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Cristina Sánchez Navarro, vicepresidenta de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar

Cristina Sánchez Navarro, vicepresidenta de la Federación Española de Asociaciones de Terapia FamiliarFEATF

Cristina Sánchez, psicoterapeuta: «Cambiar tu rol familiar en Navidad puede ser necesario pero genera conflicto»

La vicepresidenta de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar explica que los roles heredados y los conflictos latentes que no se abordan pueden generar tensión en los encuentros familiares.

A pesar de que las celebraciones propias de la Navidad suelen venir acompañadas de reuniones entrañables y momentos que acaban asentándose como algunos de los mejores recuerdos de la vida doméstica, también pueden ser ocasión de todo lo contrario. Sobre todo, cuando las dinámicas entre los distintos miembros de una familia están dañadas desde hace años, o hay conclifcos latentes que nunca se han abordado.

Es lo que explica para El Debate Cristina Sánchez Navarro, psicoterapeuta familiar, psicopedagoga y vicepresidenta de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar.

–¿Por qué las fiestas de Navidad, que en teoría son tiempo de unión, activan tantas tensiones y discusiones familiares?

–En su origen, la Navidad marcaba un tiempo de encuentro y reunión, que en la actualidad viene definida por el encendido temprano de las luces, la decoración de calles, establecimientos y casas, y un bombardeo de símbolos y mensajes desde las campañas publicitarias. Parece que se ha pasado de un tiempo de interioridad, a un momento en el que nos dicen desde fuera cómo debemos vivirla y sentirla. Desde esa imagen social de felicidad, ternura, paz y encuentro, se activan las realidades que cada familia está viviendo.

–¿Por ejemplo?

–Si echamos de menos a familiares que hace tiempo que no vemos y podemos encontrarnos con personas importantes para nosotros, las fiestas serán un momento de descanso en el que disfrutar con la familia y los amigos, y sentirse acompañados y queridos. Pero si en nuestra familia hay tensiones causadas por desacuerdos (superficiales o profundos), si no tenemos claro el rol que le corresponde a cada uno, el que queremos desempeñar y el que nos obligan a realizar, o se nos han ido acumulando malestares sin resolver durante el año, estos días, en los que las emociones parece que están más a flor de piel que nunca, suelen desencadenar discusiones y momentos de conflicto intensos. Son días cargados en exceso de actividades y reuniones «obligatorias», en las que solemos poner pocos límites respecto a lo que realmente nos apetece hacer, y nos vemos arrastrados a encuentros que no suelen tener lugar el resto del año, simplemente porque no sentimos que queramos ver a esas personas ni compartir espacios con ellos, sin que se hayan producido previamente algunas reparaciones sobre heridas o conflictos abiertos, pero que, con la llegada de la Navidad parece obligatorio que se produzcan.

–Se habla mucho de los «roles heredados» en la infancia: el hijo responsable, el gracioso, incluso la «oveja negra»… ¿Cómo se reactivan esos papeles infantiles cuando volvemos a la casa familiar por Navidad?

–En realidad, esos «roles heredados» de la infancia en muchos casos no se han ido, están presentes en nuestras relaciones familiares a diario, la diferencia es que el resto del año cada individuo busca la manera de escapar de ellos. Cuando una persona se convierte en adulto realiza un proceso de individuación respecto a su sistema familiar, que le permite elegir quién y cómo quiere ser, cómo vivir su vida, dónde y bajo qué valores y creencias, etc. Cuando ese proceso no se ha elaborado correctamente, nos encontramos con adultos que son capaces de «ser ellos mismos» lejos de su familia, pero que, al volver a la casa familiar, se colocan de nuevo el rol que desempeñaron durante tantos años y que da sentido a las relaciones familiares tal y como las entiende su núcleo o sistema familiar. Todo lo que se salga de esos «papeles» genera distorsión y malestar y, a menudo, no es aceptado por el resto de los miembros, haciéndolos sentirse incómodos o generando tensiones en el transcurso de la velada.

–Así que lo de «volver a casa por Navidad» no siempre es sencillo...

–Es que cuando una persona ha creado su propio sistema familiar y vuelve por Navidad a casa de sus progenitores, ha de incorporar el rol de hijo/a, hermano, sobrino…, a los que desempeña fuera de ese espacio: pareja, padre/madre…, profesional reconocido, parado de larga duración… y, enfrentarlos todos alrededor de una mesa, a veces no resulta sencillo. Podemos sentirnos expuestos, juzgados, poco validados, incluso sentir que nos devuelven a lo que fuimos hace mucho tiempo, en lugar de a lo que hemos conseguido ser con esfuerzo y capacidad de cambio. Por eso es fácil sentirse herido, fuera de lugar… y terminar sufriendo o enfadándose. Los sistemas tienden a ser estables, contrarios al cambio, y luchan porque nada cambie. Y eso incluye los papeles que cada miembro desempeña dentro del sistema y cómo lo hace. Por eso, plantear un cambio de nuestro rol familiar, aunque sea solo por una noche, puede ser necesario pero es difícil y genera conflicto.

–¿Qué peso tienen las historias no resueltas (rencores antiguos, heridas, comparaciones entre hermanos…) en lo que ocurre alrededor de una mesa navideña?

–Las historias no resueltas se convierten en emociones enquistadas debidas a conflictos no resueltos, que nos dañan y nos llevan a defendernos cuando se ponen en juego de nuevo. Todo lo que hay escondido en la emoción de los comensales que se sientan alrededor de la mesa en Navidad, permanece latente durante todo el tiempo que dura el encuentro. La Navidad suele ser un momento de mirar atrás, de conectarse con lo que ha sucedido durante el año y hacer un pequeño balance. Es por tanto un tiempo en el que las emociones están más presentes que nunca y tienen un peso especial y profundo. Pero en estas reuniones a menudo hay encuentros obligados, pero no deseados, por no entristecer a alguien, porque no sabemos cómo poner límites, porque desconocemos si el año que viene los mayores estarán… todas estas variables nos llevan a organizar encuentros en los que se intentan mantener las emociones y las tensiones controladas, para que las conversaciones fluyan y aquellos a los que queremos disfruten de ese momento, aunque eso implique una renuncia personal o incluso un daño emocional, ya que la persona se sacrifica por el sistema o por otro familiar, declinando sus necesidades y quedando diluido. Esto suele causar mucha ansiedad y sufrimiento, ya que dejamos de «existir» para que las reglas familiares puedan sobrevivir un año más, aunque el coste a nivel individual sea, en ocasiones, bastante alto.

–¿Y esto se nota incluso en familias que «aparentemente» se llevan bien?

–En las familias que aparentemente se llevan bien también se nota, porque el sufrimiento y el malestar están presentes en el interior de cada uno, aunque no se exteriorice. El verbo «aparentar» lleva implícito el mostrar algo que no es verdad, luego «aparentar llevarse bien» no es más que una máscara que esconde la verdadera naturaleza de las relaciones del sistema familiar, y que conlleva un peaje que suele pagar el microsistema (la pareja, el individuo…) cuando, al terminar el encuentro, regresamos a su casa donde ya no se puede seguir llevando la máscara porque las emociones dolorosas que se han estado conteniendo se desbordan.

–¿En qué sentido las expectativas poco realistas pero bienintencionadas («estas fiestas tenemos que estar todos felices y en armonía»), como mirando para otro lado del conflicto, pueden aumentar la frustración?

–La Navidad llega cuando el año está a punto de terminar, cuando los medios nos invitan a hacer balance de lo sucedido con sus campañas y vídeos recopilatorios, pero no siempre lo vivido durante el transcurso de ese tiempo ha sido positivo (separaciones, pérdidas familiares, enfermedad…), por lo que a veces resulta difícil y doloroso mirar atrás. Si el contexto nos obliga a ello y además nos indica, desde una fantasía de felicidad socialmente construida, que hay que hacerlo desde la alegría y los buenos deseos, las heridas se abren y duelen de nuevo. Cuando en la familia hay conflictos no resueltos y no podemos expresarlos ni validarlos a través de los otros, se genera un profundo conflicto interno entre lo que siento y lo que me indican que tengo que sentir y mostrar. La idealización del tiempo navideño provoca un deseo de felicidad y serenidad que poco tiene que ver con lo que en realidad estamos sintiendo, por lo que, más que frustración, considero que lo que aparece es la tristeza o la ansiedad por no poder expresar lo que sientes o defenderte de lo que te daña.

Cuando en la familia hay conflictos no resueltos y no podemos expresarlos, se genera un profundo conflicto interno entre lo que siento y lo que me indican que tengo que sentir y mostrar.

–Desde el punto de vista de la terapia familiar, ¿qué señales nos indican que la tensión emocional está subiendo demasiado y que conviene parar, salir a dar un paseo o cambiar de tema?

–Cuando estamos preparando el encuentro hay muchas señales que ya nos van avisando de que estamos nerviosos, preocupados o con pocas ganas de pasar un rato en familia: contestamos mal al que tenemos al lado, nos mostramos irritables sin motivo, corremos más de la cuenta o necesitamos tenerlo todo especialmente controlado en cada momento del día. Si las escuchamos seremos más conscientes de nuestras emociones y necesidades. Podemos establecer algunos límites antes de que se produzca el encuentro, que nos ayuden a respetarnos más y a sentirnos mejor durante estas fiestas.

–¿Y cuando ya estamos metidos en la celebración?

–Entonces es importante saber cuáles son nuestros límites y qué situaciones no queremos tolerar (comunicación violenta, comentarios hirientes, exposición de nuestros menores a situaciones con las que no estamos de acuerdo…), para evitar llegar a ellas y tomar medidas antes de que se produzcan. Si no hemos analizado de antemano con nuestra pareja, o en solitario si no la tengo, qué limites necesito que los demás no traspasen para no sentirme mal, resultará más difícil identificar en vivo lo que me hace daño. Ayuda anticipar situaciones analizando otros encuentros familiares en los que nos hemos sentido dañados, y también la situación familiar actual, para saber con qué miembros me sentiré más cómodo y protegido y con cuáles menos.

–¿Qué pueden hacer los padres de familia para no repetir con sus hijos los mismos patrones que vivieron ellos de pequeños en Navidad (discusiones, silencios, comentarios hirientes…)?

–Es importante recordar las situaciones que nos dañaron cuando éramos pequeños para identificarlas y ser capaz de pensar si estamos repitiendo aquellas escenas o hemos sido capaces de romper con ellas. A menudo las familias mantienen lo que llamamos «lealtades invisibles» y repiten los patrones relacionales que el sistema ha trasmitido de generación en generación. Solo cuando los adultos responsables de perpetuar dichas lealtades o romper con ellas, hacen el ejercicio de identificarlas y eliminarlas, suceden cosas nuevas y diferentes dentro del sistema familiar.

Las familias mantienen sus modelos relacionales, porque les dan estabilidad y unión, pero dentro de estos modelos puede haber individuos que no se sientan bien y busquen otra forma de existir dentro del sistema, y es, muchas veces tras convertirse en padres o madres, cuando se plantean romper con esos modelos y hacer algo diferente y mejor para sus hijos. Esta decisión suele traer tensiones a la familia y a veces rupturas temporales con algunos miembros, pero, para los menores, siempre serán mejores que las situaciones negativas que vivieron sus progenitores en la infancia.

–Cuando hay situaciones delicadas, como duelos recientes, separaciones, conflictos económicos..., ¿se pueden preparar las fiestas para que no se conviertan en un campo de batalla, sin negar lo que está pasando?

–Resulta positivo y, a menudo, sanador, poder hablar de lo que está sucediendo antes de que lleguen los encuentros navideños. Dentro de una familia, podemos encontrarnos con miembros que han conectado con sus emociones y sienten angustia, previa a la llegada de la Navidad, porque no están preparados para «enfrentarse» a ella, mientras que otros están negando sus emociones como forma de supervivencia o de cumplimento con la norma social de felicidad, que comentábamos que se espera para estos días. Hablar de cómo nos sentimos y validar que dichas emociones tienen cabida siempre, incluso en Navidad, es fundamental para respetarnos y encontrar la manera de afrontar este tiempo sintiéndonos acompañados y comprendidos. Cuando la familia siente que todos los miembros comparten la misma emoción de pérdida, de dolor, de tristeza… el núcleo familiar se conecta y se fortalece. La familia es el origen de casi todo lo relativo a las relaciones, por lo que tiene una potencia enorme para ayudar a cada uno de sus miembros a transitar por los momentos difíciles de su vida, desde la comprensión, el acompañamiento, el sostén emocional y, por supuesto, el amor.

La familia es el origen de casi todo lo relativo a las relaciones, por lo que tiene una potencia enorme para ayudar a cada uno de sus miembros a transitar por los momentos difíciles de su vida.

–¿Qué quiere decir para terminar esta entrevista?

–Las fiestas familiares son momentos que solemos identificar socialmente como encuentros divertidos, de celebración, felices, esperados por todos…, pero para muchas personas su realidad es algo diferente. Cuando el sistema familiar no atraviesa un buen momento, cuando ha sido negligente con alguno de sus miembros o le exige cosas que ya no quiere hacer o formas de ser que no quiere representar, estos días de encuentros retransmitidos por los medios de comunicación y alentados por las redes, pueden resultar especialmente difíciles o dañinos.

Son muchas las personas que en consulta expresan «estoy deseando que se terminen estas fiestas», cuando ni siquiera han empezado, porque necesitan volver al refugio de sus casas, a su lugar seguro, a seguir conectados con su dolor, con su propósito de cambio, con el camino elegido para sanar, y estos días les complican un poco las cosas porque han de ponerse una máscara y negar que en su vida pasan todas las cosas que ellos saben que están sucediendo, a pesar de que las calles se hayan llenado de luces, gente y música.

Es importante tener presente que la familia es nuestro principal núcleo a nivel emocional, por lo que seleccionar con quiénes queremos pasar estos días de «nuestra familia» resulta fundamental, aunque en esta elección tengamos que poner algunos límites o decir que no a determinados encuentros, favoreciendo otros más sanos.

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