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Niños comiendo con el móvil en la mano

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Cerca de 375.000 niños de entre 6 y 13 años se quedan solos en casa en verano frente al móvil

Aunque la evidencia científica y educativa coincide en señalar múltiples efectos perjudiciales del uso excesivo de pantallas, las familias no siempre lo reconocen

mientras muchas familias planean un campamento de verano para los niños, más de 375.000 niños de entre 6 y 13 años en España se enfrentan a un panorama muy distinto: quedarse solos en casa con un móvil como única compañía. Según el último informe de Educo, estos menores representan el 10 % del total de esa franja de edad y, en muchos casos cuentan con las llaves de casa pero sin la supervisión adulta necesaria.

La encuesta realizada a 2.316 familias revela un fenómeno preocupante: los niños y niñas reciben su primer teléfono móvil con solo 9 años y 10 meses, antes incluso que las llaves de casa, que llegan con 11 años y un mes. Es claramente una puerta abierta a la sobreexposición digital sin acompañamiento ni límites claros. Durante el verano, el uso de pantallas se dispara, alcanzando una media de tres horas diarias solo con el móvil, sin tener en cuenta otros dispositivos.

Desfase entre percepción y evidencia

Uno de los aspectos más destacados del informe es la desconexión entre la percepción de las familias y las advertencias de los expertos. Aunque diversos estudios apuntan a efectos negativos del uso excesivo de pantallas (trastornos del sueño, ansiedad, estrés, dificultades de atención...) solo un 36 % de madres y padres vincula el uso digital con los problemas para dormir, y apenas un 33 % lo asocia con la ansiedad.

Esta brecha es alarmante, según señala Guiomar Todó, directora general adjunta de Educo: «Estamos dejando que se acuesten y se levanten con el móvil, y eso tiene consecuencias directas en su bienestar emocional y social».

Además, cerca de un tercio de las familias reconoce no aplicar restricciones efectivas al uso digital: el 20,8 % no impone ningún límite, y un 8,3 % lo ha considerado pero no sabe cómo hacerlo. Se insiste en la necesidad de reforzar entornos seguros, especialmente durante el verano, promoviendo campamentos para todos los menores. No se trata de prohibir las pantallas, sino de educar en su uso saludable.

Posible solución

El informe también plantea una advertencia estructural: las administraciones públicas deben garantizar al menos 15 días de actividades educativas y recreativas durante el verano, dando prioridad a los niños y niñas en riesgo de exclusión social.

«Hay infancia que se pasa el verano sola en casa, y hay infancia que, gracias a una colonia, puede jugar y convivir con otros. Esa diferencia marca su desarrollo emocional, su autoestima y su forma de relacionarse con el mundo», recuerda Todó.

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