Los expertos han identificado las 5 frases más perjudiciales para corregir a un hijo
Las 5 frases que nunca deberías decir a tus hijos (y por qué)
Aunque a todos los padres se les pueden escapar en alguna ocasión, los expertos han identificado varias afirmaciones que hieren de forma especial a los hijos y refuerzan los comportamientos que buscan corregir
Lo que decimos a nuestros hijos no sólo influye en su comportamiento inmediato, sino que moldea su identidad, su autoestima y su salud emocional a corto, medio y largo plazo. Algunos psicólogos y psiquiatras, como Marian Rojas, insisten en la necesidad de recordar «la grabadora interior» que todos llevamos incorporada, y que sobre todo en la infancia «graba» en nuestra memoria las palabras que nos dicen aquellas personas que tenemos cerca y a quienes queremos, para utilizarlas, a lo largo de la vida, para hablarnos a nosotros mismos.
Por eso, diversos estudios científicos han identificado al menos cinco frases cotidianas que, aunque bienintencionadas, pueden dejar cicatrices invisibles en nuestros hijos:
1. «Deja de llorar, no es para tanto»
Esta frase, común en momentos de frustración, invalida las emociones del niño. Porque calmar al niño, o hacerle ver que está dando demasiada importancia a algo nimio (quizás, en realidad, por cansancio o hambre), no significa despacharlo de modo despectivo. Según explica la psicóloga clínica Laura Markham en Psichology Today, decirle a un niño que deje de llorar, sin ir a la raíz del problema, le enseña que sus sentimientos no son válidos, le «adiestra» en la represión emocional y genera dificultades para expresar sus sentimientos en el futuro.
2. «¿Por qué no eres como tu hermano?»
Parece algo evidente, pero por desgracia muchos padres no caen en la cuenta: con el afán de mostrar un buen ejemplo, comparan a los hijos entre sí, lo que puede generar rivalidad, sentimiento de menosprecio y resentimiento. La doctora Darcia Narvaez, profesora emérita de psicología en la Universidad de Notre Dame, advierte en un artículo en la publicación especializada en maternidad The Bump que este tipo de comparaciones fomentan la competencia en lugar de la cooperación entre hermanos y refuerzan los comportamientos negativos que pretenden corregir.
3. «Porque lo digo yo»
Que levante la mano el padre o madre que no haya utilizado alguna vez esta afirmación autoritaria para terminar una discusión en un momento de agotamiento. «Soltarla» en alguna ocasión no es un drama, pero recurrir a ella como norma cierra la puerta al diálogo y, sobre todo, al entendimiento y al pensamiento crítico de los niños. La psicóloga infantil Laura Bennett, en The Every Mom, señala que explicar las razones detrás de una decisión ayuda a los niños a desarrollar su sentido de responsabilidad y comprensión, fomenta una relación basada en el respeto mutuo... y les enseña una valiosa lección, sobre todo para nuestros tiempos: no obedecer de forma acrítica cada pauta que se les dé «desde arriba».
4. «Eres malo»
Etiquetar a un niño como «malo», «desobediente» o «pesado» ataca su identidad –lo que es– en lugar de abordar su comportamiento –lo que hace–. Laura Markham, psicóloga clínica, enfatiza en su artículo de Psichology Today que es más efectivo describir el comportamiento y explicar por qué no es aceptable. Eso ayuda al niño a entender y corregir sus acciones sin dañar su autoimagen, mientras que la etiqueta acaba por «grabarse» y reforzar ese comportamiento indeseable: «Si soy malo, lo normal es que... me porte mal».
5. «Me has decepcionado»
Aunque una generación entera de padres haya crecido escuchando a Mufasa decírselo a Simba en El Rey León, expresar decepción puede ser devastador para un niño que busca la aprobación de sus padres. La psicóloga Laura Markham sugiere enfocarse en el comportamiento y sus consecuencias («Esto no es propio de ti», «Esto tendrá consecuencias», «Lo que has hecho puede generarte problemas», etc.), en lugar de hacer que el niño se sienta como una decepción personal, lo que afecta negativamente su autoestima, sobre todo en la adolescencia y juventud.
Las palabras alteran el cerebro infantil
Las palabras negativas no sólo afectan emocionalmente a los niños, sino que también tienen un impacto fisiológico en el cerebro infantil. Un estudio de la Universidad de Leipzig demostró que las palabras negativas activan áreas del cerebro asociadas con el procesamiento del dolor y el estrés, lo que afecta el desarrollo neurológico y la salud mental de los niños largo plazo.
Así, evitar frases que invalidan, comparan o etiquetan puede ser un modo en que los padres fomenten una autoestima saludable, una mayor madurez y una relación con sus hijos basada en el cariño, el respeto y la motivación.