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Carolina Perles, Jéssica Rodríguez y Claudia Montes con José Luis Ábalos

Carolina Perles, Jéssica Rodríguez y Claudia Montes con José Luis ÁbalosEL DEBATE

La ciencia dice que el «ghosting» que Jésica le hizo a Ábalos daña a quien lo sufre... y a quien lo practica

Aunque el «ghosting» es cortar una relación desapareciendo sin dar explicaciones, varios estudios apuntan a que esta práctica genera malestar en quien la recibe y síntomas depresivos en quien la ejerce

La escena parecía tan sacada de una telenovela turca, de un melodrama o de un folletín de Corín Tellado, que pronto se convirtió en carne de meme para las redes sociales: José Luis Ábalos, con la mirada perdida y un rostro demacrado y compungido, en mitad de un juicio por corrupción en el Tribunal Supremo, hablaba con desgarro contenido de su ruptura con Jésica Rodríguez.

«Fue una ruptura muy brusca. Ahí descubrí la palabra 'ghosting'. No sabía lo que significaba. Me lo dijo ella», confesaba casi balbuciente como lo haría un galán traicionado acodado frente a un barman, o como habría dejado escrito en sus Sonatas el marqués de Bradomín, aquel personaje enamoradizo que se inventó Valle-Inclán (creador, por cierto, del teatro del esperpento, que tan bien encajaría con las corruptelas que juzga el Alto Tribunal).

La escena, más allá del caso concreto, retrataba un fenómeno generacional que se ha normalizado casi tanto como la corrupción política, sin que en ocasiones se alcance a medir bien el impacto emocional que genera: terminar una relación cortando toda comunicación, sin explicación alguna, como si la otra persona no existiera.

Ahora, la ciencia ha revelado que ese «portazo sentimental», que suele darse de forma especial en las redes sociales, no sólo duele al que se queda esperando el doble check: también pasar factura a quien lo ejecuta.

Qué es el «ghosting»

Aunque tal vez Jésica utilizase otras palabras para explicárselo al ex secretario de organización del PSOE, el «ghosting» se define ya en la literatura científica como «terminar la comunicación en redes o mensajería sin explicación». O sea, desapareciendo como un fantasma, «gosht» en inglés. El «si te he visto, no me acuerdo» de toda la vida, pero llevado a su máximo nivel.

Y la práctica, a pesar de su evidente mal gusto, es cada vez más común. Según datos del Pew Research Center sobre experiencias en el mundo de las citas, casi el 30% de los adultos dice haber sido «ghosteado» por alguien con quien estaba saliendo o hablando, con cifras más altas entre quienes usan apps de citas.

Ese dato no es baladí, porque explica por qué el término es capaz de colarse, incluso, en un juicio por corrupción política: «goshtear» se ha convertido en una forma habitual de «gestionar» rupturas para una generación. Pero que sea habitual no significa que sea inocua.

El golpe para quien lo sufre

El estudio Experiencias emocionales del ghosting, publicado en The Journal of Social Psychology, comparó cientos de testimonios de personas que habían «ghosteado» a otros, y que habían sido «ghosteadas». ¿Resultado? Quienes lo sufrían expresaban con más frecuencia tristeza y sentimientos de daño.

Según el estudio, el dolor no proviene sólo del adiós o del abandono, sino del modo en que se producía la ruptura: con un silencio a medio camino entre el desprecio y la cobardía.

Así, la mente se ve obligada a «rellenar el hueco» con hipótesis, se activa la rumiación y se rompe algo básico para un proceso de duelo: el derecho a entender qué ha pasado.

La factura para quien lo practica

Lo que resultó sorprendente para los investigadores es el reverso: ¿Qué pasa con quien corta así? ¿Sale indemne?

Pues según el mismo estudio de The Journal of Social Psychology, quienes «ghostean» describen con más probabilidad sentimiento de culpa, tristeza (aunque también más alivio). Es decir: el «ghosting» no es siempre frialdad emocional, sino una pura estrategia de huida. Se busca terminar sin conflicto (lo cuál genera alivio), pero el precio moral y emocional es mucho más elevado.

De hecho, un amplio y reciente estudio publicado en Telematics and Informatics, siguió a jóvenes de entre 16 y 21 años, en dos oleadas, y encontró un matiz clave: «ghostear» –incluso a amigos– se asocia con mayores tendencias depresivas con el tiempo.

Un estudio de The Journal of Social Psychology revela que quienes practican el «goshting» muestran tendencias depresivas con el tiempo

El trabajo añade otro punto importante: no todo «ghosting» nace del «paso de ti». En el estudio, esta praxis se relacionó más bien con «sobrecarga de comunicación» (o sea, con sentirse desbordado por los mensajes), así como a una autoestima desregulada: bien demasiado baja, bien excesivamente alta.

No sabemos cuál será el caso de Jésica Rodríguez...

El silencio no es neutral

Lo cierto es que el estudio del The Journal of Social Psychology revela que el «ghosting» puede mermar el apoyo social, dejar con culpa y empeorar cómo te ves a ti mismo. Y añade que, emocionalmente, el proceso deja huella a ambos lados de la relación.

El caso Ábalos ha puesto un foco mediático a una experiencia que miles de personas viven en privado. Y la ciencia, con sus matices, viene a explicarlo sin moralinas: «desaparecer» sin dar la cara puede parecer fácil pero, como la corrupción política, rara vez sale gratis.

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