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Diana Jiménez

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Diana Jiménez, psicóloga: «Después del verano se producen más divorcios y estas cinco pautas ayudan a evitarlo»

Aunque las vacaciones están, en teoría, para desconectar y fortalecer los vínculos familiares, la realidad es que la vuelta del verano es uno de los momentos en los que más propuestas de divorcio y separación se registran.

Y nadie, ni siquiera las personas que tienen una mayor conciencia de la importancia que tiene la familia y el matrimonio, está libre de experimentar el agotamiento afectivo, el desgaste emocional, o la confusión vital que puede acompañar la vuelta a la rutina después de una temporada en la que se haya evidenciado una quiebra en la relación de pareja.

Sin embargo, es posible revertir esta situación y utilizar las vacaciones de verano como un termómetro que detecte los puntos débiles de la relación conyugal, no para acabar con ella, sino para sanarla y fortalecerla.

Conflictos «dormidos» que salen a la luz

Como explica para El Debate la psicóloga y terapeuta familiar Diana Jiménez, «por extraño que parezca, tras las vacaciones de verano (o de invierno) hay picos en las demandas de separación. Y una de las razones de mayor peso es que durante el año, muchas parejas viven inmersas en la rutina (horarios laborales, crianza, tareas, urgencias...), cuya inercia adormece los conflictos, y deja los desencuentros en pausa».

Por eso, señala Jiménez, «cuando llega el verano y hay más tiempo juntos, sin tantas distracciones, todo eso que estaba tapado sale a la luz».

Esta experta en terapia familiar y de pareja, cuya cuenta en Instagram acumula más de 216.000 seguidores, nos explica cómo, en las vacaciones, «de repente compartimos más horas, más decisiones... y más silencios. Y si la relación ya estaba desgastada, la convivencia puede amplificar el malestar. Es como si hubiéramos estado guardando cosas en un armario durante meses, y en vacaciones, al abrirlo, cae todo de golpe».

El fuego de la decepción

En muchos casos, además, influye el contraste entre las expectativas y la realidad: «Esperamos que el verano sea un tiempo «feliz», «ideal», «romántico»… y si lo que aparece es distancia o tensión, la frustración es aún mayor».

La vuelta al ajetreo del curso, con su estrés laboral y sus conflictos con los hijos o las familias de origen, echan más gasolina a ese fuego de la decepción y terminan por suscitar la idea de una ruptura definitiva.

Cinco consejos para salvar la pareja

Sin embargo, Diana Jiménez da cinco consejos para que esas parejas que han detectado una crisis durante el verano no tiren la toalla y luchen por la relación que en su día prometieron cuidar:

•⁠ ⁠1º) Hablar de lo que duele, no de lo que falta:

«En vez de reprochar (Nunca haces…, Siempre estás…), intenta hablar desde ti: Me sentí sola cuando…, Echo de menos que…. Eso abre puertas, no levanta muros. Sabiendo que lo normal son los reproches, no estamos entrenados en esta otra forma de hablar y expresar lo que nos duele», explica Jiménez.

•⁠ ⁠2º) No pretender resolver todo en un fin de semana:

«Si en vacaciones salieron a la luz tensiones de años, es normal que no se solucionen en dos días. La clave es marcar pequeños acuerdos y revisarlos poco a poco. Proponeros un tiempo para ello (un día, unos 20 minutos)», aconseja.

•⁠ ⁠3º) Buscar espacios de pareja, no sólo de logística:

«Muchas conversaciones giran en torno a los niños, el trabajo, las facturas.... Pero la pareja necesita también momentos para ser dos, aunque sea un café de 20 minutos sin pantallas ni interrupciones», recuerda esta experta.

•⁠ ⁠4º) Recuperar lo que sí funciona:

«Cuando estamos cansados –apunta la terapeuta– tendemos a fijarnos sólo en lo que falta. Pregúntate: ¿Qué nos une todavía? Recordar esas cosas es gasolina para seguir avanzando».

•⁠ ⁠5º) Normalizar el pedir ayuda:

«A veces el desgaste es demasiado grande para afrontarlo solos. La terapia de pareja no es 'el último recurso', es un espacio para aprender nuevas formas de conectar antes de llegar al punto de ruptura. Normalicemos que no tenemos por qué poder con todo y que está bien pedir ayuda», indica Diana Jiménez, que ofrece numerosos charlas, conferencias e incluso cursos en su web, por la gran demanda de ayuda que le llega a través de las redes sociales.

Como una planta en vacaciones

Y concluye Diana Jiménez con un símil doméstico, que muchas familias podrán entender al comprobar el estado de sus macetas y balcones después de las vacaciones: «Podríamos decir que cuidar la relación después del verano es como volver a poner a punto una planta que se quedó sin riego. Si hay raíces vivas, con agua y cuidados... puede florecer de nuevo».

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