Entrevista a Javier Puente
Entrevista a Javier Puente, presidente de la Fundación Familia y Dignidad Humana y ex senador del PP
Javier Puente: «Si eliminas a Dios y a la familia, sólo te queda agarrarte al Estado y que te dé una paguita»
El presidente de la Fundación Familia y Dignidad Humana y ex senador del PP, galardonado con el Premio CEU a la Defensa Pública de la Vida, recuerda la importancia del activismo provida en la sociedad civil «porque los políticos van con miedo en este campo por miedo a que no les voten»
Javier Puente preside la Fundación Familia y Dignidad Humana, que aglutina a más de un centenar de políticos y expolíticos de distintos partidos, comprometidos con la defensa de la familia y de la vida, desde su concepción hasta su muerte natural. Su compromiso público, también durante sus años como senador del Partido Popular por Cantabria, le ha puesto en la diana de ataques personales, amenazas de reprobación y presiones (incluso dentro de su propio partido).
Sin embargo, lejos de arredrarse para garantizarse una cómoda poltrona, el también miembro de la red internacional Political Network for Values ha optado siempre por permanecer fiel a sus principios, sin renunciar a aquellos valores en los que cree, ni ocultar la fe católica de la que nacen sus convicciones. Por ese motivo, acaba de recibir el Premio CEU por la Vida, que desde hace diez años entregan el Instituto CEU de Estudios de la Familia, de la Universidad CEU San Pablo, y la Asociación Católica de Propagandistas.
–Parece que la defensa de la vida y de la familia ha quedado limitada a la sociedad civil, y que a los políticos conservadores les cuesta levantar esa bandera. ¿Por qué es importante que en la política haya personas que estén implicadas en esta causa?
–En realidad, lo más importante es que la sociedad civil defienda estos valores, y que culturalmente se defienda lo que es bueno. Incluso aunque a veces parezca que que vayas a contracorriente cuando defendemos estas cosas. Pero es que ir contracorriente es lo que te hace sentirte vivo. Al final, el bien prevalecerá. El aborto es un drama social que hay que revertir, y para hacerlo, es importante que esa sociedad civil esté a favor de la defensa de la vida.
–Sin embargo, la labor política es esencial. Y mientras los políticos que promueven el aborto y la desestructuración de la familia natural, sobre todo desde la izquierda, lo hacen de forma evidente y legislando, en la derecha siempre se separa «lo que yo creo» de «lo que yo debo legislar». En la derecha, ¿falta convicción, falta arrojo o falta claridad de ideas?
–Te reconozco que cuando estás en política, a veces piensas que vas a contracorriente. Pero me reitero: ir contracorriente es lo que te hace sentir vivo. Es verdad que yo no me puedo poner en los zapatos de los demás, y que cada uno tiene sus opiniones y sus circunstancias para hablar o callar. Yo he tenido una etapa en política, pero no vivo de ella. Y sé lo importante que es que estas ideas tengan representación política. Pero por eso es tan importante el debate cultural: que sea la sociedad civil quien defienda la cultura de la vida y de la familia natural. Porque ellos son los que votan, y muchas veces el político va con miedo en este campo por temor a que no le vayan a votar.
–A usted no le movió ese miedo...
–Personalmente, lo que sí puedo decir, como esposo y como padre de tres hijos, es que los momentos más felices de mi vida han sido los que he vivido con mi esposa y junto a mis hijos. Sé que la familia te reconforta y te hace feliz, por muy duro que haya sido el día que has tenido. Y si, como bien dices, los que defienden la posición contraria lo hacen sin ningún tipo de escrúpulo, yo también quiero defender sin complejos aquello en lo que creo.
–Dice que lo más progresista es ser contrario al aborto...
–Sin lugar a dudas, creo no se me ocurre nada más progresista que defender la vida, defender al más inocente, defender al niño por nacer, defender a la mujer embarazada. Eso es lo que hace el verdadero progreso y lo que hace una sociedad muchísimo mejor para todos, que es la que yo quiero para mis hijos. Y también la defensa de la familia, esa institución que educa, que protege y que cuida desde que eres niño hasta que eres mayor. Cuando tienes una necesidad, siempre está la familia ahí para para ayudarte. La mayor protección no te la da el Estado, sino la familia, que además es un entorno de amor y cariño.
–¿Por qué, si es tan alarmante el invierno demográfico en el que estamos, no se adoptan medidas reales de promoción de la natalidad? ¿Qué intereses hay detrás?
–Esta respuesta no la sé. No sé por qué no se hace una política fuerte de natalidad, si cuando miramos hacia los países que la están llevando a cabo, como Hungría, vemos que funciona. Tendríamos que poner una alfombra roja a la mujer embarazada y al niño que va a nacer. Esas políticas son hoy muy necesarias, porque llevamos ya mucho tiempo hablando de que no alcanzamos el relevo generacional. Es justo lo que pedimos desde la Fundación Familia y Dignidad Humana, con propuestas que hemos registrado ante el Congreso y ante el Senado.
–Si esas medidas no se atienden, a pesar de que se sabe que funcionan, ¿es que hay un proyecto deliberado, compartido por la izquierda y por parte de la derecha, para evitar la promoción de la natalidad y la familia?
–Ahí entramos en temas políticos bastante profundos. Yo sólo puedo dar una opinión de lo que voy viendo. Y es que al individuo se le está dejando solo. Se dice que el Estado está por encima de todo y al final, para que el Estado tenga todo el poder, la sociedad tiene que estar formada por individuos sin ningún tipo de fuerza. Ahí hay dos líneas claras: una ataca a la familia, que es la mayor red de protección social que tenemos cada uno; y otra que trata de eliminar a Dios de nuestras vida, con todos los ataques al cristianismo, que es el otro soporte en el que puedes apoyarte. Si de la ecuación eliminas a Dios y eliminas a la familia, el individuo se queda solo, totalmente desprotegido, y al final se agarra la paguita que le da el Estado, porque no tiene otra cosa donde agarrarse.
–¿Cómo quiere terminar esta entrevista?
–Pues que diciendo que, igual que recibir el Premio por la Vida, representando a tantísimas personas que defienden nuestros valores, es un motivo de alegría e ilusión, también la defensa de la vida y de la familia tiene que ser una causa que muestre alegría, ilusión, y la felicidad de lo que vemos en ella. Seas de izquierdas o de derechas, cuando se trata de la familia, cuando ves el nacimiento de un hijo, o el éxito de un hermano, descubres todo lo positivo que hay en la promoción de la vida y de la familia. Yo invito a todo el mundo a que traslade esa ilusión, esa alegría, en el grupo de amigos, en su entorno... Porque estamos defendiendo lo bueno, y al final, lo bueno se volverá a imponer y volverá a ser lo normal.