Sarah, con su bebé Cameron en brazos
Sarah estuvo a punto de matar a su hija: se arrepintió tras tomar la píldora abortiva... y la niña nació sana
La historia de esta joven muestra las presiones a las que se ven sometidas muchas mujeres que deciden abortar, y cuántas se arrepienten tras hacerlo.
Como tantas otras jóvenes de su edad, Sarah estaba a punto de cerrar una etapa para abrir otra. En pocas semanas, iba a terminar su «grado asociado», para empezar después un estudio universitario de cuatro años, para el que se había estado preparando muy duramente y en el que tenía depositadas sus esperanzas de futuro.
Pero entonces llegó el embarazo.
Y, con él, una sensación que dejó sin aire a esta joven norteamericana, que veía cómo su mundo se desmoronaba: «Cuando supe que me había quedado embarazada me sentí muy disgustada y triste. Sentí que había cometido un gran error», ha explicado a la agencia provida PHN.
El padre del bebé recibió la noticia con hostilidad. También él quería emprender una nueva vida universitaria, sin responder de los efectos de ese «gran error»... que también era suyo.
Así que, presionados por el temor de perder su horizonte de libertad, el padre logró convencer a la joven de la decisión que debían tomar: Sarah «debía abortar». Incluso, a pesar de que ella tenía serios reparos para hacerlo, porque «toda mi vida había crecido siendo cristiana y siempre había estado en contra del aborto».
Una aborto con dos píldoras
La presión y el miedo jugaron la baza que él quería y, finalmente, logró convencerla, no sólo de abortar, sino de mantenerlo en secreto al menos hasta haberlo hecho.
Además, el sistema abortista estadounidense permite emplear el método de la doble píldora abortiva, que facilita deshacerse del bebé en las primeras semanas de vida ingiriendo dos fármacos y sin necesidad de intervenciones quirúrgicas ni ingresos hospitalarios.
La combinación de fármacos se administra en dos momentos diferentes, así que cuando Sarah tomó la primera píldora, la realidad la golpeó de lleno y sintió lo que tantas otras mujeres que abortan sienten tras hacerlo: un profundo y sincero arrepentimiento.
Según su propio testimonio, recogido por Pregnancy Help News (PHN), salió del centro «entre lágrimas, sintiéndome absolutamente sin esperanza». No, no era el «alivio» que le prometían los partidarios del aborto.
Era un vacío que se abría paso dentro de ella ante la conciencia real y absoluta de que aquello que iba a matar en su vientre no era un mero «conjunto de células»: era su bebé, en pleno desarrollo intrauterino.
«Me derrumbé por completo»
Al cruzar la puerta del abortorio y salir a la calle, deshecha de dolor, un hombre se le acercó a consolarla a pie de calle. Y le explicó algo que Sarah desconocía: existía un proceso para revertir el efecto de aquella primera pastilla, con otro fármaco que podían facilitarle desde una entidad provida.
En lugar de regresar a casa, se quedó dentro del coche durante horas, en una parálisis total: «Me senté en mi coche las siguientes horas, completamente angustiada. No sabía qué hacer».
En ese tiempo, su pensamiento volvió una y otra vez al mismo punto: el hijo que llevaba dentro. «Empecé a pensar en la vida que había dentro de mí... muriendo». Y esa imagen la quebró por completo: «Me imaginé a mi bebé siendo recibido por Dios y por mi familia en el Cielo. Me derrumbé por completo».
La llamada que cambió la historia
La soledad es una de las peores trampas para las madres que se están planteando abortar. Por eso, en medio de su profunda angustia, Sarah llamó a su propio padre para contarle todo lo ocurrido y explicarle la decisión que había tomado. Al otro lado de la línea, lejos del juicio o la crítica, encontró el ánimo y el cariño de su padre, que la animaba a seguir adelante con su embarazo.
Porque, que fuese imprevisto, no significaba que tuviera que ser trágico. Y sus convicciones cristianas, las mismas que sus padres habían sembrado en ella, afloraron por encima de su propia comodidad: «Comprendí que este bebé debía de ser el plan de Dios para mí, y necesitaba confiar en su plan, aunque no formara parte del mío».
No fue una frase bonita para salir del paso. Fue un punto de inflexión. A partir de ahí, buscó ayuda. Contactó con la Abortion Pill Rescue Network, una red de profesionales sanitarios, centros de embarazo y hospitales que administran el proceso de reversión de la primera píldora abortiva. La misma red de la que aquel hombre –un voluntario provida– le había hablado tras salir del abortorio.
«Me dieron lo que necesitaba»
Sarah describe la respuesta inmediata de los grupos provida que la atendieron después: «Me puse en contacto con el equipo de reversión y, enseguida, me dijeron que empezarían a buscar un médico para mí».
A partir de ahí, «me dieron los recursos que necesitaba para revertir la píldora y me hicieron una serie de ecografías para asegurarnos de que el bebé estaba bien». También se interesaron por su situación y le ofrecieron cualquier ayuda que pudiera necesitar.
Porque el embarazo no iba a ser fácil, ni en el plano material ni, sobre todo, en lo emocional. De hecho, Sarah relata a PHN cómo hubo familiares y amigos que, al principio, no la apoyaron. También atravesó un periodo de vivienda inestable, en el que necesitó recurrir a una «casa de maternidad» por mediación de la misma red que había logrado revertir el aborto.
Pero, «llegado un punto, todos en mi familia se ilusionaron, y ahora me apoyan y ayudan», explica.
Un parto normal: «Es perfecta»
Hace menos de tres meses, Sarah dio a luz a su bebé, Cameron: parto vaginal, 40 semanas y sin complicaciones de ningún tipo, a pesar de que los partidarios del aborto se empeñan en decir a las mujeres que, tras la primera píldora, ya no hay marcha atrás segura para la mujer.
Sarah, con su bebé Cameron en brazos
Cuando le preguntan por si su hija ha tenido algún tipo de efecto secundario, no necesita adornos: «Es perfecta».
Y al mirar atrás, no habla del éxito académico que va a posponer –sin tener por qué renunciar a él– ni de destinos de viaje con una pareja que la dejó abandonada cuando más le necesitaba. Simplemente, coge a su bebé en brazos y afirma: «Estoy muy feliz de no tener que vivir con la decisión de haber terminado con mi embarazo… Estoy muy feliz de haber tenido a mi bebé y ser mamá».