La compra de souvenirs, snacks o bebidas, sin control ni planificación, supone cientos de euros para una familia
«Gastos hormiga» en verano: cómo evitar que los pequeños caprichos arruinen el presupuesto familiar
Las vacaciones traen consigo pequeños gastos que parecen insignificantes pero que, como alertan los expertos, pueden suponer cientos de euros extra al acabar el verano
Si ya decía Fernando Fernán Gómez que las bicicletas son para el verano, las vacaciones de verano son para descansar, disfrutar y crear recuerdos en familia.
Sin embargo, también son una época en la que el gasto suele dispararse sin que apenas nos demos cuenta. Más allá del coste del alojamiento o el transporte, existen numerosos desembolsos aparentemente insignificantes que, sumados, pueden terminar suponiendo varios cientos de euros extra al final del verano.
«Muchas familias se preocupan por encontrar vuelos baratos o por ahorrar en el hotel, pero olvidan vigilar los pequeños gastos diarios, que son precisamente los que más se descontrolan durante las vacaciones», explica Iñigo Peralta, CEO de Yo Pago Menos.
Helados, refrescos, botellas de agua, recuerdos para los niños, aperitivos en la carretera o actividades improvisadas forman parte de los llamados «gastos hormiga», pequeñas cantidades que parecen irrelevantes por separado pero que, acumuladas, pueden desequilibrar el presupuesto familiar.
Fijar un presupuesto antes de salir
Uno de los errores más frecuentes, según Peralta, es afrontar las vacaciones sin una previsión mínima de gasto diario.
«No hace falta convertir las vacaciones en una hoja de cálculo, pero sí establecer un límite razonable para los gastos de ocio y caprichos. Cuando no existe una cifra de referencia, tendemos a gastar sin ser realmente conscientes de cuánto llevamos acumulado», señala.
Los expertos recomiendan fijar una cantidad diaria destinada a extras y ajustarse a ella durante el viaje. Y no es necesario recurrir a complejas aplicaciones financieras. Anotar diariamente los gastos más importantes en el teléfono móvil suele ser suficiente para mantener el control.
«Cuando vemos las cifras por escrito somos mucho más conscientes de lo que estamos gastando. El simple hecho de registrar los desembolsos ayuda a reducir el consumo impulsivo», asegura.
Planificar comidas y bebidas
Otro de los consejos es planificar bien qué se va a comer cada día y dónde, incluidos los pequeños tentempiés de media mañana o de merienda. La comodidad suele salir cara, especialmente en destinos turísticos. Comprar agua, refrescos o snacks varias veces al día puede suponer una importante fuga de dinero.
«Una familia de cuatro personas puede gastar fácilmente más de cien euros durante una semana únicamente en bebidas y pequeños tentempiés adquiridos en chiringuitos o zonas turísticas», advierte Peralta.
Por ello, recomienda llevar agua, fruta o aperitivos comprados previamente en supermercados locales, reservando las consumiciones fuera para momentos concretos y no como una rutina constante.
Enseñar a los niños a gestionar su dinero
Las vacaciones también pueden convertirse en una oportunidad educativa. El experto aconseja acordar previamente con los hijos una cantidad determinada para recuerdos o pequeños caprichos.
«Cuando los niños disponen de un presupuesto cerrado para souvenirs aprenden a priorizar, comparar y tomar decisiones. Además, se reducen considerablemente los conflictos derivados de las compras impulsivas», explica.
No todo tiene que ser de pago
Además, es importante dejar margen a las actividades cotidianas que no tienen coste asociado. Porque los parques acuáticos, excursiones, visitas guiadas o actividades deportivas pueden enriquecer unas vacaciones, sí, pero también encarecerlas rápida mente, y arruinar la vuelta a casa en cuanto lleguen las facturas.
«El problema no es realizar actividades de pago, sino acumularlas sin hacer números. Muchas veces los mejores recuerdos surgen de planes sencillos como una excursión por la naturaleza, una tarde de playa o un paseo por un pueblo con encanto», afirma Peralta.
La clave, añade, está en combinar propuestas gratuitas con aquellas experiencias por las que realmente merece la pena invertir.
Aprender para las próximas vacaciones
Una vez finalizado el viaje, revisar durante unos minutos en qué se ha empleado el dinero puede resultar muy útil de cara al futuro.
«No se trata de culpabilizarse, sino de identificar dónde se producen los excesos. Cada familia tiene sus propias debilidades: algunos gastan más en restauración, otros en actividades y otros en compras. Conocer esos patrones permite planificar mejor las siguientes vacaciones», concluye.
Porque disfrutar del verano no está reñido con mantener unas finanzas saludables. Un poco de organización y sentido común pueden marcar la diferencia entre regresar con buenos recuerdos o hacerlo también con una desagradable sorpresa en la cuenta corriente.