«Al comunicarlo es importante hacerlo con naturalidad y adecuar el mensaje a la edad del niño»
¿Qué es el 'síndrome del príncipe destronado' y cómo afecta a los niños?
Celos, desplazamiento y pérdida de estatus son los síntomas que experimenta un hijo con la llegada de un nuevo vástago a la familia
Cuando nace un nuevo bebé, la casa se llena de felicidad, visitas y ternura. Pero, mientras todos contemplan la cuna hay alguien que parece pasar, por instantes, a un segundo plano: el hermano mayor. Para él, la llegada del nuevo integrante puede hacerle sentir, en muchas ocasiones, como si se tratase de una pérdida; un desplazamiento emocional que no siempre sabe expresar con palabras. A esto se le conoce como el síndrome del príncipe destronado, un choque de realidad, tan común como ignorado, que merece tratarse con detenimiento y comprensión.
Ante este importante giro en la estructura familiar es común que, muchos padres, se preocupen por la posible repercusión que genera el advenimiento de la nueva criatura en el primer descendiente, que pasa de recibir toda la atención a tener que compartirla con su nuevo compañero, y eso no siempre es fácil.
El papel fundamental de los padres
La actuación de los padres tiene un rol clave en la duración y la magnitud del asunto. «Cuando la llegada se hace inminente, aconsejamos hablarles del hermanito que va a nacer e incluirlo en las preparaciones y cambios en el hogar», comenta la psicoterapeuta catalana Júlia Pascual.
Según esta psicóloga, «conviene evitar comparaciones, la autoexigencia y la tendencia a verlo cómo mayor de lo que es, simplemente porque otro más pequeño va a llegar».
Hacerlo partícipe no significa que ahora es el mayor y tendrá que ser más responsablePsicoterapeuta oficial del Centro de Terapia Breve Estratégica del psicólogo Giorgio Nardone
¿Cómo detectar el síndrome?
El portal de Psicología Infanto-Juvenil Mallorca enumera algunos de los cambios de comportamiento que se dan en el primogénito:
Aparición de miedos que antes no tenía.Alteración de conductas: querer utilizar biberón, chuparse el dedo, no querer dormir solo, reclamar ayuda de los padres para tareas que hacía solo..Apatía o tristeza y llanto recurrente.Disminución del apetito o dificultades para conciliar el sueño.Actitud negativista a la hora de recoger los juguetes, comer, hacer los deberes, etc.)Cambios en el comportamiento como rabietas o tener más nerviosismo e inquietud de la normal.Quejas psicosomáticas (dolor de barriga, de cabeza, malestar intestinal...)