Soy magistrada y una madre acudió a mi juzgado para denunciar a dos exhibicionistas. Pero, ¿y en la playa?
Dos ancianos que tomaban el sol desnudos en su balcón delante de niños fueron denunciados por una madre y condenados. Pero la magistrada Miriam García se pregunta qué ocurre en las playas y piscinas ante la impasividad de los padres
«No nos escandaliza que un anuncio hable de relaciones sexuales violentas» alerta la magistrada Miriam García.
María, harta de lo que sus hijas tenían que ver todos los días cada vez que volvían del colegio, decidió acudir al juzgado. Ana e Isabel son dos niñas de 8 y 10 años. Cuando llega la temporada estival, de regreso a casa tienen que ver a Bernabé y Enriqueta semidesnudos en su balcón. Este matrimonio tiene por costumbre salir al mirador de su dormitorio como Dios los ha traído al mundo, para, una vez sentados en sus hamacas, disfrutar de la lectura de un libro.
El artículo 185 de nuestro Código Penal castiga con pena de prisión o pena de multa a quien realice actos de exhibición obscena ante menores. Lo que el Código Penal está intentando proteger, en palabras de nuestro Tribunal Supremo, es la «indemnidad sexual de los menores» (Sentencia del Tribunal Supremo de 5 de febrero de 2025). Para que todos nos enteremos, el Código Penal está protegiendo la inocencia de nuestros hijos.
Bernabé y Enriqueta han sido condenados. Ambos han reconocido los hechos, aunque se excusan diciendo que lo que ellos hacen en el balcón de su casa lo hacen miles de personas en las playas de nuestro país.
–Como aquí no hay playa, Señoría, salimos al balcón– me dijo Enriqueta.
Sus palabras me dieron qué pensar.
Ha llegado el verano y comienza el tiempo de ocio y tiempo libre de nuestros hijos. La mayoría tendrá más tiempo para ver la tele, ir a la piscina y pasar más tiempo con sus amigos.
La ley es igual para todos o eso al menos estudié en la facultad de Derecho. Y por ser igual debería aplicarse igual en todos los ámbitos. Sin duda, Bernabé y Enriqueta causaron un gran escándalo en el pueblo donde viven. Ella únicamente se tapaba de manera tímida su vagina y él salía al balcón totalmente desnudo. Lo que determinó que María acudiera al juzgado fue evitar que sus hijas pudieran ver semejante escena.
Vamos a trasladarnos a la playa o a la piscina de cualquier localidad. En ellas es muy fácil observar a más Enriquetas y más Bernabés. ¿Cuál es la diferencia entonces? ¿Por qué toda esa gente que a la vista de menores deambula por la playa y por la piscina semidesnuda no es detenida y puesta a disposición judicial para, después de cumplirse los trámites procesales, ser condenada como Bernabé y Enriqueta?
¿Es posible que nuestra sociedad hace años asumiera que el progreso está relacionado con ir en tetas por la playa o por la piscina? Más aún: ¿es posible que asumiéramos que la liberación de la mujer pasaba por eso de pasearnos por las playas y las piscinas semidesnudas, a la vista de los niños?
¿Es posible que nuestra sociedad hace años asumiera que el progreso está relacionado con ir en tetas por la playa? ¿Que la liberación de la mujer pasaba por pasearnos por las playas y las piscinas semidesnudas, a la vista de los niños?
Me resulta llamativo cómo mezclamos el mundo adulto con el mundo infantil cuando nos conviene. Nuestro legislador, muy preocupado por los menores, ha aprobado muchas leyes que procuran protegerlos resguardando su inocencia. Esto es algo que entendemos muy bien en los escenarios en los que un menor sufre violencia física.
Sin embargo, en los anuncios que jalonan los tiempos muertos de un concurso televisivo, de una serie o de una película programada en horario abierto a todos los públicos, o incluso en los paseos marítimos, es muy fácil contemplar escenas obscenas que atentan directamente contra la inocencia de los niños, causando en sus cabezas una gran violencia psíquica y una enorme confusión.
¿No será que nuestras hijas sufren trastornos alimenticios y baja autoestima después de compararse con estas señoras? ¿Tal vez nuestros hijos perciban a las mujeres como un trozo de carne porque las imágenes de cuerpos desnudos se graban a fuego, contra su voluntad, en sus vulnerables cabezas?
Resulta fácil manifestarnos contra la violencia infantil. Nos imaginamos a niños maltratados y ello, como es lógico, nos repugna. Sin embargo, existe otro tipo de violencia que está en todo momento a nuestro alrededor: en los anuncios, series, eslóganes, escaparates, playas, piscinas, etc.
Esa violencia que afecta a todos los niños no levanta en nosotros ningún resquemor ni ninguna protesta. Y es que nos hemos acostumbrado, lo hemos integrado como parte de la vida de la infancia.
Ya nadie se escandaliza porque al lado de nuestros hijos que juegan en la playa veamos a un grupo de chicas o chicos semidesnudos, ni porque el anuncio que se introduce durante la emisión de La ruleta de la suerte hable de relaciones sexuales violentas. Todo esto no nos inquieta, no nos escandaliza y no nos remueve. Lo asumimos como algo normal para nuestros hijos.
María, en cambio, sí ha actuado: ha acudido a la justicia para preservar la inocencia de sus hijas.
Miriam García es magistrada, madre de tres hijos y máster en orientación familiar.