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Gloria R. Ben, psicóloga

ChatGPT ya no es el rey: los chatbots de inteligencia artificial y el verdadero desafío adolescente

El reciente informe Perdidos en el scroll: la crianza en la era de los algoritmos, las apps y la IA alerta a las familias de que los menores hacen un uso de la inteligencia artificial muy diferente de sus padres. La psicóloga Gloria R. Ben, supervisora del estudio, explica algunas de estas claves.

A person with a lightbulb as a head displaying AI, holding a laptop on a blue abstract background. Concept of artificial intelligence and ideas

Los adolescentes comienzan a usar la IA como sustituto de sus conversacionesIsmagilov / iStock

¿Es la Inteligencia Artificial una enemiga para los adultos? ¿De verdad domina la vida de los jóvenes como muchos padres pensamos?

En los últimos meses, los chatbots de IA, como ChatGPT, han generado entusiasmo, miedo e incluso, rechazo. Para muchos adultos, la sensación es clara: la IA ha llegado para reemplazarlo todo.

Parece que nuestros adolescentes ya no piensan, no escriben, no se esfuerzan, ni se relacionan de la misma manera que antes, porque una máquina lo hace por ellos.

Sin embargo, la realidad es más compleja. Aunque la IA crece de forma imparable, ChatGPT no es necesariamente el «rey» entre los adolescentes, como podríamos imaginar desde fuera.

De hecho, estudios recientes como el informe de Qustodio 'Perdidos en el scroll: la crianza en la era de los algoritmos, las apps y la IA', muestran que el mundo juvenil continúa girando alrededor del consumo rápido que ofrecen las redes sociales, más que en torno a los chatbots.

La inteligencia artificial avanza, sí, pero muchas veces no es el centro del universo adolescente, sino una herramienta más dentro de un ecosistema digital enorme. No obstante, esto no quiere decir que no tengamos que poner el foco también en ella, pues la IA es una pieza más, pero una pieza poderosa.

Asimismo, es importante destacar que los chatbots no son sólo asistentes escolares. Se están convirtiendo en algo diferente: una voz constante, rápida, que responde sin juzgar. Para algunos jóvenes pueden servir de apoyo, compañía o incluso, un sustituto emocional. Y ahí, aparece un dilema importante: ¿qué pasa cuando una herramienta tecnológica comienza a ocupar espacios humanos?

También es cierto que muchos estudiantes utilizan la IA de forma equivocada. Cada vez es más común que, ante un trabajo escolar o universitario, recurran directamente a un chatbot: «hazme esto», copiar, pegar y entregar. Sin leer, sin pensar, sin contrastar. Esto puede debilitar algunas habilidades fundamentales, como el pensamiento crítico, la creatividad o la capacidad de esfuerzo.

No podemos ignorar el impacto en las relaciones sociales, donde la IA puede interpretarse como una «amiga perfecta» que siempre responde lo que queremos escuchar.

Además, no podemos ignorar el impacto en las relaciones sociales, donde la IA puede interpretarse como una «amiga perfecta» que siempre responde lo que queremos escuchar. A esto se suma otro riesgo preocupante: el uso de herramientas digitales para modificar imágenes, crear contenido falso o humillar a otros. Como resultado, estas tecnologías pueden dar lugar a nuevas formas de ciberbullying y aumentar la presión social entre adolescentes.

En este contexto, la solución por parte de los adultos no puede ser el rechazo. No sirve que la veamos como una enemiga, porque eso solo aumenta la distancia generacional. La inteligencia artificial no va a desaparecer. Ha llegado para quedarse y seguirá desarrollándose. Por ello, el verdadero reto es educativo: acompañar, comprender y enseñar a usarla con responsabilidad.

Hablar de sus riesgos, pero también de sus beneficios. Convertirla en aliada para aprender y crecer. Porque quizás el problema no es que ChatGPT sea o no el rey, sino que los adultos seguimos creyendo que entendemos el mundo digital cuando, en realidad, estamos llegando tarde.

No se trata de prohibir la IA, sino de aprender juntos a utilizarla bien.

Gloria R. Ben es psicóloga experta de Qustodio y supervisora del informe «Perdidos en el scroll: la crianza en la era de los algoritmos, las apps y la IA»

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