¿Hijos no deseados? El puritanismo fariseo ahora se llama feminismo
«Solo interesan las mujeres 'empoderadas' y 'liberadas'. Las mujeres frágiles que 'han metido la pata' no interesan, aquellas que se atreven a acoger a un hijo no deseado o sin medios económicos no interesan»
Mucho se habla estos días del derecho al aborto, del derecho a hacer cada mujer con su cuerpo lo que quiera. Incluso, hace unos días en el Parlamento Europeo se votó la existencia de un fondo para el «derecho al aborto financiado». Aunque aparentemente no ha salido adelante, sí que por desgracia se ha aprobado que se destinen algunos fondos europeos para este fin.
También se habla mucho de las mujeres trabajadoras y demás cuestiones relacionadas con ser mujer, y supuestamente indispensables para la felicidad de todas. Pero poco se habla de ser mujer trabajadora y madre, y de ser hombre trabajador y padre.
Si en otro tiempo, ser mujer suponía una dificultad para el acceso al mundo laboral, hoy en día la dificultad está más relacionada con ser madre y ser padre, ya que en muchas empresas se considera que esa mujer-madre y ese hombre-padre van a ser menos eficientes, o en realidad, menos esclavos del trabajo. Sin tener en cuenta que, seguramente, su responsabilidad y compromiso con el trabajo aumenten, por la necesidad de este y la familia a la que cuidar.
Sin embargo, poco se habla del derecho a ser madre. Y por derecho no me refiero a tener un hijo, ya que tener un hijo no es un derecho: es un auténtico regalo, un don, que recibimos muchas veces sin merecerlo. Y otras veces a pesar de desearlo con todas nuestras fuerzas y poner todos los medios, no vienen.
Me refiero al derecho a tener un hijo no planificado, no esperado, sin ser juzgadas. Me refiero a acoger a aquellas mujeres que, aunque se hayan quedado embarazadas en un momento disparatado de su vida, se merecen todo nuestro respeto y apoyo para que puedan seguir adelante sin sentirse presionadas a abortar. A esas mujeres de las que todo su entorno opina que tener un hijo le va a impedir tener una vida aparentemente más exitosa en el mundo profesional y demás camelos que se dicen, como si esos posibles trabajos ideales que le van a surgir, puedan compensar la pena de haber perdido a un hijo.
Me refiero a aquellas mujeres que sin haberlo buscado descubren que se han quedado embarazadas. Con susto y muchas veces con miedo descubren que esperan un hijo que no habían planificado, ni deseado, y que seguramente no van a ser acompañadas por el padre del niño o niña que ya viene en camino.
He conocido muchas de estas mujeres valientes de las que nadie habla. Las he conocido en mi consulta de médico, acompañadas por las asociaciones provida y en los programas de acompañamiento a universitarias madres que desde hace ya años desarrollamos en la universidad. Mujeres, muchas jóvenes, que ocultan su embarazo hasta que pasan esas peligrosas 22 semanas en la que sus padres o parejas las pueden llevar (obligadas) a abortar.
He conocido a muchas mujeres jóvenes que ocultan su embarazo hasta que pasan esas peligrosas 22 semanas, en la que sus padres o parejas las pueden llevar (obligadas) a abortar
La ley que tenemos actualmente en España es una ley súper peligrosa para esos bebés cuyas madres se encuentran en un momento frágil. Todo son facilidades para abortar, pero ninguna facilidad para poder ser madre. Todos los argumentos que le dirán es que lo tendría que haber pensado antes, que no puede ni debe asumir las consecuencias de sus actos, que es más responsable no tener a ese hijo que en realidad ya tiene…
En estos casos, ser madre parece una temeridad, una irresponsabilidad, algo retrógrado… Es el nuevo puritanismo fariseo, que ahora se llama feminismo. Es una nueva religión que se llama Salud Sexual y reproductiva, y el pecado será quedarse embarazada en un momento inadecuado.
Solo interesan las mujeres «empoderadas» y «liberadas». Las mujeres frágiles que «han metido la pata» no interesan, aquellas que se atreven a acoger a un hijo no deseado o sin medios económicos no interesan…
Es curioso, para muchas personas tener un hijo no deseado parece una temeridad. Pero recuerdo un artículo de María Calvo que trataba este tema, titulado El privilegio de no ser un hijo deseado, y que sostenía que, que al no tener ninguna expectativa sobre él, será, precisamente, mucho más libre. Si lo pensamos bien, la mayoría de las personas de este mundo hemos venido y vienen sin tanta planificación.
En realidad, este desprecio a la mujer frágil ya lo decía Simone de Beauvoir en su libro el Segundo Sexo. Beauvoir despreciaba la maternidad, ya que la consideraba una servidumbre de la especie; solo valoraba la maternidad de la que ella llamaba «amazonas», mujeres poderosas que no presentasen esa fragilidad, tan propia del ser humano en muchos momentos. Para Beauvoir, el valor de la mujer se manifestaría con una vida de trabajo equiparada a los hombres, sin embargo, la maternidad era un lastre.
Quiero aplaudir a todas esas madres, mujeres valientes, que arriesgan su comodidad del momento por saber que el futuro, con su hijo a su lado, será mejor.
* Ondina Vélez Fraga es madre, médico, profesora de la Universidad CEU San Pablo y secretaria académica del Instituto CEU de Estudios de la Familia.