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«Los matrimonios suelen romperse por las pequeñas cosas que se dejan de hacer» dice José María ContrerasGetty Images / iStock

Consultorio Familiar

«Llevo 12 años casado y siento que mi matrimonio ya se ha desgastado»

El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre cómo recuperar la ilusión en el matrimonio

Llevo casado 12 años y, aunque me cuesta reconocerlo, la vida se ha convertido para mí en una monotonía y en un aburrimiento enorme. Siento que mi matrimonio ya se ha desgastado y estoy pensando muy seriamente que ya no hay marcha atrás. Pero leo sus artículos y me gustaría saber que tendríamos que hacer mi mujer y yo para cambiar la dinámica de nuestro matrimonio.

Gracias por su consulta. A lo largo de los años, se han acumulado frases para justificar las separaciones y los divorcios. Así se han dicho, sucesivamente, «no puedo dejar pasar el último tren de mi vida»; «no puedo hacer comedia»; o, más recientemente, se ha popularizado que «lo que les ha ocurrido a tal o a cual que se han separado ha sido el desgaste». Es el mismo argumento que me expone usted.

El desgaste, en realidad, es no cuidar el amor.

Por lo general, la gente no se separa por grandes cosas que se hacen, sino por pequeñas cosas que se dejan de hacer. En todos los amores pasa igual.

Falta de delicadeza. No saber convivir, ni sacrificarse en la convivencia. No saber amar, no saber para qué se ha casado uno. Querer, en el fondo, vivir como soltero...

La comunicación se convierte con frecuencia en faltas de educación continuadas: voces, reproches, malos gestos, no dar explicaciones, no tener en cuenta al otro, exigir con dureza, humillar, incapacidad para pedir perdón, querer llevar razón siempre, orgullo y soberbia que salen a relucir a la menor ocasión.

A todo esto se le llama «desgaste» cuando, en el fondo, es no querer amar. Se van paliando los sentimientos positivos y se revela uno de la forma anteriormente dicha o de manera parecida.

Eso da paso a la queja continuada, a dar al otro la sensación de que no es lo que yo esperaba, o pensar que me equivoqué al casarme con mi cónyuge.

Por lo general, la gente no se separa por grandes cosas que se hacen, sino por pequeñas cosas que se dejan de hacer

El noviazgo es discernimiento para ver si es lo que me conviene, si con esa persona puedo compartir mi vida. Después, vendría, una vez casados, la entrega.

El desgaste llega mucho más pronto cuando lo hacemos al revés. Al principio del noviazgo, cuando hay sentimientos fuertes, hay entrega, y cuando los sentimientos decaen, me pondo discernir si es la persona de mi vida. Estamos a merced de los sentimientos solamente y estos pueden matar nuestra relación.

El amor no sale solo; con cierta frecuencia exige sacrificio, que no aceptamos. Prefiere uno muchas veces vivir en un ambiente rudo y desagradable, antes que «humillarse».

La comunicación no es fácil y lleva consigo algunas veces silencio ante las acusaciones que no son importantes o incluso claramente injustas. Autocontrol para no decir lo que uno no quiere.

Exige, incluso, dar la razón al otro en cosas que no tienen importancia, porque «prefiero tener paz a tener razón», como me decía un amigo.

Tener razón se pone delante como una cosa vital. Luego al cabo del tiempo nos damos cuenta que no era una cosa que mereciera la pena. Pero el daño ya está hecho.

Pedir perdón y perdonar es una cosa de dioses, pero uno prefiere tener razón y callar. No «mostrar debilidad» pidiendo perdón... cuando en realidad el que pide perdón no muestra debilidad, sino una personalidad madura.

¿En qué pienso cuando no pienso en nada? Ahí están nuestros intereses. ¿Cuántas veces aparece en nuestro pensamiento cómo mejorar la relación en esos momentos? Acordarse de fechas importantes. Preocuparse por el estado de ánimo y el cansancio del otro. Hacerle las preguntas que el otro espera y necesita que se le hagan...

No busquen culpables. Busquen soluciones. El desgaste también es no saber discutir. Y olvidar que está uno discutiendo con alguien con quien se tiene que reconciliar

No busquen ustedes culpables. Busquen soluciones.

El desgaste también es no saber discutir. Y olvidar que está uno discutiendo con alguien con quien se tiene que reconciliar. Por tanto, deberíamos discutir con el freno de mano echado, porque lo que se dice se clava en el corazón. Y esa herida no se cura con un razonamiento, sino con sentimientos positivos.

Muchas veces, la falta de control al hablar puede romper la relación.

Y lo que ve uno «clarísimo», casi nunca hay que decirlo, ni hacerlo. Muchas de las grandes barbaridades se hacen porque uno «ve clarísimo» una cosa que hiere o rompe, y luego se da cuenta que las cosas eran de otra manera.

El que primero pide perdón es el que gana.

El desgaste en el matrimonio se quita queriendo volver a amar al cónyuge, y después, empezando uno a amar sin esperar al otro, y aunque ello suponga una humillación. Cuántos matrimonios veo que se rompen porque queremos que el primer paso lo dé el otro... y al final no lo da nadie.

Cuando hay preocupación por el otro, uno ya lo está amando y, antes o después, será correspondido.

El famoso desgaste es no haberse preocupado por amar en las pequeñas cosas del día a día. Así que ahí, en las pequeñas cosas, es donde tiene también su remedio.

* José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com