Natalia de Santiago, autora de 'Invierte con poco'
Entrevista
Natalia de Santiago: «Hacer un presupuesto y pre-ahorrar puede cambiar tu vida y la de tu familia»
La economista y divulgadora Natalia de Santiago, madre de cinco hijos, explica para El Debate cómo y por qué llevar a cabo una herramienta tan simple como decisiva: el presupuesto familiar.
No sirve para reñir al pasado, sino para ganar visibilidad de cara al futuro, anticipar problemas, ganar en paz de espíritu y decidir a tiempo. Con criterios claros y pautas sencillas, cualquiera puede mejorar su bienestar financiero y familiar, sin apps sofisticadas ni fórmulas imposibles. Así lo explica para El Debate Natalia de Santiago, ingeniera y divulgadora financiera, madre de cinco hijos y autora de libros super ventas como Invierte con poco, Invierte en ti o Emprende en positivo.
Por su experiencia acompasando números y vida familiar, insiste en cuatro pilares: fijar el ahorro al principio, medir la vivienda con prudencia, limitar la deuda y construir un colchón de emergencia líquido.
¿Por qué insiste tanto, en sus libros, en sus artículos y en sus contenidos en redes sociales, en lo importante que es que las familias se hagan un presupuesto?
Hacer un presupuesto familiar es importante porque es una herramienta básica que te da visibilidad sobre tus finanzas para poder tener control sobre ellas, y eso te da paz de espíritu. Porque el presupuesto no es para controlar el pasado y reñirte por ello –«dije que iba a gastar 100 y gasté 120»–, sino para planificar el futuro. Lógicamente, usas los datos de antes como referencia, igual que miras tu actividad física pasada para decidir cuánto entrenarás. Pero el objetivo no es decir «el mes pasado lo hiciste fatal», sino prever. Y como la conducta cambia poco, si hasta ahora gastabas X, lo normal es que el mes siguiente se parezca.
Pero hay muchas personas que temen hacerlo porque les cuesta llegar a fin de mes...
Es que el presupuesto familiar facilita llegar a fin de mes y detecta gastos innecesarios o duplicados (como, por ejemplo, estar pagando dos seguros del hogar porque hay uno asociado a la hipoteca, suscripciones olvidadas, etc.). Sirve como herramienta de control, pero sobre todo ayuda a planificar y te permite decidir con antelación. Y en finanzas, el tiempo es dinero: cuanto antes tomas decisiones, menos te cuesta o más ganas. Además, da visibilidad a futuro, y eso es paz de espíritu. Y te da flexibilidad para reaccionar ante los imprevistos, sin sufrir tanto. La prevención financiera funciona como en medicina: mejor prevenir que curar.
La gran pregunta es, entonces, cómo se hace...
¿Cómo hacerlo? Mes a mes, pero a un año vista. Siempre hacia adelante: no hace falta empezar en enero: puedes hacerlo de septiembre a septiembre, de marzo a marzo, de junio a junio… Y por grandes categorías: gastos fijos (hipoteca o alquiler, seguros, recibos del colegio, contratos con tarifas fijas de teléfono o internet...), gastos variables (gasolina, comida, suministros de luz, agua y gas, ropa...), ocio, y ahorro e inversión. Con la mayor precisión posible, sin cajones de sastre.
Ese «Otros» eterno…
Claro, porque ese «Otros/Varios» no informa de nada. Si es residual, como un gasto de 2 euros, vale; pero si no, conviene agrupar en grandes categorías. Así te haces una idea de por dónde entra y por dónde sale el dinero, detectas gastos duplicados y ves qué sobra o de dónde puedes recortar. Además, es importante incluir los gastos que se suelen olvidar, porque son anuales o esporádicos, pero que casi siempre oscilan en las mismas cantidades: el IBI, la declaración de la renta, los cumpleaños y regalos, etc. Y una regla sencilla: ingresos, menos ahorro, igual a gasto. O sea, márcate un objetivo de ahorro que quieres separar cuando te llegue la nómina. Después ajustas con los datos reales. Porque el presupuesto no tiene que ser perfecto; pero sí constante.
Vamos por partes, entonces. Uno de los grandes gastos es la vivienda (hipoteca o alquiler). ¿Qué porcentaje debería ocupar del total?
Todo lo relativo a vivienda –hipoteca o alquiler, el IBI, las tasas de basura, la comunidad, etc.– no debería superar un tercio de los ingresos netos. Es decir, que si ingresas 1.000 €, no deberías gastar más de unos 333 € en vivienda (todo incluido). ¿Y por qué? Porque la vivienda es el gasto menos flexible: si se lleva el 50 % y el marido o la mujer se queda sin trabajo, ya no llegas. De hecho, en algunos países está hasta regulado: en Francia, por ejemplo, no se conceden hipotecas por encima del 30 % del salario neto.
Decía antes: «ingresos menos ahorro igual gasto». Muchas familias operan al revés: ingresan, gasta, y lo que sobran tratan de ahorrarlo.
Sí, y esa es justamente la receta para no ahorrar nada. Porque los gastos son como los gases: ocupan todo el espacio que les das. La regla es: no ahorres después de gastar; gasta después de ahorrar. Programa una transferencia automática al inicio de mes con un porcentaje realista de tu salario, y mételo en una cuenta separada o remunerada. Dinero que no ves, dinero que no gastas. Y ahí no hay cantidad ideal: lo que sí es esencial es la constancia. Mejor 50 euros todos los meses que un gran esfuerzo aislado. Como en el deporte: más que una maratón un día, corre 5 km cada día.
Además de la vivienda en torno a un tercio, ¿qué otras referencias pueden orientar?
Muy importante es que las cuotas de todas tus deudas –la hipoteca, el coche, los fraccionamientos de pagos, sobre todo ahora que los jóvenes son capaces de fraccionar los pagos incluso de las hamburguesas...– deben estar por debajo del 40 % de los ingresos netos. Porque la deuda es cero flexible y el impago de las deudas es una cosa muy seria que puede acarrear penalizaciones duras, que hacen sufrir mucho. Junto a esto, otra idea útil es la capacidad de reacción.
¿Y qué es la capacidad de reacción?
Son los gastos que se pueden cortar rápido, y que te da una idea de lo flexible que tú eres ante imprevisto. Para saber calcularlo, la suma de tu ahorro, más ropa, más ocio cancelable (es decir, el que no implique una permanencias, como las suscripciones a plataformas), debería ser aproximadamente de un 25 % de tus ingresos netos. Porque esas son partidas que puedes cortar casi de un día para otro si hay un problema, como que te echen del trabajo con un ERE, mientras que los gastos fijos tardan en moverse, si es que puedes reducirlos (la hipoteca cuesta lo mismo cada mez, del colegio no puedes sacar a los niños de hoy para mañana, etc.).
Por último, aunque deba ser lo primero que movamos al llegar la nómina, hablemos del ahorro...
Para tener tranquilidad, deberías tener la capacidad de ahorrar, como mínimo, de media, un 10% de tus ingresos netos mensuales. Y digo que es de media, porque no todos los meses son iguales, ni cobramos igual: incluso cuando eres asalariado, tienes pagas extra, etc. Es decir, que si coges los ingresos netos del año, por lo menos, debes ahorrar un 10% mínimo. Y eso no es que sea lo ideal: es el mínimo para decir una persona, o una familia, tiene una salud financiera razonable.
¿Qué quiere decir para terminar esta entrevista?
Que el presupuesto familiar y el «preahorro» son dos conceptos que pueden cambiarte la vida, porque dan paz de espíritu. Y si algo se tuerce –una avería en el coche, o las gafas de los niños, por ejemplo–, puedes ajustas a tiempo: ¿qué puedo recortar? Tener el mapa delante facilita decidir.