas y series que consumen?
— Estamos inundados de contenidos audiovisuales a través de la televisión, internet, plataformas y redes sociales, y gran parte de ese contenido puede tener un efecto perjudicial para cualquiera de nosotros. Es fundamental tener espíritu crítico y comprender que hay producciones que, bajo el pretexto del entretenimiento, en realidad están inculcando una ideología o cultura diametralmente opuesta a la nuestra. Es como el experimento de la rana y el agua caliente: si pones una rana en una olla con agua caliente, saltará de inmediato. Pero si la colocas en una olla con agua fría y la vas calentando gradualmente, la rana terminará cocida sin que se dé cuenta. Esto mismo ocurre con los productos culturales. Por eso hoy es más que necesario activar ese radar que nos advierta cuando un contenido intenta influirnos, y así tomar las medidas oportunas.
— La cuestión es que parece que no hay alternativas a ese conglomerado mediático…
— Por eso mismo, este es el momento de promocionar la cultura audiovisual católica, que apoye a los creadores de contenidos positivos y que fomente valores. Desde Famiplay lo hacemos desde el primer día, y de ahí que destinemos el 50 % de nuestros ingresos a los productores y distribuidores, compensando ese gran esfuerzo que hacen en la producción a contracorriente de este tipo de contenidos. Queremos ayudarles a producir más películas, series y documentales.
— ¿Están deformando la conciencia de las familias los contenidos «mainstream» que encontramos de forma frecuente en plataformas como HBO, Netflix o Prime?
— Generalizar no es lo más adecuado, ya que en todas las plataformas se pueden encontrar contenidos de valor. Sin embargo, es cierto que en las grandes plataformas impera una filosofía que, poco a poco, intenta imponer una nueva visión del ser humano y de las relaciones interpersonales. A través de los contenidos culturales, especialmente los audiovisuales, se busca influir en la sociedad para modificar conductas y creencias. Y eso hoy sí que se observa con mayor intensidad.
— ¿Por ejemplo?
— No quiero señalar plataformas concretas, pero sí algo que las une: todas utilizan la ingente cantidad de dinero del que disponen para invertir en producción, y eso les permite ejercer una influencia ideológica muy marcada. Se habla mucho de la influencia woke, pero el fenómeno va más allá. Desgraciadamente, valores fundamentales como el respeto a la vida, la fidelidad en las relaciones, la amistad y la familia, entre otros, no son referencias frecuentes en las historias narradas por las principales producciones. Por eso es imprescindible estar alerta ante intentos de deformar nuestra conciencia y, sobre todo, apoyar la creación de contenidos positivos que, en lugar de distorsionar el pensamiento, enriquezcan y fomenten el sentido crítico. La pregunta es cómo podemos apoyar estas producciones.
— Pues usted dirá…
— Sencillamente, dándoles visibilidad: yendo al cine para respaldar económicamente con la entrada, difundiendo esas obras o apoyando iniciativas como Famiplay, que abre un canal público de difusión para contenidos que, por cuestiones ideológicas, no encuentran espacio en las grandes plataformas.
— En los últimos años, raro es el mes en que no hay varios estrenos de películas relacionadas con la fe. ¿Existe una demanda creciente de producción audiovisual católica?
— Los datos muestran claramente que sí existe un creciente interés por las producciones católicas. Cuando empecé en el mundo del cine y los documentales católicos, en 2007, ninguna de esas producciones lograba llegar a las salas de cine. Era un mercado residual, limitado a DVD y ventas en librerías especializadas. Es gratificante ver cómo ha evolucionado el cine católico, y cómo ahora, todos los meses podemos encontrar producciones nacionales e internacionales en cartelera. Además, en los últimos años, varias producciones católicas han logrado posicionarse entre los documentales más vistos en cines de España. Aunque estamos en un buen momento, aún queda mucho por hacer.
Rubén Ortega, fundador de Famiplay
— ¿Por ejemplo?
— El cine católico debe dar un paso más para ser catalogado simplemente como cine, sin necesidad de llevar el calificativo «católico». Y para eso es imprescindible que las historias que se cuenten sean más universales y, sobre todo, diversificar los formatos. Necesitamos contar historias en formato de serie para alcanzar grandes audiencias, y explorar más géneros, sin limitarnos al documental, el drama o la biografía. Una buena comedia, por ejemplo, puede conectar con un público mayor que un drama demasiado serio, sin desmerecer ningún género.
— Ahí están los taquillazos de Santiago Segura con sus películas familiares, que no tienen nada de piadosas pero muestran familias unidas que viven felices…
— Eso es. Y además, la calidad es clave, porque está directamente vinculada a la capacidad de atraer espectadores. Sería ideal que las producciones católicas contaran con presupuestos adecuados para competir en igualdad de condiciones. Y para eso, ayudaría que un mayor número de espectadores pague legalmente por este contenido y, de ese modo, se financien estas producciones.
— Con Famiplay os lanzasteis a la aventura poco antes del covid. ¿Hemos cambiado los modos de consumo desde la pandemia?
— La palabra «aventura» define muy bien nuestra experiencia. En realidad, hace 7 años que nos lanzamos a crear la plataforma, porque vimos que en el mercado en español no había nada similar y que las grandes distribuidoras y plataformas marginaban el contenido católico o basado en determinados valores. Tras años de intenso trabajo, poco antes de la pandemia Famiplay vio la luz, y ahora vemos que entre el público que nos conoce hay un gran interés por este tipo de contenidos. Además, estamos ayudando a cientos de productores, españoles e internacionales. Sin embargo, tenemos todavía retos por delante, como contar con un presupuesto mayor para que más gente conozca la plataforma. Porque, además, que es una verdadera odisea encontrar en el mercado audiovisual actual obras inspiradoras que construyan ese contexto enriquecedor para toda la familia.
— ¿Y cuáles son los «contenidos estrella»?
— Entre los favoritos de nuestros usuarios se encuentran documentales con una marcada impronta espiritual, como Corazón de Padre, Corazón Ardiente, Vivo o El cielo no puede esperar. También comedias, como Ático sin ascensor (con Diane Keaton y Morgan Freeman), pequeñas joyas como Una razón brillante, La vaca o Entre Rosas, y éxitos internacionales como Nefarious. Además, desde hace unos meses hemos empezado a generar contenido propio que está gustando mucho: los cinefórums en directo. Al menos una vez al mes emitimos una película —muchas veces de estreno— y realizamos un coloquio con personalidades, ya sea del equipo de la película o especialistas en el tema. Y los espectadores pueden intervenir a través de WhatsApp. Así que invito a los lectores de El Debate a estar atentos a nuestras redes sociales para informarse sobre las próximas sesiones.