Un perro doméstico olfatea a un recién nacido
Del «perrhijo» al bebé de verdad: las mascotas no siempre sustituyen a los hijos sino que aceleran su llegada
Un estudio reciente apunta que las parejas primero «ensayan» su capacidad de compromiso y cuidado con un animal de compañía, para después lanzarse a la paternidad.
En los parques, en las redes sociales y hasta en los centros comerciales se repite la misma imagen: parejas jóvenes sin hijos que pasean a su perro como si fuera un bebé, en cochecito, con accesorios personalizados y lujosa vida de «perrhijo».
Los datos oficiales parecen reforzar esa intuición: según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 nacieron apenas 322.075 bebés, la cifra más baja desde que existen registros. Sin embargo, un año antes, España registró más de 10,1 millones de perros y casi un millón de gatos censados. En ese mismo período, eran 1,78 millones los niños de 0 a 4 años.
Si se amplía el foco las asociaciones del sector estiman más de 20 millones de animales de compañía, con un peso creciente de perros y gatos en los hogares. De ahí que haya quien incluso hable del «babyboom» de los «perrhijos», como una desviación afectiva que pone en los animales los cuidados y anhelos que el corazón guarda para los bebés.
Esa narrativa, aunque no exenta de realidad, ha recibido un matiz importante desde la Universidad Nacional de Taiwán. El trabajo Cats, Dogs, and Babies: Quasi-Experimental Evidence on Substitutes or Complements from Linked Administrative Records, firmado por Kuan-Ming Chen y su equipo, combina algo poco habitual: el censo de perros y gatos de todo Taiwán (1999-2020) con los registros fiscales completos de 23 millones de personas.
Los autores analizan qué ocurre con las mascotas cuando cambia el «precio» de tener hijos (por ejemplo, con subsidios al nacimiento) y qué pasa con los nacimientos cuando se adopta un animal. Y sus conclusiones cuestionan, o al menos matizan, la idea de la «sustitución».
Perros y bebés: más complemento que competencia
«Ensayo con animales» para ser padres
En primer lugar, el estudio muestra que cuando nace un hijo y el Estado ofrece algún tipo de bono económico o ayuda, la tenencia de perros aumenta alrededor de un 21%, lo que indica que niños y perros se comportan como «bienes complementarios», no rivales.
Pero la parte más llamativa llega con los llamados «event studies»: según este estudio, adoptar un perro incrementa en torno a un 33 % la probabilidad de tener un hijo más adelante entre adultos que aún no eran padres.
Un fenómeno que los autores describen como efecto «hijo de práctica» o «starter family». Algo así como un ensayo en animales previo a lanzarse a la aventura de la paternidad.
Las razones es que cuidar del animal obliga a organizar horarios, asumir gastos, coordinarse como pareja y comprobar, en la vida real, hasta qué punto se está dispuesto a sostener responsabilidades compartidas.
Por el contrario, la llegada de un bebé tiende a frenar temporalmente nuevas adopciones de mascotas. Y eso, que los beneficios para los niños de crecer con animales de compañía están más que probados. Por eso, según indican los autores, esta inversión se debe probablemente a la falta de tiempo, dinero y energía de los padres durante los primeros años de crianza.
También, claro, influiría ese factor de «desviación afectiva» que se ve satisfecho cuando llegan los hijos reales, y no los «ensayos» o los «reemplazos» con mascotas.
Mascotas y proyecto familiar
Eso sí, los autores advierten de que su análisis se centra en Taiwán y que los resultados pueden variar según cultura y el contexto económico, por lo que no puede presentarse como receta universal.
Con todo, encaja con lo que señalan los demógrafos europeos: la caída de la natalidad y el estancamiento del proyecto familiar asentado en el matrimonio se explican, sobre todo, por factores estructurales –precariedad laboral, vivienda cara, dificultad para conciliar, maternidad cada vez más tardía...–, así como por las decisiones personales y los valores morales asentados en la sociedad, no por el número de animales de compañía que haya en casa.