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Javier López*

Ni la guerra ni la crisis: lo que más temen los españoles no tiene que ver con lo material

El catedrático de Psicología Javier López señala la contradicción entre la desprotección legal de la familia y la importancia que tiene para los ciudadanos. «Si la familia es lo más querido, también debería ser lo más cuidado. Sin embargo, no es así», apunta

La soledad y la muerte de un ser querido son los mayores miedos de los españoles

La soledad y la muerte de un ser querido son los mayores miedos de los españolesGetty Images / iStock

En tiempos de incertidumbre colectiva, cuando las noticias hablan de crisis, guerras o deterioro político y social, conviene detenerse y mirar con atención qué es lo que realmente sostiene a una sociedad. Un reciente estudio sobre los temores en la España actual ofrece una respuesta tan sencilla como profunda: lo que más tememos perder es, precisamente, aquello que más amamos. Y eso tiene un nombre claro: la familia.

Los datos son reveladores. Entre todas las preocupaciones planteadas a los ciudadanos, el mayor miedo de los españoles no es la guerra, ni la crisis económica, ni siquiera la propia muerte. Es perder a un familiar cercano. Casi la mitad de la población –un 48,3%– sitúa este temor en el nivel máximo (10 sobre 10), convirtiéndolo en el miedo más intenso de todos los analizados.

Este dato, lejos de ser una simple estadística, encierra una verdad antropológica profunda. El corazón humano revela lo que ama a través de lo que teme perder. Así, si lo que más nos inquieta es la desaparición de un ser querido, eso significa que el vínculo familiar continúa siendo el núcleo afectivo más fuerte de nuestra vida.

En una sociedad frecuentemente descrita como individualista o fragmentada, esta constatación rompe muchos tópicos. Frente a la imagen de ciudadanos centrados únicamente en lo material o en la autorrealización personal, emerge una realidad distinta: los españoles siguen siendo, en lo esencial, seres relacionales. Necesitan amar y ser amados, pertenecer, tener raíces. Y esas raíces siguen estando, en gran medida, en la familia.

Los españoles siguen siendo, en lo esencial, seres relacionales. Necesitan amar y ser amados, pertenecer, tener raíces. Y esas raíces siguen estando en la familia

Este mismo estudio muestra otros temores que orbitan en torno a esa realidad afectiva. El miedo a la soledad, por ejemplo, o el temor a no tener a alguien a quien amar, ocupan también lugares destacados en la preocupación ciudadana. No se trata de temores aislados, sino de manifestaciones distintas de una misma necesidad: la del vínculo humano estable, fiel y significativo.

La familia, por tanto, no es solo una institución jurídica o una construcción cultural. Es, ante todo, un espacio vital donde se aprende a querer y a ser querido, donde se experimenta el cuidado, la protección y la pertenencia. Allí donde fallan otras estructuras sociales, la familia sigue funcionando como lo más valioso.

Resulta especialmente significativo que, en un contexto donde un 89,8% de los encuestados percibe un aumento de los conflictos sociales (violencia, polarización, enfrentamientos), el mayor temor siga siendo íntimo y personal. No tememos tanto lo que ocurre «fuera», como aquello que puede quebrar nuestro mundo interior: la pérdida de quienes nos sostienen emocionalmente.

Este dato debería invitarnos a una reflexión pública más serena y profunda. Si la familia es lo más querido, también debería ser lo más cuidado. Sin embargo, no siempre las políticas sociales, económicas o culturales parecen orientarse a fortalecer estos vínculos.

La conciliación difícil, la fragilidad de las relaciones, la soledad creciente o el envejecimiento sin acompañamiento son síntomas de una sociedad que no siempre protege aquello que sus ciudadanos más valoran.

Quizá ha llegado el momento de invertir la lógica: situar a la familia en el centro, no solo del discurso, sino también de las decisiones. Porque no hay cohesión social sin vínculos personales sólidos, ni bienestar verdadero sin relaciones que perduren.

En definitiva, el mayor miedo de los españoles nos ofrece también una brújula. Allí donde está nuestro temor más profundo, está también nuestro mayor tesoro. Y en España, hoy, ese tesoro sigue teniendo rostro humano, nombre propio y apellido familiar.

* Javier López es catedrático del departamento de Psicología de la Facultad de Medicina de la Universidad San Pablo-CEU y colaborador del Instituto CEU de Estudios de la Familia.

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