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Diana Jiménez: «Los padres no son conscientes del daño que están haciendo las bebidas energéticas a los adolescentes»

La psicóloga especializada en familia, infancia y adolescencia Diana JiménezDaniel Vara

Diana Jiménez, psicóloga: «Olvidamos que la muerte es parte de la vida y, según la abordemos, la entenderán nuestros hijos»

La tragedia ferroviaria de Córdoba ha generado una enorme conmoción en la sociedad, que también afecta a los niños, como explica Diana Jiménez, psicóloga especialista en infancia, adolescencia y terapia familiar

Sólo quienes vivan de espaldas a la realidad infantil ignoran lo rápido que vuelan las noticias de actualidad en el patio de un colegio, o entre los columpios del parque.

Con una mezcla de inocencia (por lo que desconocen) y de seguridad (por lo que oyen en casa), a diario los pequeños abordan cuestiones que van desde la detención de Maduro hasta los resultados de la Champions, pasando por Groenlandia o los misterios del satélite 3IAtlas. Y el trágico accidente de Adamuz no ha sido una excepción.

En este caso, además, la superabundancia de noticias que se está produciendo estos días, el drama humano y la conmoción por la empatía que generan las historias de personas «normales», como cualquiera de sus amigos o familiares, genera un cóctel de emociones que puede llegar a ser muy difícil de digerir para los niños.

Por ese motivo, Diana Jiménez, neuropsicóloga y psicoterapeuta experta en inteligencia emocional y en terapia infantil y familiar, divulgadora y autora de obras como Adolescencia en positivo o Mamá, ¿por qué me porto mal?, señala lo importante que resulta el acompañamiento de los padres en estos momentos.

–Estos días, casi todos los niños ya han visto u oído noticias sobre el accidente de Adamuz. ¿Cómo debemos encararlo los padres?

–Lo primero es recordar que no conviene ni desviar automáticamente el tema, ni entrar en detalles innecesarios. Por eso la clave es acompañar desde la pregunta del niño, no desde nuestro miedo.

Primero tenemos que escuchar: ¿Qué ha entendido tu hijo de esas noticias, qué le preocupa, qué imágenes se ha creado...? Y a sus preguntas, responde con verdad, pero también con medida, y adaptando el lenguaje a su edad. Hay que dejar que diga lo que tiene dentro. Dale permiso para que exprese lo que pueda estar sintiendo.

Tenemos que evitar dar detalles muy gráficos o repetitivos, aunque el niño los pida, porque no ayudan a comprender, sólo intensifican el miedo.

Y al responder, los adultos tenemos que recordar que el objetivo es informarle, no alarmarle. Tenemos que evitar dar detalles muy gráficos o repetitivos, aunque el niño los pida, porque no ayudan a comprender, sólo intensifican el miedo. Los niños no necesitan toda la información: necesitan sentirse a salvo mientras la procesan.

–Más allá de esquivar sus preguntas, ¿qué actitudes deberíamos evitar los padres?

–En general, hay actitudes que, sin darnos cuenta, aumentan la inseguridad: minimizar o ridiculizar («no es para tanto», «no pienses en eso»), o incluso decirles que no es algo de su interés o para su edad. También sobrerreaccionar emocionalmente delante de ellos (angustia, rabia, comentarios catastróficos...) o exponerlos continuamente, incluso sin darnos cuenta, a noticias, conversaciones adultas o vídeos relacionados.

Es importante no responder desde el miedo adulto, sino desde la necesidad real del niño. Y recordar que debemos ser su lugar seguro al que acudir siempre que lo necesiten.

–En el hipotético caso de que nuestros hijos no se hayan enterado del accidente de Adamuz, ¿es positivo sacar el tema con ellos?

–Mira, justo fue mi hijo pequeño quien a nosotros nos sacó el tema. Como había pasado por la noche, no lo habíamos comentado con él. Así que él no lo vio en casa, no le dijimos nada… pero resulta que en el colegio lo habían comentado otros niños y también la profesora.

En general, no es necesario introducirlo si el niño no ha tenido contacto con la noticia y su entorno es tranquilo y es pequeño. Los niños no necesitan conocer todos los sucesos del mundo. E introducir la información, sin que exista una pregunta previa, puede generar miedos que no estaban ahí. Pero si el tema está muy presente en su entorno (colegio, familia, redes...), entonces sí es mejor abrir la conversación de forma preventiva y calmada, para evitar interpretaciones erróneas.

–Además de los mensajes de fe y de las convicciones morales de cada familia, ¿qué mensaje deberíamos transmitir ante una tragedia de esta naturaleza?

–El mundo no es perfecto, pasan cosas difíciles y los adultos estamos aquí para cuidar, proteger y ayudar a entender a los niños. Por eso, hay algunas ideas que ayudan a crecer sin miedo: Los accidentes existen, pero son poco frecuentes; hay personas formadas y sistemas que trabajan para prevenirlos y responder cuando ocurren; las emociones difíciles se pueden sentir, nombrar y atravesar, no hay que huir de ellas; la vida implica vulnerabilidad, ser frágiles, pero también capacidad de afrontamiento.

Estas claves no son sólo para niños, también lo son para nosotros, los adultos. Porque se nos olvida que la muerte es parte de la vida y, según cómo la abordemos nosotros, así la entenderán nuestros hijos.

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