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Dos adolescentes, durante sus vacaciones de verano en Villajoyosa (Alicante)

Dos adolescentes, durante sus vacaciones de verano en Villajoyosa (Alicante)Getty Images / iStockphoto

Una farmacéutica revela todo que los padres deben saber sobre la alimentación de los adolescentes en verano

La boticaria Teresa Bueno explica que aunque las vacaciones relajen los horarios y multipliquen los caprichos, no tiene por qué convertirse en una batalla en torno a la comida o el descanso

Que el verano es sinónimo de descontrol de horarios y rutinas es algo que se ve de forma especialmente clara cuando uno tiene hijos adolescentes.

Sin embargo, esa desregulación propia de las vacaciones no debería implicar ni una guerra constante, ni una laxitud excesiva o una desatención de los padres, especialmente en lo que tiene que ver con ámbitos relacionados con la salud, como la alimentación, el descanso o el consumo de ciertos productos como las bebidas energéticas.

Por eso, la farmacéutica y creadora de contenido Teresa Bueno explica para El Debate cuáles son las claves básicas que deben tener en cuenta las familias con hijos en plena adolescencia, para que las vacaciones no se les vayan de las manos (al menos, en exceso).

Ocasión para enseñar buenos hábitos

Lo primero que explica Teresa Bueno es la importancia de asumir, sin desesperarse, que «el verano cambia las rutinas: se duerme y se come más tarde, aumentan las comidas fuera de casa y aparecen con más frecuencia los helados, los refrescos o las bebidas energéticas».

Así que, «más que prohibir, los padres podemos ver que el verano puede ser una buena oportunidad para enseñar a nuestros adolescentes a tomar mejores decisiones».

Y repasa, paso a paso, algunos de los alimentos y bebidas que más peleas suelen ocasionar en las familias con hijos adolescentes durante las vacaciones.

Bebidas energéticas: mejor evitarlas

«Las bebidas energéticas contienen cafeína y otros estimulantes que pueden provocar nerviosismo, alteraciones del sueño, palpitaciones o molestias digestivas», recuerda Bueno.

Por eso, «en adolescentes no son una opción recomendable, especialmente si se consumen junto con alcohol o antes de hacer deporte. Para hidratarse, la mejor elección sigue siendo el agua», indica.

¿Helados? Sí, pero con sentido común

El consumo de helados es un clásico del verano. Sin embargo, con su falta de regulación propia de su edad, no es difícil que los adolescentes puedan llegar a abusar de ellos, especialmente los menos recomendables, de producción industrial.

Por eso, Teresa Bueno recuerda que «no es necesario convertirlos en un alimento prohibido, porque un helado ocasional puede formar parte de una alimentación saludable». La clave, sin embargo, está «en la frecuencia y en el conjunto de la dieta. Podemos alternarlos con fruta fresca, yogur natural o preparaciones caseras con fruta».

Horarios flexibles, sin perder el orden

Quizás los tiras y aflojas más tensos se produzcan por los horarios: «En verano podemos ser más relajados, pero conviene mantener cierta estructura. Porque, por ejemplo, saltarse comidas y llegar con mucha hambre a la siguiente suele favorecer elecciones menos saludables», explica.

Y da una pista que vale tanto para las vacaciones como para el resto de los momentos de descanso del año: «Un desayuno adecuado, comidas regulares y una cena no demasiado tardía ayudan también a cuidar el descanso».

Proteína: ojo a lo que ven en las redes

«Durante la adolescencia se produce un importante crecimiento y desarrollo muscular, pero eso no significa que necesiten suplementos de proteína por sistema», alerta la farmacéutica, haciéndose eco de no pocas recomendaciones y consejos de dudosa utilidad que los adolescentes reciben de las redes sociales.

Así, el consumo normal de «huevos, pescado, carne, lácteos, legumbres y frutos secos puede cubrir las necesidades de la mayoría de los adolescentes», mientras que «la proteína en polvo no sustituye una alimentación equilibrada y debe valorarse individualmente».

Un elemento al que sí prestar atención

Uno de los puntos que muchas familias no tienen demasiado en cuenta es que, justo durante la adolescencia, «el hierro es fundamental para el crecimiento, la formación de hemoglobina y el transporte de oxígeno».

Así, «las carnes, pescados, huevos, legumbres y frutos secos son buenas fuentes, y en adolescentes, especialmente en las chicas tras la llegada de la menstruación, conviene estar atentos a posibles signos de déficit como cansancio, debilidad o falta de concentración».

Eso sí, «ante la sospecha de anemia, lo adecuado es consultar con un profesional sanitario antes de suplementar».

Y concluye: «Como farmacéutica, mi recomendación para las familias este verano es sencilla: menos prohibiciones y más educación nutricional. El objetivo no es que nuestros adolescentes coman perfecto, sino que aprendan a elegir, a hidratarse correctamente y a entender que cuidar su alimentación también es cuidar su salud presente y futura».

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